Jimin y su madre se habían mudado tantas veces que el
chico casi, casi había perdido la cuenta. Empezando por un barrio discreto de
Busan hasta su apartamento actual en la gran metrópolis de Seúl. Cuando eso
pasaba, tener clase inmediatamente el día siguiente de la mudanza podía ser una
bendición o una tortura. Por una parte, podría conocer a sus compañeros de
clase en un lapso de tiempo suficientemente corto como para no tener que
tirarse de los pelos por el aburrimiento de no tener ni un solo amigo. Por otra
parte, después del largo viaje de una punta del país a otra —porque su madre,
por alguna razón, era incapaz de escoger una casa dos pueblos más allá— y del
ajetreo de cargar con todas sus pertenencias, estaba seguro de que caería en
redondo a mitad de la primera lección.
Al
principio, ser «el chico nuevo» le daba pánico. Jimin, aunque no lo pudiera
parecer a simple vista, era un joven bastante vergonzoso e inseguro, y
exponerse de esa manera a tanta gente lo mortificaba. Después de cuatro o cinco
veces le empezó a dar igual. Por eso, cuando el que sería su tutor durante su
último curso de secundaria lo invitó a pasar al aula, no hizo más que suspirar.
Eso sí, sabía cómo comportarse: esbozó una de sus mejores sonrisas antes de
girarse hacia los que serían sus compañeros durante ese año.
—Soy
Park Jimin y vengo de Mokpo —Y de Daejeon, y de Iksan, y de Changwon…—,
encantado de conoceros.
Dio
un barrido rápido a los chicos y chicas sentados en los pupitres, algunos cuchicheando
entre ellos. Jimin se hubiera sentido ofendido si no fuera porque,
probablemente, hablaban sobre lo naranja que era su pelo. Los profesores
también se habían sorprendido al verle, pero nadie le había dicho nada, por
suerte. Su madre se quejaba continuamente de su mal gusto en tintes, pero el
chico, joven e impulsivo, la ignoraba como buen adolescente.
No sabía por qué, pero se sintió
decepcionado casi al instante. Era la primera vez que vivía en la capital y se
había formado unas expectativas, pero los chicos y chicas de la gran ciudad no
eran nada del otro jueves. Reprimiendo un suspiro, empezó a caminar hacia el
asiento que le indicó el profesor, cerca del final del aula. Sonrió a un par de
chicas que lo observaban al pasar y se sentó mientras el tutor les indicaba que
abrieran los libros de historia por una página en concreto. Aunque Jimin
hubiera preferido empezar las clases al inicio del curso —se hubiera ahorrado
la presentación reglamentaria, probablemente—, diversos problemas en la mudanza
lo hicieron retrasarse un par de días. Eso había puesto un poco nerviosa a su
madre, que hacía ver esos dos días de instituto perdidos como una catástrofe.
Así era su madre, espontánea y dramática, cualidades que había heredado de ella
sin lugar a dudas y que eran la causa de sus vidas nómadas. A la mujer no le
gustaba quedarse en un mismo sitio durante demasiado tiempo —dos años había
sido su récord, en un pequeño pueblo perdido de la mano de Dios—, y a Jimin,
por costumbre, tampoco. Esperaba al menos poder aguantar todo el curso escolar
allí. Era su último año de instituto, y aunque no aspiraba a ninguna de las
mejores universidades del país, sí que tenía intenciones de terminar tercero
con una buena media y, quién sabe, tal vez seguir sus estudios en alguna
universidad discreta y agradable. Tampoco tenía muy claro lo que quería
estudiar. ¿Literatura, quizás? Jimin no tenía demasiadas aficiones, pero le
gustaba leer.
Estaba
perdido en sus pensamientos, rebuscando en la mochila para encontrar su libro
de texto, cuando notó un escalofrío recorrerle la columna vertebral. Se sentía
observado. Notaba una mirada sobre él tan intensa que, por un momento, pensó
que le perforaría la nuca. Se giró y cruzó miradas con un chico en el que no se
había fijado cuando había dado un repaso general a sus compañeros de clase. Sus
ojos, casi felinos, contrastaban con los labios gruesos arqueados en una mueca
de aburrimiento. Lo miraba con la barbilla apoyada en una mano, con una mirada
demasiado oscura e intensa para el posado que mantenía. Jimin quedó hechizado
por esa mirada durante unos segundos antes de volver a mirar al frente.
Cuando
volvió a girarse, de manera mucho más discreta y después de haber dejado pasar
prudentemente unos cuantos minutos, el chico estaba concentrado en la lección
de historia.
¿Qué
había sido eso?
Cuando,
finalmente, sonó el timbre que indicaba el inicio del descanso, Jimin no fue lo
suficientemente rápido. Unas manos de apoyaron en su mesa y, al alzar la
mirada, se encontró con una maraña de pelo castaño y los ojos oscuros de antes.
—Hey
—saludó el chico, con un tono mucho más animado de lo que Jimin se hubiera
esperado—. Supongo que no conoces a nadie, ¿quieres venir a comer con nosotros?
Después
del intenso encuentro de miradas de aquella mañana, Jimin no se habría
sorprendido si el chico le hubiera jurado sufrimiento eterno durante lo que le
restaba de curso, pero se equivocaba. Tardó unos segundos en reaccionar.
—Eh
—dijo, muy elocuente—. ¿Sí?
El
castaño sonrió, complacido con su respuesta.
—Me
llamo Taehyung, por cierto. Kim Taehyung —Inexplicablemente, a Jimin le sonó a
nombre equivalente a «desastre». Tenía la certeza que, contra todo pronóstico,
no tendría tiempo de aburrirse con ese chico.
Jimin
volvió a presentarse antes de coger sus cosas y salir del aula junto a
Taehyung. Aunque lo había invitado a comer con «nosotros», no tenía ni idea de
a quién más se refería, porque no hablaron con ninguno de los compañeros que
salían de la clase en ese mismo momento.
Mientras
recorrían los pasillos, Jimin no podía evitar pensar en la suerte que había
tenido. Normalmente no le era muy difícil hacer amigos en cuanto llegaba a un
nuevo instituto, pero era la primera vez que lo invitaban de manera tan
abierta. Tal vez Taehyung no tenía buena relación con el resto de compañeros y
había visto en Jimin un posible amigo, o simplemente le había dado pena por ser
el nuevo y tener el pelo teñido de color calabaza. Ambas opciones eran
factibles. Miró de reojo a Taehyung. No entendía por qué lo había sorprendido
tanto antes, al inicio de la clase. El chico no tenía presencia en absoluto.
Estaba seguro de que, si se hubieran cruzado antes de conocerse, Jimin ni
siquiera se hubiera fijado en él, como había pasado justo al llegar al aula.
En
cuanto hubieron salido del edificio, Taehyung aligeró el paso. Jimin no
entendió la prisa repentina de su compañero, pero no dijo nada. Llegaron hasta
una zona recóndita tras la escuela, llena de césped y árboles. Jimin vio un
chico tumbado bajo la sombra de un árbol, aparentemente dormido. Taehyung fue
directamente hacia él, y le propinó un golpe en las costillas con el pie, a lo
que el otro reaccionó con un gruñido.
—¿Te
has saltado la tercera hora? —preguntó Taehyung a modo de saludo. El otro chico
contestó sin abrir los ojos.
—No.
Bueno, sí.
—¿En
el tercer día de clase?
—No
hablaré sin la presencia de mi abogado.
—Si
tu abogado es Seokjin, lo tienes claro —dijo Taehyung, arqueando una ceja,
mientras observaba cómo el otro chico se incorporaba.
—No,
no, Seokjin no puede ser el abogado, porque… —El chico, después de bostezar, se
fijó en Jimin. Calló de golpe y se lo quedó mirando muy fijamente, como si su
presencia lo hubiera sobresaltado.
—Jungkook,
este es Jimin. Es nuevo —explicó Taehyung como si nada—. Jimin, este gandul de
aquí es Jungkook.
—Hola
—saludó Jimin, sin saber muy bien qué otra cosa decir. Pasaron dos segundos
antes de que Jungkook saliera de su estupor y sonriera, mostrando un semblante
juvenil y dulce.
—Encantado.
Estuvieron
hablando un rato. Taehyung explicó que Jungkook era dos años menor —por lo que
cursaba primero—, y que su misión en la vida era vigilar que «al pequeñín» no
le pasara nada malo y que nadie se metiera con él, a lo que Jungkook respondió
con un manotazo en el brazo y una mueca de disconformidad. Después estuvieron
hablando un poco sobre la mudanza de Jimin y su vida en Mokpo, aunque el chico
no tenía mucho que explicar, porque no había pasado más un mes allí. Se lo
había tomado como unas vacaciones entre un curso escolar y otro, ya que Mokpo
era una ciudad costera. Taehyung se quejó de que nunca había ido y que le
gustaría viajar más, mientras Jungkook asentía con la cabeza. El menor no decía
mucho, pero, de vez en cuando, Jimin lo pillaba mirándolo fijamente, casi estudiándolo.
Por un momento, sintió la misma sensación que lo había invadido horas atrás,
justo cuando se había percatado de la presencia de Taehyung por primera vez en
clase. Intentó no pensar mucho en ello. Al fin y al cabo, era el nuevo.
Minutos
después, Jimin escuchó ruido proveniente de la verja que delimitaba los
dominios del colegio. Se giró y vio a un chico trepar la valla e intentar
saltarla, a pesar de llevar una gran mochila azul a la espalda. No llevaba el
uniforme del instituto —pantalones grises y jersey blanco con detalles azules y
rojos—, así que no debía tratarse de un alumno. Jimin echó una mirada
inquisitiva a los otros dos chicos, que miraban hacia la verja con expresiones
entre la diversión y la vergüenza.
—Se
va a hacer daño —comentó Jungkook.
—Probablemente
—Se miraron antes de rodar los ojos y levantarse. Jimin, sin enterarse mucho
del asunto, los imitó y los siguió hasta la valla, donde el chico había
conseguido llegar hasta la cima y se debatía entre saltar o descender con
cuidado—. Hoseok, ¿no podrías entrar por la puerta principal como una persona
normal?
El
chico —Hoseok— bufó, sin mirarlos. Tenía el pelo castaño y un poco húmedo, como
si le hubiera caído una llovizna encima, y el flequillo le cubría la frente de
una cara más bien alargada.
—No,
porque la última vez un profesor me vio y me empezó a interrogar. Aunque a la
próxima lo haré, porque ya sabéis lo que me cuesta moverme por tierra fir… —Al
igual que Jungkook, calló en cuanto se fijó en Jimin. De hecho, debió pillarlo
muy por sorpresa, porque perdió el equilibrio y Taehyung y Jungkook tuvieron
que cazarlo al vuelo. Lo increíble fue que no pareció que les costara nada,
como si hicieran eso todos los días.
—Esto…
—empezó Jimin, de nuevo sin palabras—. ¿Estáis bien?
—Sí,
sí, no pasa nada —se apresuró a decir Taehyung—. Hoseok es un poco torpe, pero
se empeña en hacerse el héroe. Hoseok, este es Jimin, es nuevo.
Hoseok,
en cuanto tuvo los pies en tierra firme, se quedó mirando muy fijamente a
Jimin. De verdad, el chico apreciaba la atención, pero lo estaba empezando a
agobiar. ¿Tenía algo extraño en la cara? Estuvo a punto de preguntar en cuanto
Hoseok volvió a hablar.
—Tienes
un pelo muy naranja.
Jimin
no se esperaba ese comentario, aunque tendría que habérselo imaginado.
—…
¿gracias?
—De
nada —respondió el chico, con la sonrisa más amplia que Jimin había visto en la
vida. Hoseok le cayó bien desde ese momento, a pesar del interrogatorio que
vino después.
Al
contrario que Taehyung, que se había limitado a hacer preguntas generales, y
Jungkook, que apenas había abierto la boca, Hoseok era como una radio encendida
y sin pausa. Hablaba más que los otros tres juntos, y Jimin estaba convencido
de que no necesitaba respirar siquiera. Solo hacía pausas de vez en cuando para
pegar un sorbo a una botella de agua que tenía en la mochila. De hecho, cuando
la abrió, Jimin vio que tenía varias botellas. ¿Tanta sed pasaba?
En
cuanto Hoseok hubo acabado de preguntar por sus primeros años de primaria
—pasados al este del país—, Taehyung decidió desviar un poco la conversación. Jimin
dio las gracias a los dioses, hablar de sí mismo lo agotaba.
—Hoseok,
me muero de hambre —se quejó. Eso hizo reaccionar al recién llegado, porque
soltó un «¡Es verdad, que se me olvida!», y sacó de la mochila un par de
fiambreras. Jungkook y Taehyung cogieron una cada uno.
Jimin
se los quedó mirando con curiosidad. Era comida casera, sin duda alguna.
Taehyung debió notar la confusión del chico, porque procedió a explicar
mientras abría su almuerzo.
—Lo
ha preparado nuestra madre —dijo, como si nada. Jimin frunció el ceño.
—¿Sois
hermanos?
—Algo
así —dijo Jungkook.
—Hermanastros
—añadió Hoseok—. Más o menos.
¿Más
o menos? Jimin no sabía muy bien de qué iba aquello, pero supuso que se trataba
de una situación complicada. Los acababa de conocer, así que tampoco quería
atosigarles con preguntas demasiado personales.
—Entonces,
¿vivís juntos? —Los tres chicos asintieron—. Debe ser divertido.
—¿No
tienes hermanos? —preguntó Hoseok. Jimin negó.
—No,
siempre hemos sido mi madre y yo.
—¿Y
tu padre? —preguntó Taehyung, ganándose un codazo en las costillas de Jungkook,
que lo miró con cara de «¡No seas metomentodo!». Jimin le restó importancia con
un encogimiento de hombros.
—Se fue poco después de que yo naciera —Los tres chicos lo miraron con una expresión
incómoda, pero Jimin negó, sonriendo—. No, no. No lo llegué a conocer, así que
no lo echo de menos. Con mi madre siempre nos hemos apañado bien, aunque seamos
incapaces de asentarnos en un mismo sitio durante demasiado tiempo.
—Ya…
—Murmuró Taehyung, antes de llevarse un poco de arroz a la boca.
—¿Tú
no comes, hyung? —Jimin tardó un poco
en darse cuenta de que Jungkook le hablaba a él.
—Pues…
—Quiso darse de golpes contra el árbol más cercano. Con los nervios del primer
día y de tener nuevos amigos, se había dejado el almuerzo en clase.
—Toma
—Hoseok rebuscó en la mochila y le tendió una tercera fiambrera. Jimin la miró
sin atreverse a cogerla—. No te preocupes, es comida extra, por si Kookie se
queda con hambre, que lo creas o no pasa a menudo. Yo ya he comido.
Jimin
miró a Jungkook, sintiéndose culpable, pero el chico le indicó con la cabeza
que aceptara la comida. Jimin se lo pensó un poco, pero notó cómo se le
revolvía el estómago del hambre, así que dio las gracias y tomó la fiambrera.
Además, Jungkook ya estaba comiendo la ración más grande que había visto en su
vida —el recipiente de su almuerzo era casi el doble de grande que el de los
otros dos. Jimin no acababa de entender cómo podía caber todo eso, además de
todas las botellas de agua, dentro de una sola mochila—, así que supuso que no
dejaría al chico desnutrido.
Estuvieron
charlando hasta que fue hora de volver a clase de nuevo. Hoseok, como Jimin ya
se había esperado, resultó ser un chico muy agradable, aunque con sobrecarga de
energía. También tenía una manía extraña de mojarse la cabeza de vez en cuando,
como si tuviera mucho calor, pero Jimin lo dejó pasar. Había encontrado gente
más rara durante toda su vida.
Jungkook
también se animó a hablar más, poco a poco. Estaba claro que los tres chicos se
llevaban muy bien. Taehyung parecía tener una extraña fijación con Jungkook,
que el chico respondía con muecas y bromas mientras Hoseok los miraba riendo.
Jimin conocía situaciones de hermanastros que se llevaban como los rayos, pero
no parecía ser el caso de esos chicos. Pensó en que, con un poco de suerte,
algún día llegarían a ser suficientemente cercanos como para conocer toda la
historia familiar que tenían detrás. Los tres chicos no se parecían nada entre
sí, ni físicamente ni en la manera de ser, por lo menos a primera vista. ¿Tal
vez su madre había tenido hijos con tres hombres distintos? Tenía mucha, mucha
curiosidad.
Se
despidieron de Hoseok —que decidió salir por la puerta principal y evitar una
posible fractura de cráneo con un segundo intento de escalada— y de Jungkook
—que se fue hacia el pasillo de primero— y fueron hacia clase. Aunque Jimin
estaba un poco cansado, estaba contento. Había hecho tres amigos, y uno de
ellos era un compañero de clase. Tal vez se adaptaría a Seúl mucho más
rápidamente de lo que pensaba.
El
último timbre del día sonó a gloria en los oídos de Jimin. ¡Primer día de clase
superado!
En
cuanto hubo recogido las cosas, se giró para preguntarle a Taehyung la zona en
la que vivía. Tal vez podían volver juntos. Sin embargo, el chico había
desaparecido. Jimin se sorprendió y no pudo evitar sentirse un poco molesto. Ni
siquiera se había despedido, aunque tal vez le había surgido un imprevisto y
había tenido que irse corriendo. Decidió no darle importancia.
Le
dio un poco de pena salir solo de la escuela, pero intentó ser positivo. Había
hecho amigos. ¿Lo invitarían a comer con ellos otra vez al día siguiente?
Vigilaría de no olvidarse el almuerzo, no sabía si Hoseok tendría una fiambrera
extra de nuevo. Cuando se dio cuenta de sus pensamientos no pudo evitar esbozar
una sonrisa. Era como si los conociera de toda la vida.
No
vivía muy lejos de la escuela, así que decidió no coger el autobús y caminar un
poco para estirar las piernas y aprenderse un poco mejor el barrio. Era una
zona residencial, de casas bajas y comercio muy pueblerino. A Jimin le había
dado un poco de miedo acabar viviendo en un rascacielos del centro de la metrópolis
—no es que le horrorizara la idea, pero no estaba acostumbrado—, pero su madre
había encontrado un complejo de apartamentos pequeño y acogedor, perfecto para
dos personas.
A
un par de calles de su nuevo hogar, encontró un parque con columpios y caja de
arena. Había un par de niños jugando a un rincón, riendo a carcajada limpia, y
eso alegró a Jimin. Cada vez le gustaba más ese barrio. Entonces, se percató de
otro par de niños que estaban cerca de él, con las miradas hacia el suelo y
cuchicheando.
—¿Está
muerto?
—No,
se mueve un poco.
—¿Qué
le pasa?
—No
sé, tal vez tiene un ala rota…
Las
que debían ser sus madres los llamaron desde la otra punta del parque, a lo que
los niños, echando una última mirada hacia atrás, echaron a correr hacia ellas.
Jimin, extrañado, fue hacia el punto donde habían estado los dos niños segundos
antes, y entendió la conversación de los pequeños: allí, tendido en la hierba,
había un pajarito, claramente herido. A Jimin se le encogió el corazón.
Se
acercó hacia el animal y se arrodilló a su lado. Estaba claro que, si nadie
hacía nada, el pobre pájaro no arrancaría nunca más el vuelo. Se lo pensó un
rato y comprobó que los niños y sus madres se hubieran ido. Por suerte, estaba
solo. Perfecto.
Cuando
se hubo asegurado por enésima vez que no había nadie por los alrededores,
colocó una mano sobre el pájaro y cerró los ojos. Pensó, por un momento, que
había perdido la práctica, pero poco después notó la energía brotar desde cada
rincón de su cuerpo hasta su mano derecha. No le hizo falta abrir los ojos para
saber que, en esos momentos, la palma de su mano proyectaba una luz
blanquecina, envolviendo al animal en una aureola etérea. Pasados unos minutos
que parecieron horas, notó un aleteo rozarle la mano. Abrió los ojos en el mismo
instante en que el pájaro echaba a volar, recuperado. Jimin lo vio alejarse con
una sonrisa.
—¿Jimin?
La
voz detrás de él lo sorprendió tanto que pensó que el corazón iba a salírsele
del pecho. Se giró y vio a Taehyung mirarle muy seriamente.
Jimin
no sabía qué hacer o decir. ¿Habría visto algo? Estaba seguro de que no estaba
ahí momentos antes, pero no era consciente de lo que había tardado en tratar al
pájaro herido. ¿Tal vez había estado en trance más tiempo del que había
pensado? ¿Qué le diría a Taehyung?
Una
voz en su cabeza le gritó que saliera de esa situación como fuera, así que
decidió hacer como si nada.
—Hey,
Taehyung. ¿Qué haces aquí? ¿Vives por esta zona?
—Jimin,
¿qué acabas de hacer con ese pájaro?
Estaba
claro que había visto algo. «Mierda, mierda, mierda», pensó Jimin.
—¿Qué
acabo de hacer de qué? No he hecho nada. Pensaba que estaba herido, pero poco
después de acercarme se ha ido. Una pena, le podría haber hecho una foto, era
muy bonito… —A Jimin no se le daba nada bien fingir, eso lo tenía claro, pero
no podía contarle la verdad de ninguna manera. A nadie. Menos a un chico que
acababa de conocer. ¿Y si lo encerraban, o peor, lo metían en un hospital para
investigarlo? Jimin había sopesado miles de escenarios en su cabeza año tras
año, cada vez que pensaba en ser descubierto.
—Jimin,
no…
Jimin
no quería escuchar lo que Taehyung tenía que decirle, y tampoco le hizo falta.
Un rugido ensordecedor cortó al chico a mitad de frase, y segundos después, un
lobo gigantesco apareció en medio del parque, encarándose a los dos chicos con
las fauces bien abiertas.

¡Hola!^^
ResponderEliminarPues ha estado entretenido, tengo curiosidad por saber que pasará con los demás y cómo se desarrollará la trama. Imagino que el lobo será Yoongi?! Lo que no sé es que serán los demás XD ( bueno JHope también, por lo de beber agua y el edit de la cabecera). Ánimo con el proyecto~.
Ayyy muchas gracias por leer y comentar <3
EliminarJejeje ya se verá, aunque en realidad con la cabecera es como demasiado obvio todo (?) pero bueno xD poco podíamos hacer.
Muchas gracias ;n; intentaremos hacerlo lo mejor posible.
-Nininoona
Hay deoj.. Htresdtuuuuhhhgffdeeryu ay mi kokoro.... No puedo con tanto...
ResponderEliminarY yo creia que Jimin iba a ser el raro... Ya sabes a lo que me refiero el normal entre los otros...
Hoseok de mi almaaaa!!!! <3 <3 seryujbcfyii Deoj... Casi mi meo me lo imaginé aca todo menso tratando se saltarse el cerco xDD
deoh... Estubo muy bueno el fic.
No sabes cuanto he esperado por este fic *-*
La forma de escribir... Es esa de la que te atrapa desde el momento en el que empiezas a leer *-*
Me facina muy buen trabajo el que estan haciendo las dos <3
Que tengan un bonito DiaTardeNocheMadrugada
Muchas gracias por comentar <3 sí, este fic son varias sorpresas, jejejej y esperamos que os guste mucho porque a nosotras nos hace mucha ilusión publicarlo /o/ e intentaremos ser fieles e ir publicando cada semana uvu jeje
EliminarAl igual que en Angelity el primer capitulo logro atraparme... Esperare mucho por el siguiente capitulo, espero sea pronto jaja :3
ResponderEliminarY bueno sin más que decir, se lee muy interesante jaja, ya no puedo esperar a saber que pasara después! Hay bueno muchas gracias por el capitulo y esperare al siguiente! :)
Muchas gracias Sofía. ¡Sí, en teoría iremos publicando cada semana! Ya estuvimos preparándonos para no teneros meses sin capítulos (como hicimos con Angelity OTL)
EliminarDe nuevo, muchas gracias a ti por comentar <3
Bueno, hasta que por fin puedo comentar. ¿Por qué han empezado esto el día del cumpleaños de Yoongi? Ese día estaba muy triste y mandé todo a la mierda, haha. Como sea, mis problemas no importan.
ResponderEliminarHablemos del fic. ¿Qué es esto? Al principio mientras leía no dejaba de preguntarme quién sería el protagonista a pesar de que habían escrito "Jimin" unas diez veces, haha. Es muy cuqui, lo describen de una manera... como que me lo imagino ¿muy mariqui? Hahaha, no sé por qué me imagino a mí como él; pero al final, cuando curó a ese pajarito quedé muy picada. ¿Tiene que ver con animales, como las Tokyo Mew Mew? MFÑNglnf<, no puedo de la emoción.
Casi me meo con Hoseok escalando la maya, hahaha. Eran como las 3am mientras leía esto y no pude evitar retorcerme en la cama de la risa. Muy chistoso. Así que Hoseok y el agua... Yo es que estoy muy emocionada. ¿Qué onda con Seokjin, y Jungkook, y Taehyung? Ay, es que ni me hago una idea de nada. Soy una cabeza hueca. ;;;
Yo estoy muy emocionada y quiero saber más. La historia está muy atractiva. No sé por qué me pinto que el lobo sea uno de los chicos. ¿Quizá Namjoon, Yoongi? No sé, pero estoy ansiosa y espero que este proyecto siga adelante. Aquí zasa las apoya inmensamente. ♥
Menudo comentario más caca. :(
Zasa bonita <3
EliminarNo, no tiene que ver con Tokyo Mew Mew xDDDD no sé, yo es que lo veo muy obvio pero como soy la autora debe ser por eso o3o pero me alegro que os tenga picadas jejej
Espero que te siga gustando y anímate mujer ;n; que sino te iré a morder
como es que no hBI visto esto?? por fin tengo algo para leer xD me ha encantado el comienzo y siento curiosidad de que va
ResponderEliminar¡Hola de nuevo! No sé si ya viste mi otro comentario en el otro fic de BTS, pero gracias a ti me han dado más ganas de seguir leyendo. ¡Y AQUÍ ESTAMOS!
ResponderEliminarPara empezar, me gusta por donde van los tiros este fic, es el típico del cuál siempre leería algo, o vería una peli o serie. Ya sabía yo que Taehyung tenía algo extraño, y ya cuando apareció Hoseok y dijo eso... Vamos 😂😂 Lo que si que no me esperaba era que Jimin también tuviera "poder" (?) no sé como decirlo jajaja PERO QUIERO LEER MÁS!! Cuando antes lo continuo ❤️