Namjoon iba a colapsar. Por una parte, la madre de Jimin no había aparecido
aún y, cada minuto que pasaba, era un problema más que añadirle al asunto. No
podían llamar a la policía por si la visión de Seokjin era real, pero buscarlo
ellos siete tampoco los llevaba a ningún lado. Por otra parte, tenía a Seokjin,
que parecía algo ausente, además de distante.
Era cierto que Namjoon se había acostumbrado a que fuera el hada el que
siempre buscara el contacto, el que quisiera cruzar la línea que el líder había
trazado, pero esos días llevaba tanto tiempo sumergido en su propio mundo que
Namjoon se sentía vacío. Era consciente de que era un pensamiento egoísta,
siempre evitando a Seokjin, pero cuando éste se enfrascaba en su mundo lo
echaba de menos… Sin embargo, era en esos momentos en que creía que el mundo
iba a acabar con él cuando más necesitaba la mano cálida del chico hada
acariciándole la espalda y diciéndole que todo iría bien.
Justo como en ese momento, solo necesitaba que Seokjin le dijera que
tuviera el valor de abrir la puerta y no encontrarse nada, que luego le dijera
a Jimin que su madre no había aparecido pero que la encontrarían. Porque ver el
rostro lleno de ilusión del pelirrojo y ver cómo todo se desintegraba ante las
palabras de Namjoon… Eso lo superaba.
—¿Namjoon? —la voz de
Yoongi lo sacó de su ensoñación—. ¿Abres o esperas a que el pomo te hable?
Era jueves y había huelga
de estudiantes en casi todas las universidades. Normalmente ninguno solía
faltar, pero aquel día aprovecharon para ir a investigar por la mañana. Quizá
se les escapaba algo que por la tarde no conseguían ver. El resto estaban en el
colegio y Hoseok en el trabajo. Lo habían llamado de urgencia para una reunión.
—Lo siento… Voy —Namjoon
abrió la puerta despacio, preparado por si cualquier criatura los atacaba. Pero
no sucedió nada.
No había nadie.
—No parece que haya
pasado nadie por aquí —comentó Seokjin mientras encendía la luz y observaba su
alrededor—. Todo sigue igual…
Yoongi se fue
directamente hacia las habitaciones sin decir nada. Namjoon fue hacia la
cocina. No sabía por qué, quizá para disimular su decepción, o quizá para
alejarse de Seokjin y no tener que ponerle ojos de perro abandonado cada vez
que el chico hada lo miraba.
La cocina estaba igual
como la recordaba. Nadie había movido ni una cuchara, ni un vaso, todo seguía
igual mientras una fina capa de polvo se acumulaba en las estanterías. A
Namjoon le daba pena esa situación. Jimin echaba de menos su casa, aunque
siempre intentaba sonreír, todos se daban cuenta cómo suspiraba a la hora de
irse a dormir, cómo miraba hacia atrás esperando que su madre le diera las
buenas noches. Ni siquiera Seokjin podía sustituir la figura de la señora Park.
Namjoon se quedó
observando una fotografía que había en una de las repisas de las especias.
Jimin era un niño regordete que sonreía al lado de su madre, una versión de la
señora Park más joven. ¿Cómo era tener madre? O, al menos, recordar tenerla. Él
no lo sabía, como todo el grupo, él también fue abandonado. Peor… Él fue creado.
—Namjoon —Era Seokjin—.
Yoongi dice que vayamos a la habitación de Jimin.
Asintió lentamente
intentando ordenar sus pensamientos. Tenía que borrar todo rastro de tristeza y
nostalgia, volver a ser aquel líder racional y objetivo.
—Un segundo y voy —Seokjin
lo miró con preocupación, pero no se quedó a preguntar qué le pasaba, sino que
desapareció por la puerta.
Namjoon se apoyó en la
encimera e intentó calmarse. No podía exigirle nada a Seokjin, no si él no le
daba nada a cambio, así que tenía que mantener la cabeza fría y pensar en
protegerlos a todos. Al fin y al cabo, eran su familia.
Con paso decidido fue
hacia la habitación de Jimin. Yoongi y Seokjin observaban algo que había en el
suelo sin tocarlo.
—¿Qué es? —preguntó,
acercándose—. ¿Un pétalo de rosa?
—Sí —Seokjin se agachó y
lo observó mejor—. Un pétalo de rosa que antes no estaba.
Namjoon sabía por dónde
quería ir a parar Seokjin —y suponía que Yoongi también, porque él había sido
quién los había alertado— pero le parecía muy rebuscado. Quizá, incluso
desesperado, como si buscaran a un culpable a dedo.
—Es posible que se haya
colado —empezó a decir.
—¿Con las ventanas
cerradas? —le cortó Yoongi—. Poco probable.
—¿Y si se ha caído de
algún libro? —preguntó. Pero sabía que aquello era absurdo. Si se había caído
de algún lado, significaba que alguien había estado allí—. Quizá lo movimos
nosotros la última vez.
—Fui yo el que registró
la habitación la última vez —Yoongi se cruzó de brazos—. Procuré dejarlo todo
igual y no dejar rastro por si volvían.
Namjoon no dijo nada.
Conocía las habilidades de Yoongi, su sigilo y su habilidad para pasar
desapercibido a pesar de su aura, y también lo meticuloso que había sido a la
hora de inspeccionar la habitación de Jimin, o incluso de coger los libros o
ropa de recambio que el chico les pedía, pero procurando dejar todo igual.
—Seokjin, ¿puedes…?
Él asintió, cogió el
pétalo y olió. Su fruncir de ceño lo dijo todo.
—Las hadas han estado
aquí —dijo en voz alta—. Y hace poco.
Al momento, el pétalo se
desintegró.
—Seokjin… —susurró
Namjoon intentando seleccionar las palabras adecuadas.
—Lo sé —le cortó él,
observando por la ventana el paisaje. Hacía una maravillosa mañana de mayo. El
verano se acercaba—. Tengo que volver al reino de mi padre.
Jungkook llevaba varios
minutos esperando en el césped con la comida en la mano. Aquella mañana hacía
tan buen día que habían acordado comer fuera. Además, Seokjin les había
preparado tanta comida como para saciarlos durante un mes. Bueno, a Jungkook
durante un día, más o menos, si no se cansaba mucho, pero era suficiente para
estar de buen humor.
Aunque por culpa de las
clases y exámenes se había perdido la expedición de aquella mañana, le habían
dado las notas y había aprobado todas las asignaturas, además, todo iba bien con
Taehyung, al menos exteriormente. Porque por dentro Jungkook seguía sintiendo
que el estómago se le iba a desintegrar cada vez que Taehyung lo abrazaba, y no
era porque tenía hambre, sabía reconocer esa sensación.
¿Qué le estaba pasando?
Lo sabía, al menos pensaba lo que podía ser, pero tenía miedo, muchísimo miedo
de que algo así pudiera pasar. Si hubiera sido alguien normal se hubiera reído,
pensado que eran tonterías de la edad, pero él era medio hombre lobo y sabía lo
obsesivos que podían llegar a ser. Los sentimientos para los licántropos eran
diferentes, mucho más apasionados, mucho más duraderos y, a la vez, dañinos.
—¡Jungkook! —Antes de
poder alzar la cabeza, Jimin se sentó a su lado con una sonrisa radiante. Sin
embargo, no le llegaba a los ojos. No del todo. Seguía preocupado por su madre
y era comprensible—. Taehyung ahora viene. Le ha tocado borrar toda la pizarra
por dormirse en clase.
—¿Aún sigue agotado? —preguntó
con preocupación—. Ayer le hice yo el batido y se lo bebió… Quizá siga débil y…
—No te preocupes,
Jungkook —El chico le acarició la cabeza como si fuera un perro. Jungkook le
apartó la mano, aunque estaba sonriendo—. Cualquiera se duerme en clase de
historia.
Jungkook asintió. Por un
momento pensaba que Taehyung seguía igual, que le había estado mintiendo, y eso
le había hecho encogerse hasta casi desaparecer. No se lo perdonaría jamás si
volvía a dejar de beber sangre. Se lo había prometido…
De repente, como si fuera
una de las visiones de Seokjin, Jungkook recordó algo de hacía varias semanas.
Ellos en la habitación, Taehyung se había ido y Jimin le había preguntado… No
supo por qué ese recuerdo apareció de golpe, quizá porque el cosquilleo
horrible le había vuelto al estómago.
—Jimin —dijo de golpe—.
Te odio.
El chico lo miró sorprendido.
Luego lo miró con el ceño fruncido para acabar con una mirada de dolor.
—¿Por qué? Suficiente
tengo con Yoongi —intentó bromear el chico. Al momento, Jungkook se dio cuenta
de lo brusco que había sido e intentó remediarlo.
—¡No lo malinterpretes! No
te odio de verdad, bueno, un poco, en realidad estoy frustrado por tu culpa,
pero me caes bien, hyung —Sí, Jungkook era todo un maestro hablando sobre
sentimientos, era consciente, pero al menos vio que Jimin se relajaba un poco.
¿Tanto le afectaba que
alguien lo odiara? ¿O es que Yoongi había sido cruel con él? El resto de la
casa estaban acostumbrados al odio irracional del chico, sabiendo su origen,
nadie lo culpaba, pero era cierto que con Jimin había algo diferente.
Pero no era momento de
pensar en ello. Él había descubierto su propio origen, cuando empezó todo, las
dudas, el cosquilleo, no poder mirarle a los ojos a Taehyung. Había sido culpa
de Jimin.
—No te lo tomes a mal,
hyung, pero por tu culpa todo se ha complicado… Y cuando algo se le complica a
un hombre lobo… No creo que lo entiendas, pero ahora mismo si es lo que creo
que es, las cosas pueden ir mal y tendré que abandonar el país, quizá la
tierra, un mes de retiro o algo, pero no puedo seguir así porque para un hombre
lobo es tan diferente, tan intenso… No sé si lo entiendes —Jungkook jadeaba. Lo
había dicho todo seguido, sin pararse a respirar. Jimin lo miraba sin entender.
—No, no te entiendo,
Jungkook. ¿Qué pasa? ¿Por qué te quieres ir de retiro? ¿Ha pasado algo?
Jungkook lo pensó mejor.
Qué podía decir. O mejor, cómo lo podía decir.
—Jimin… Desde aquel día
que creo que me—
—¡Lo siento! —Taehyung se
abalanzó sin darle tiempo a Jungkook a reaccionar. De repente, tenía a un
semi-vampiro medio encima, abrazándolo mientras protestaba—. ¡Me muero de
hambre y el maldito profe me ha hecho hasta limpiar la pizarra con
limpiacristales! ¡Se supone que ya pagamos a los de la limpieza! ¡Creo que me
voy a desintegrar si no como algo! —dijo el chico. De repente, se levantó y
miró a Jungkook. El hombre lobo a penas podía alzar la mirada. Le ardía la cara—.
Kookie, lo siento por hacerte esperar. Creo que acabo de escuchar tu estómago
insultarme.
Taehyung se colocó mejor
y abrió el primer plato. Una cantidad industrial de arroz. Suficiente para
alimentarlos a los tres.
Pero Jungkook no devoró
nada al instante. Tenía que
calmarse. Tenía el estómago de fiesta y el corazón le dolía. Le había dado tal
pinchazo al tener a Taehyung encima, que casi no lo contaba.
Lo peor es que el chico
ni se había dado cuenta de su reacción. Sin embargo, Jimin lo miraba con una
sonrisa tierna, como si hubiera comprendido mejor que nadie lo que le estaba
pasando.
Y eso lo aterrorizó.
Jimin estaba contento.
Demasiado. A pesar de haberse saltado la última hora para holgazanear con
Taehyung en un parque cercano, había disfrutado del sol, de la mejor compañía y
luego habían vuelto los tres. Por un momento se había olvidado que su madre no
estaba en peligro, que no eran híbridos, que eran chicos normales disfrutado de
su vida en el instituto.
Sin embargo, al volver al
apartamento, la realidad le golpeó. Y esa realidad tenía nombre. Yoongi lo
esperaba en el sofá, sentado, con uno de sus libros en las manos. Jimin evitó
sonrojarse al ver que estaba leyendo Cazadores
de Sombras, porque sabía que en un mundo donde la magia existía, aquello
parecía un cuento de hadas absurdo.
—Buenas tardes, Yoongi —saludó
Taehyung—. ¿A cuántos niños has hecho llorar hoy?
—Como no te calles, voy a
seguir con el contador —Yoongi cerró el libro y lo dejó encima de la mesa—. Hay
entreno.
Jimin dejó de sonreír al
momento.
—¿Hoy? Pero tengo que
estudiar.
—Hay entreno. Te recuerdo
que me obligan a hacerlo. Mínimo tendrías que obedecer —No dijo nada más. Jimin
se quedó allí, mirando a Taehyung y Jungkook intentando entender la situación.
—Yo no le haría esperar —le
recomendó Taehyung—. Aunque esté de buen humor, odia que lleguen tarde.
Si aquello era estar de
buen humor, Jimin necesitaba que le educaran de nuevo, porque no entendía nada.
Totalmente desanimado,
fue hacia la habitación y se cambió. Le deprimió la sensación de ver que su
ropa no tenía un lugar donde estar, allí en un hueco, todo arrugado en la
mochila que tenía para ir de excursión.
En ese instante echó
muchísimo de menos a su madre, a su vida anterior. Aunque jamás hubiera tenido
amigos, sabía que siempre estarían él y su madre, pero ya no. Le dolía volver a
casa y no escuchar su voz saludándola, o dándole un beso en la frente. ¿Qué
había sido lo último que le había dicho? ¿Le había sonreído? ¿O por lo
contrario ni la había mirado?
Si le pasaba algo, Jimin
jamás se lo perdonaría.
—Jimin, vamos —le apremió
Taehyung—. Noto el aura asesina de Yoongi desde aquí. Como no subas, es capaz
de hacer un agujero en todo el bloque y sacarte por los pelos.
—Voy —Jimin intentó sonreír,
pero solo consiguió hacer una mueca desagradable—. Si no vuelvo, venga mi
muerte.
Taehyung le dio una
palmada en la espalda, pero no sonrió. Sin embargo, Jimin agradeció que tampoco
le dijera nada.
Aquella tarde hacía un
calor terrible en la azotea donde entrenaban. Yoongi iba con una camiseta negra
de manga corta y los tejanos rasgados de siempre. Jimin, por su parte, se había
puesto los tirantes para poder sudar y que no se le pegara todo a la piel. Y
sabía que aquella tarde sería dura, porque nada más cerrar la puerta, Yoongi se
abalanzó sobre él.
No tuvo tiempo a
reaccionar. Cuando se dio cuenta, estaba intentando parar todas las patadas y
puñetazos que el otro le iba propinando. Ni siquiera había tenido tiempo para
atacar. Los golpes eran limpios y directos, cada vez mucho más fuertes. Aquello
no era un entrenamiento. Yoongi se estaba ensañando con él.
—¡Espera! —consiguió
decir entre jadeos. Yoongi no se detuvo, pero sí que aflojó el ataque—. ¡Déjame
atacar! ¡Así nunca aprenderé!
—Los enemigos no te darán
un respiro para que ataques —gruñó Yoongi. Jimin consiguió esquivar el último
puñetazo y escapar del peliverde.
Rodó lo más lejos que
pudo y se levantó, preparado para el ataque, pero Yoongi lo miraba desde la
misma posición sin moverse. Le estaba dejando dar el primer paso. Le había
hecho caso.
Algo más animado, y
también enfurecido, corrió hacia Yoongi y le intentó propinar un puñetazo, pero
éste lo esquivó con facilidad. Jimin recordaba todo lo que le había dicho:
concentración, tenía que ser calculador, ver las debilidades del enemigo, saber
su punto débil y, sobre todo, aprovechar cualquier distracción.
¿Pero qué distraía a
Yoongi? Era una máquina de matar criaturas. Nada se le escapaba. Nada ni nadie.
Intentó sujetarlo del
brazo y hacerle una llave como le había enseñado. Sin embargo, Yoongi consiguió
zafarse del agarre con tanta fuerza que Jimin acabó al otro lado de la azotea.
Cuando abrió los ojos —el golpe había sido duro— se encontró con media camiseta
desgarrada y un arañazo en medio del pecho. Yoongi lo observaba impasible.
Jimin se levantó. Aquel
trozo de tela le iba a estorbar si quería propinarle al menos un puñetazo a
Yoongi. Se lo merecía. Ni un perdón, ni un lo siento, ni siquiera le preguntaba
si estaba bien. El pecho le escocía y los brazos y piernas empezaban a
resentirse, pero no pensaba rendirse.
Se quitó la camiseta y
atacó de nuevo.
Notó el cambio al
instante. Jimin atacaba y Yoongi defendía, pero sus movimientos eran más
lentos. ¿Se estaba dejando ganar? ¿Estaba cansado por fin? Porque Jimin sentía
que iba a morir en cualquier momento de dolor.
Siguió atacando sin
compasión, intentando buscar un punto débil. Y lo encontró. Yoongi parecía no
estar vigilando su lado izquierdo. Solo miraba a la derecha y abajo. Se había
descuidado de algo.
Jimin aprovechó y propinó
una buena patada en sus costillas. Yoongi se dio cuenta, aunque demasiado
tarde, y consiguió esquivarlo por los pelos, aunque el pelirrojo se sintió
satisfecho al ver que le había dado un golpe. No obstante, también sabía que el
nivel del otro había decaído.
—No te lo estás tomando
en serio —le recriminó—. ¿Por qué has aflojado?
A pesar de que odiaba que
Yoongi fuera tan cruel con él, detestaba más que lo tratara de débil. No quería
ser una doncella en apuros para él.
Yoongi hizo una mueca
desagradable. Lo miró como si fuera un insecto aplastado para luego lanzarse
sobre él, cogerle del brazo y lanzarlo por los aires. Jimin acabó en el suelo
intentando luchar por respirar mientras que escuchaba el portazo.
Se había enfadado.
Tardó varios minutos en
poder respirar y que no se le nublara la vista. Y otros más en poder
arrastrarse hacia la sombra.
Hoseok apareció poco
después. Venía recién duchado, seguramente del trabajo, y traía una gran
botella de agua.
—Intenso, ¿verdad? —preguntó
cuando Jimin se bebió casi toda la botella de un solo trago—. Pero es el mejor
con la lucha cuerpo a cuerpo.
—Y yo parezco su saco de
boxeo favorito —Jimin se echó el resto del agua por encima. Hoseok se sentó a
su lado y sonrió—. Gracias, Hoseok.
—De nada, pequeño —dijo
mientras también le pegaba un pequeño trago a su botella—. No te lo tomes a
mal, no es personal. Yoongi odia a todo el mundo.
—A mí especialmente —Aunque
a Jimin le costara admitirlo. Porque, por alguna extraña razón, detestaba que
el chico lo odiara.
—En realidad no, solo que
la situación de Yoongi es complicada —Hoseok se quedó un buen rato callado,
intentando buscar las palabras correctas—. No soy nadie para decirte nada, supongo
que él lo hará cuando esté preparado, o tarde o temprano lo descubrirás. Pero
Yoongi no es así porque quiere. Bueno, a ver, sí, le viene la bordería de
nacimiento, pero las cosas no son tan sencillas siendo un híbrido. Por ejemplo,
Taehyung debe reprimir las ganas de morder a humanos, porque a pesar de no ser
vampiro del todo, los instintos están ahí. Jungkook es un hombre lobo, y como
todo animal, pasa su época de celo, solo que él piensa que es hambre. Namjoon,
Seokjin… incluso yo… Todos tenemos unos fantasmas con los que lidiar a diario.
Los de Yoongi son los peores, pero yo creo que tú lo estás cambiando.
—¿Porque ya no sois el
foco del odio de Yoongi? —preguntó Jimin. Aunque aquello que le había dicho
Hoseok le estaba haciendo pensar.
—No, porque creo que está
volviendo a ser un poco como antes —Hoseok se desperezó y levantó—. El día que
tu madre desapareció, él te había preparado la cama para que durmieras en
nuestra habitación.
Jimin alzó el rostro,
sorprendido.
—¿Cómo? —preguntó
incrédulo.
—Solo que no te dijo nada
porque bueno… Es muy orgulloso y espera que la gente interprete sus gestos —Hoseok
sonrió con malicia.
—¿Es por eso que está
enfadado? ¿Pero cómo voy a saber que quería que durmiera en la cama si no me lo
dice?
—Bienvenido al mundo de Yoongi.
Acabarás acostumbrándote.
—No creo que pueda —Hoseok
le dio una palmadita en la cabeza y salió por la puerta.
A solas, a pesar de que
le doliera todo el cuerpo, a pesar de estar tan agotado que quería llorar,
Jimin sonrió.
Seokjin observaba la puerta
del reino de las hadas con temor. No sabía lo que iba a encontrarse allí. ¿Y si
su padre le decía que estaba con los enemigos? ¿Y si lo retenía en el reino? ¿O
incluso lo mataba?
Miró a Namjoon con miedo.
Éste parecía igual de preocupado que él, pero intentó tranquilizarlo con una
sonrisa.
—Todo irá bien —lo
reconfortó.
Pero Seokjin sabía que
todo iba a ir mal. Siempre que salía del reino de las hadas, algo moría dentro
de él. Ese mundo lo consumía. Su familia lo hacía.
—Es un laberinto —le dijo
Seokjin de repente. Sabía que por eso podría acabar muerto, pero esa vez estaba
realmente asustado. Había esperado un día entero desde el descubrimiento del
pétalo para poder ir allí. Sentía que no estaba preparado para lo que se avecinaba.
Él solo quería vivir en paz, ser feliz con los demás chicos, ¿por qué todo se
tenía que complicar?—. Todo recto, izquierda, izquierda, derecha, recto. Pasa
la fuente, no te detengas en ella y cuando empiece el jardín de las flores de
cristal, sigue la música hasta el castillo. Si no vuelvo en dos horas, allí me
encontrarás.
—Seokjin, va a ir bien.
No te va a pasar nada.
Namjoon le estrechó entre
sus brazos. Un gesto que lo sorprendió pero que aceptó agradecido. Su líder, su
protector, a pesar de todo lo sucedido, seguía estando allí para él.
—Va, cuanto antes entres,
antes acabará todo esto —Seokjin asintió.
Echó una última mirada a
Namjoon y luego se adentró en los jardines de las hadas.
Odiaba su olor dulzón y
cítrico, odiaba su belleza etérea y detestaba que su lado sobrenatural
apareciera en cuanto pisaba los terrenos mágicos. Las orejas se le alargaban y
la piel se le teñía de un matiz verdoso.
Llegó al castillo antes
de que pudiera asimilarlo. Subió las escaleras como si se tratara de un sueño.
Poco a poco, intentando retrasar el momento de la verdad. Pero en cuanto llegó
al vestíbulo, un hada de la corte lo esperaba ya para conducirle a la sala del
trono.
Su padre estaba igual,
como seguramente llevaba estando desde hacía cientos de años, con su larga
melena y sus ojos negros y penetrantes. Seokjin hizo una leve reverencia y
esperó a que el rey de las hadas le diera permiso para hablar.
—Sé por qué has venido —dijo
con voz susurrante.
Seokjin se lo tenía que
haber imaginado. Las hadas lo sabían todo.
—Uno de los vuestros ha
estado en el apartamento del séptimo mestizo —No llamarlo Jimin fue como tragarse
un tarro de ceniza—. ¿Tenéis algo que ver?
El rey se alzó. No
parecía ofendido, ni siquiera alarmado. Seguía tan neutral y ajeno a los
problemas como siempre. Seokjin apretó los dientes.
—Esa expedición no entra
dentro de mis dominios. Mis hadas vigilan, mis hadas escuchan, pero no se
entrometen —Seokjin alzó el rostro, lo justo para ver el vaporoso vestido de su
padre ondear gracias a un viento inexistente—. Aquellas criaturas del bosque
que nos han traicionado, ya no se consideran hadas. Han sido desterrados junto
a su condición. Gente de nuestro pueblo que ha preferido antes la codicia que
la paz.
Una paz que no existía en
el mundo de las hadas. Seokjin lo conocía perfectamente.
—¿Y qué significa eso? —preguntó,
impaciente. Quería irse de allí.
El rey de las hadas se
tomó su tiempo. Cuando habló, lo hizo con aquel tono grave que solo empleaba
para anunciar malas noticias.
—Que empieza una guerra
que lo destruirá todo.

"—. El día que tu madre desapareció, él te había preparado la cama para que durmieras en nuestra habitación.
ResponderEliminarJimin alzó el rostro, sorprendido.
—¿Cómo? —preguntó incrédulo.
—Solo que no te dijo nada porque bueno… Es muy orgulloso y espera que la gente interprete sus gestos —Hoseok sonrió con malicia.
—¿Es por eso que está enfadado? ¿Pero cómo voy a saber que quería que durmiera en la cama si no me lo dice?
—Bienvenido al mundo de Yoongi. Acabarás acostumbrándote.
—No creo que pueda —Hoseok le dio una palmadita en la cabeza y salió por la puerta.
A solas, a pesar de que le doliera todo el cuerpo, a pesar de estar tan agotado que quería llorar, Jimin sonrió."
como fan de los pequeños gestos pero que te alegran la vida, es valió oro ehehehhe de veras,
Vaya!! entonces comienza la guerra, no?
Dije que iba a esperar a tener dos capitulos seguidos pero no me pude contener xD
Espero el siguiente
Wwoahhh~~
ResponderEliminarYoongi se distrajo por el cuerpo caribeño de Jimin adfjagxksbx (quién no) -espera con ansias el momento en que Yoongi ya no pueda más y confiese sus sentimientos (aunque eso lo humanice)- oye mita tú que me recuerda a Vegeta!!! Jahajajaja rancio por fuera pero x dento ahh (okya)
He agarrado la costumbre de leerlo todos los Jueves en el bus camino al instituto (y en la clase de la maestra que llega tarde orz sin Hybrida sería todo muy aburrido, gracias chicas! Las leo la siguiente semana~ (denme más Taekook, juseyo (?) me da pena Kookie porque no solo debe lidiar con sus sentimientos confundidos de adolescente, sino también con su instinto lobuno: 'c
Ash, qué vuelta, ¿dónde estará metida la mamá de jimin? ;;; que la devuelvan de una vez que me salen canas... y me van a salir canas verdes con ese namjin, ¿por qué namjoon es tan terco? la tensión entre esos dos me frustra, haha. Y ahora con el rey de las hadas, nonono, es que las hadas no me pueden agradar, no, para nada. Siempre con su secretismo y su arrogante elegancia, nonono. Y se viene la guerra y todavía no se sabe contra quién, ay, no, yo es que voy a morir, orz.
ResponderEliminarBueno... jungkook, jungkook, me da risa, hahaha. Parce, me imagino lo confundido que ha de sentirse, ah, ese sentimiento del mal. Y todo por culpa de jimin(? "¿Tanto le afectaba que alguien lo odiara?", oye, yo me pregunto eso cada capítulo, ¿tendrá eso algo que ver con algún acontecimiento pasado... o futuro? ¿O tal vez algo que respecte a yoongi? Ersh. Amo este vkook, las odio, yo no quería que me gustara esta pareja. "Jungkook es un hombre lobo, y como todo animal, pasa su época de celo, solo que él piensa que es hambre." qué carajos, jungkook, haha. Amo esta historia.
"—Yo no le haría esperar —le recomendó Taehyung—. Aunque esté de buen humor, odia que lleguen tarde." hahahahaha, "buen humor", haha, no puedo con yoongi, es que todo él me da risa(?) yo no quiero que la pase mal, no lo merece. Él... no quiero que él esté mal. HAHAHAHAHHAHAHAHHAHA, ¡se entorpeció con jimin en el entrenamiento!, ya veo, ya veo. Me gustó que jimin lea cazadores de sombras. ;;; me recuerda que ya acabé la saga y que al final del libro mencionan un "los artificio oscuros" y ash, qué rabia(?)
Bueno... perdón por estos coments sin sentido, y encima largos. Deberían bloquearme. ♥
Este cap ha sido uno de los más intensos hasta ahora ; A ;
ResponderEliminarPara empezar: T A E K O O K!!!! Es que ya está, es que ya-es-tá. Solo falta que Jungkook lo suelte de una vez y ya. Lo que me preocupa es la cosa de que al ser un hombre lobo, todo se intensifica, y Taehyung al ser un vampiro, si muerde lo marca para siempre como suyo. Entonces es tooooodo tan, tan... ABAJSHSKSHSKSJI me encanta en serio, el Taekook es simplemente perfecto.
Yoongi lo que es es un pillín 🌚 Todos sabemos por qué lo de su distracción, aunque lo que si que me parece precioso es que Jimin lo esté ayudando a cambir, aunque él no se de cuenta... Es tan, pero tan dulce de verdad...
Ay, necesito seguir leyendo... SOBRETODO AHORA QUE SE SUPONE QUE HABRÁ UNA GUERRA, ESTO QUE EEES!?!?
Nos leemos en el siguiente cap bonita 💗
"Kookie, lo siento por hacerte esperar. Creo que acabo de escuchar tu estómago insultarme" No, amigo esas son las mariposas en su estómago haciendo una guerra campal XD pobre bebé
ResponderEliminar"Buenas tardes, Yoongi —saludó Taehyung—. ¿A cuántos niños has hecho llorar hoy?" jajajajajajaja me gusta mucho la rara amistad que existe entre ese par
"Pero qué distraía a Yoongi? Era una máquina de matar criaturas. Nada se le escapaba. Nada ni nadie." Yo aquí estaba tipo 'Cómo hará para distraerlo? Es Min YoonGi o sea no puede ser tan fác..
"Se quitó la camiseta y atacó de nuevo.
Notó el cambio al instante." Nahh olvidenlo XD su cuerpazo caribeño grrr jajajaja
Y Jiminnie por favor aprende a interpretar los gestos de YoonGi y dame YoonMin del bueno, quieres? 7v7
Me asuste cuando Jin entro al reino.. Mientras él se despedía de Nam yo casi lloro =( Una guerra se avecina y yo aún no entiendo ni madres.......