SENIOR ROOM


Senior Room es un proyecto creado por nininoona y leadari, autoras de Fanfiction dentro del fandom del K-Pop o música coreana.

miércoles, 15 de junio de 2016

{Hybrida} Capítulo 15



Era la segunda vez en poco tiempo que necesitaban una reunión colectiva en el comedor, y Seokjin no estaba seguro de si la imagen de los siete chicos juntos le agradaba o lo horrorizaba. Probablemente un poco de ambas. Jimin, que ya se contaba oficialmente como uno de los habitantes del piso, los miraba a cada uno sin decir nada desde la butaca, jugueteando con el cordón de sus pantalones de chándal por los nervios.
                  —Así pues, sabemos que hay algunas hadas que han desertado y están en contra las leyes naturales de su propio pueblo —seguía explicando Seokjin, intentando no dejarse llevar por los rostros crispados de sus amigos. Las hadas no eran gente agradable, pero siempre era mejor tenerlos como jugadores neutrales que como enemigos.
                  —Y automáticamente contra nosotros —puntualizó Namjoon, de pie junto al medio hada. Taehyung, desde el sofá, soltó algo como «se han pasado al lado oscuro, como un Lord Sith», pero nadie le rio la gracia. Ni siquiera Jungkook.
                  —¿Tal vez somos nosotros los que los hemos puesto en su contra? —comentó Hoseok, pensativo—. La aparición de Jimin ha provocado varios altercados y… ¡eh!
                  Jungkook le había pegado un codazo, mandándolo a callar. Sin embargo, Jimin asintió.
                  —No, Hoseok tiene razón. En parte es por mi culpa… así que tengo que hacer algo.
                  —Tenemos —corrigió Taehyung, lanzándole una sonrisa que Jimin agradeció con una propia.
                  —En todo caso, seguimos bastante a ciegas en cuanto a pasos que seguir. Por el momento, proseguiremos la búsqueda de la señora Park —Llamarla «señora Park» en vez de «madre de Jimin» ayudaba a Namjoon a mantener la mente fría ante la situación—, y quiero que todos toméis las máximas precauciones posibles. No quiero a nadie solo en ningún momento, si podemos evitarlo.
                  —Respecto a eso… —dijo Hoseok, con cierta inseguridad—. Mañana tengo acampada con los niños del club de natación. Estaré todo el fin de semana fuera.
                  —¿Es imperativo que vayas? —cuestionó Seokjin, con calma. Hoseok se lo pensó un momento antes de asentir. El hada suspiró.
                  —Entonces llévate a alguien contigo —sugirió Namjoon, aunque sonó a orden en toda regla. Taehyung no tardó nada en levantar la mano y, con la otra, levantar la de Jungkook.
                  —¡Nosotros podemos ir! —dijo, con una sonrisa de oreja a oreja. Todos lo miraron con incerteza. Incluso Yoongi, que estaba sentado en una de las sillas de la mesa sin abrir la boca.
                  —¿Podrás, Taehyung? —preguntó Jimin, preocupado—. Últimamente no…
                  —Nimiedades —dijo el vampiro, restándole importancia al asunto con un movimiento de mano. Taehyung y sus palabras grandilocuentes.
                  —Bueno —dijo Namjoon, mirando a los demás, uno a uno. Era demasiado arriesgado para Jimin, Yoongi lo mordería si lo insinuaba siquiera, y él mismo tenía que quedarse por si sufrían cualquier emergencia. Seokjin podía ser una opción factible, pero algo le decía que enviar a Jungkook lejos de Taehyung traería más problemas que desgracias—. Está bien, podéis ir los tres juntos por si pasara algo.
                  Taehyung empezó a hacer un pequeño bailecito de la victoria mientras Jungkook seguía asimilando lo que acababa de pasar.

                  Hoseok, Taehyung y Jungkook salieron de casa temprano —demasiado temprano, temprano a niveles criminales, según el hombre lobo—, Namjoon tenía trabajo y Seokjin tenía que estudiar —a veces se les olvidaba que, entre pelea y pelea contra criaturas fantásticas, seguían siendo estudiantes y trabajadores metidos de lleno en la sociedad—, por lo que Jimin se encontró a solas con Yoongi en la casa por enésima vez. Parecía que alguien allá arriba estaba dispuesto a ponerle las cosas difíciles.
                  Era sábado, así que sabía que era día de entrenamiento lo quisiera o no, pero esa vez no estarían ni Taehyung ni Hoseok para socorrerlo si Yoongi volvía a pasarse de la raya. Casi podía notar las agujetas que tendría al día siguiente. Contra todo pronóstico, las dos horas de lucha no fueron ni la mitad de catastróficas de lo que solían ser, así que Jimin no podía quejarse. Como siempre, esperó que Yoongi fuera el primero en darse una ducha —no quería tentar a la suerte— y aprovechó para seguir leyendo uno de los libros que había traído de casa. La estantería cada vez estaba más llena. Aunque su presencia ahí fuera por una desgracia, tenía que admitir que estar dejando su pizca de personalidad en la casa le gustaba. En cuanto escuchó la puerta del baño abrirse, se apresuró a dejar el libro en la mesita y meterse él.
                  Cuando salió, con una camiseta blanca, unos pantalones cortos y restregándose una toalla por el pelo mojado, se encontró a Yoongi inspeccionando el libro que había dejado momentos antes.
                  —¿Lees?
                  Jimin se refería a una lectura como pasatiempo, pero, por su tono sorprendido, parecía que no acabara de creerse que Yoongi tuviera la capacidad de leer siquiera. El chico decidió pasar por alto esa observación.
                  —De vez en cuando —respondió él, de manera desinteresada—. ¿Cómo te pueden gustar todas estas mariconadas?
                  —No me puedo creer que hayas llamado «mariconadas» a los libros de Maggie Stiefvater —dijo Jimin, indignado—. ¿Acaso has leído alguna de sus obras?
                  —No —dijo, sin vergüenza alguna.
                  —Pues deberías —le soltó Jimin, acercándose a él y señalando el libro en sus manos—. De hecho, hay un personaje en esta saga que me recuerda mucho a ti.
                  Yoongi no debería haber sentido tanta curiosidad por ese comentario, pero la sentía.
                  —¿Y eso por qué?
                  Jimin empezó a contarle una historia sobre una chica y cuatro chicos envueltos en un misterio más allá de lo paranormal, cómo cada uno tenía una personalidad muy peculiar y que uno de ellos encajaba con Yoongi a la perfección.
                  —Parece muy duro y violento, pero en el fondo tiene un gran corazón —dijo Jimin, muy serio. Yoongi alzó una ceja.
                  —¿Me estás diciendo que crees que en el fondo tengo un gran corazón? —preguntó, y lo hizo con tanta sorna que Jimin ni siquiera se molestó en responder, sino que siguió hablando del libro, para después pasar a otra historia de la misma autora, para saltar a otras sagas que había leído y que estaban en la estantería, y tantas otras que seguían esperando su casa.
                  Hace un tiempo, Yoongi no habría escuchado ni treinta segundos de su verborrea. Ese día, no solo lo escuchó, sino que no se dio cuenta de que estaba sonriendo —o lo más parecido a una sonrisa que tenía programado en su musculatura facial— hasta que Jimin lo miró y calló de golpe, con los ojos fijos en sus labios.
                  Era la primera vez que Yoongi sonreía junto a Jimin.
                  En cuanto el mayor se dio cuenta, se puso serio en una milésima de segundo y se fue de la sala de estar sin decir nada.
                  Jimin no se había movido ni un ápice. No sabía por qué, pero la sonrisa de Yoongi lo había sacudido de pies a cabeza, especialmente su corazón.

                  Después del éxito del sábado, Hoseok no tenía ninguna duda de que el domingo sería otro día fantástico para el campamento. Todos los niños seguían emocionados, jugando y parloteando sin parar, y se habían adaptado sin problemas a la aparición de Taehyung y Jungkook, los «monitores especiales» del campamento. Los niños eran demasiado fáciles de engañar.
                  Lo que ninguno de los tres esperaba era que la otra monitora fuera Ahra, el hada de la escuela de Jimin, Taehyung y Jungkook.
                  —¿Qué haces tú aquí? —preguntó Taehyung en cuanto la vio. No de manera inquisitiva ni agresiva, pero sí con curiosidad.
                  —Nuestro reino es rico en muchos aspectos, pero no en el de la moneda mundana. Estudiar en vuestro instituto no es gratis.  
                  Es decir, que incluso los subordinados del padre de Seokjin necesitaban trabajos a tiempo parcial para subsistir. A Taehyung le divertía la idea sobremanera.
                  Si no fuera por el pelo multicolor de ella —aunque eran los únicos que se daban cuenta de ese detalle, el resto de adultos y niños debían ver un pelo azabache de lo más normal—, sus ojos oscuros y su aroma a flores silvestres, casi se habrían creído que era una compañera de clase de verdad.
                  Era la tarde de domingo y habían dejado un par de horas libres para que los niños jugaran a lo que quisieran antes de volver a Seúl. Algunos estaban en el parque, otros hablaban sentados en unos bancos a la sombra, y muchos otros estaban en el lago dándose un chapuzón, como era de esperar de alumnos de natación. Los cuatro monitores —los de verdad y los de mentira— estaban de pie junto a la caseta principal, vigilando todo el espacio con calma.
                  A Jungkook no le pasó desapercibida la manera en que Ahra se tensaba cada vez que uno de los niños se acercaba a preguntarles algo.
                  —¿No te gustan los niños, Ahra? —preguntó, y ella negó con la cabeza. Hoseok la miró con sorpresa.
                  —Pensaba que a las hadas les encantaban los niños.
                  —Solo los atraemos al bosque para luego comérnoslos.
                  Los tres chicos estaban bastante seguros de que se trataba de una broma, pero eso no frenó a Taehyung de rodear a Jungkook con los brazos de manera protectora.
                  —A este niño ni tocarlo.
                  Hoseok empezó a reír, Ahra fue a contestar algo y Jungkook había abierto la boca para quejarse cuando escucharon los gritos.
                  Los cuatro se movieron al unísono hacia el lago. Algunos de los niños también se acercaron a ver qué pasaba, la mayoría totalmente desorientados, mientras una niña en la orilla señalaba el agua con horror.
                  —¡Taemin se está ahogando! —gritaba la niña una y otra vez.
                  Lo cual no tenía ninguna clase de sentido, porque todos los niños allí presentes podían nadar a la perfección, y el lago ni siquiera era tan profundo.
                  Pero a Hoseok no se le escapó el destello de escamas mientras la cabeza de otro niño que seguía en el agua se hundía sin previo aviso.
                  —Sirenas —musitó—. Ahra, llévate a todos los niños de aquí. Ahora.
                  La chica asintió y empezó a llamar a voces a todos los alumnos, asegurando que los otros monitores se encargarían de ayudarlos. Hoseok no esperó a que todos se hubieran marchado —algunos amigos de los afectados seguían mirando el agua con lágrimas en los ojos, preocupados— para lanzarse al lago. No podía confiar en que los niños pudieran aguantar la respiración el suficiente tiempo como para que los salvaran sin riesgo de ser vistos por el resto, pero al menos él jugaba con la ventaja del camuflaje que le daba atacar bajo el agua.
                  El lago era grande, pero no demasiado. Hoseok no tardó nada en ver al grupo de sirenas —de colas de colores apagados y melenas oscuras, directamente sacadas de una película de terror— manteniendo cautivos a los dos niños. Uno de ellos seguía pataleando, intentando deshacerse del agarre, pero el otro parecía al borde del desmayo. Hoseok, con su propia cola de pez, nadó como el rayo.
                  Lo primero que hizo fue jugar con el factor sorpresa —claramente lo esperaban, pero no tan rápido ni con tanta furia— para atacar a la sirena que sujetaba al pequeño Taemin y poder sacarlo a la superficie, donde Taehyung ya se estaba tirando de cabeza al agua, colmillos y garras a vista de cualquiera. Ni rastro de Ahra y el resto de alumnos.
                  Mientras Hoseok dejaba al niño en la orilla, junto a Jungkook, el hombre lobo lo agarró de la camiseta que aún llevaba puesta.
                  —Vigila a Taehyung, por favor —le suplicó. Jungkook era consciente de su propia inutilidad en combates acuáticos, por lo que ni siquiera se había transformado. Podía ser de mucha más ayuda en su forma humana, pero eso no significaba que no sufriera igual.
                  Hoseok asintió antes de volver a zambullirse.
                  Si alguien creía que los vampiros no sabían nadar —pensar en un vampiro tomando clases de natación era una visión un tanto extraña—, era porque no habían visto a Kim Taehyung bajo el agua.
                  Su velocidad sobrehumana, aunque más torpe que en tierra, seguía dándole una gran ventaja submarina. Aunque las sirenas estuvieran en su terreno, los dientes afilados de Taehyung eran más peligrosos que sus dentaduras de pez que, aunque finas y punzantes, no tenían ni la mitad de fuerza.
                  Pero eso no cambiaba el hecho de que las sirenas podían respirar bajo el agua y que Taehyung, aunque contaba con una capacidad pulmonar considerable, no tenía un sistema respiratorio consistente de branquias en su cuerpo.
                  Luchó con firmeza los primeros minutos —lo suficiente como para mantener entretenidas a las criaturas mientras Hoseok, más rápido que nunca, rescataba al segundo niño y lo ponía a salvo—, pero la segunda vez que intentó salir a la superficie para coger aire, notó cómo lo agarraban de los pies y arrastraban de él sin piedad. No era un lago profundo, pero no había manera de que Taehyung sacara la cabeza si lo mantenían anclado al fondo de esa manera.
                  Justo antes de que Hoseok volviera fue cuando recibió los mordiscos en los brazos. La falta de oxígeno y la adrenalina del momento nublaban bastante su sentido del dolor, hasta que notó los dientes puntiagudos de una de las sirenas en su cuello.
                  Era la primera vez que un vampiro se sentía la presa, y no el depredador. En esos momentos, un pensamiento absurdo se apoderó de él: se alegraba de no haber sucumbido ninguna de todas esas veces en que podría haber bebido de Jungkook. No era una situación agradable, aunque nadie estuviera succionando su sangre. Pero sí que el agua empezó a teñirse de rojo a su alrededor. Nadie estaba succionándole la sangre, pero sí la estaba perdiendo por culpa de las heridas, especialmente la del cuello. ¿Le habrían pillado la yugular? ¿Se trataba de una herida mortal? ¿Iba a morir? La falta de oxígeno junto a la pérdida de sangre le nublaron aún más el raciocinio. Se iba, lejos, muy lejos. Lo sentía.
                  Lo último que notó fue un torbellino furioso abrirse paso entre las sirenas.

                  Namjoon no recordaba la última misión de investigación en que había vuelto con alguna clase de pista. Se había pasado el día fuera y no había servido de nada. Sabía que tenía que ser paciente, que la solución no iba a aparecer de la nada, pero no podía evitar sentirse frustrado. Sus responsabilidades como líder solo lo hacían sentirse peor.
                  Llegó al apartamento con ganas de calcinar algo, pero las ansias destructivas desaparecieron de golpe en cuanto vio a Seokjin dormido en el sofá.
                  Hacía tiempo que no veía al hada con un semblante tan relajado. A pesar de ser la viva imagen de la calma, sabía que Seokjin era un remolino de emociones en su interior. Se preocupaba demasiado, se implicaba demasiado, quería demasiado. En parte, Namjoon sabía que el sufrimiento de Seokjin era su culpa, pero no veía ninguna otra solución. Un mal menor para evitar un mal mayor. Si volvía a pasarle algo, no se lo perdonaría jamás.
                  Pero era innegable la atracción —el cariño, la necesidad— que sentía hacia el chico, y eran momentos como esos en los que se permitía ser un poco desconsiderado, un poco egoísta. Se acercó con cuidado al sofá y se agachó para que su rostro quedara al mismo nivel que el de Seokjin.
                  No sabía si era por su naturaleza como hada, pero Namjoon estaba seguro de que no había visto jamás una criatura más hermosa.
                  Solo esa vez, por unos instantes, quería olvidarlo todo y dejarse llevar. Enloquecer unos instantes. Solo un momento.
                  Namjoon besó a Seokjin de una manera que nadie, especialmente él mismo, creería propia de él: dulce y cuidadosa, como la caricia de una flor.
                  Lo echaba tanto de menos…
                  Se permitió unos instantes de recuperación —Seokjin, por suerte, no se había despertado a pesar de la intrusión— antes de levantarse e ir a buscar una sábana para cubrir al chico durmiente. Estaba encogido como si tuviera frío.
                  Por el camino, vio la cena preparada y tapada encima la mesa, con una nota escrita en la bonita caligrafía del hada: Namjoon. El dragón no pudo evitar agarrar la tarjeta y sonreír con dolor. Lo echaba tanto, tanto de menos…
                  Fue en ese momento en que recibió una llamada que rompió toda la magia del momento. La cogió lo más rápido que pudo, para evitar que el tono despertara a Seokjin. Aunque casi destroza el aparato en el proceso —Namjoon era un buen líder, pero demasiado torpe—, consiguió responder a la llamada a tiempo.
                  —¿Sí? —contestó, intentando no alzar demasiado la voz.
                  —Namjoon —Era Hoseok, y su voz auguraba muy malas noticias—. Taehyung está en peligro.

3 comentarios:

  1. ¿¡QUÉ!? ¿¡CÓMO QUE TAEHYUNG EN PELIGRO!? ¿¡¿¡Y ME DEJAS ASÍ!?!? NO PUEDES HACERME ESTO. ES QUE SEGURO QUE AHORA POR LA FALTA DE SANGRE, JUNGKOOK HACE ALGUNA TONTERÍA Y HACE QUE LE MUERDA O ALGO ASÍ!!! AHAJGSKSHSLSHSI :(((((((💣💣💣💣
    Jope, y encima, Yoongi se estaba abriendo a Jimin; y luego Namjoon con Seokjin... ES QUE ESTE CAP HA SIDO PRECIOSO (obviando lo de Tae, claramente)
    Yo no quiero que me dejes así :((( Esperaré con MUCHAS ANSIAS EL SIGUIENTE CAP!!!
    💗💗💗💗💗💗

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  2. Sentí este capítulo lo más de tranquilo y corto, aun así me encantó entero, y más con ese encabezado tan cuqui y emocionante. Muero.

    Ya me pensaba yo que algo saldría mal en el campamento, ¡pero no me pensaba que taehyung estaría en apuros! Noo~, que no le pase nada, por favor, es que soy débil cuando se trata de ese vampiro, ay. Pinches sirenas, tenían que venir a fregarla justo ese día, orz, y morder a taehyung, joder. "Era la primera vez que un vampiro se sentía la presa, y no el depredador. En esos momentos, un pensamiento absurdo se apoderó de él: se alegraba de no haber sucumbido ninguna de todas esas veces en que podría haber bebido de Jungkook." que piense en eso... ay, no, ojalá puedan ayudarle, orz.

    Y para rematar ese yoongi dejando ver una sonrisa suya y namjoon aprovechándose de la siesta de seokjin, orz, es que no puedo con estos tipos. No puedo. Este fic es realmente muy malo para mi salud, orz, ya quiero saber qué pasa en el siguiente capítulo.

    Taehyung. ;;;

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  3. "pero algo le decía que enviar a Jungkook lejos de Taehyung traería más problemas que desgracias" ahh amo cuando hablan asi del Vkook, es tan bonito

    "Hoseok, Taehyung y Jungkook salieron de casa temprano —demasiado temprano, temprano a niveles criminales" si.... ya entendimos, era muyyy temprano XD entiendo el sentimiento

    Ese YoonGi matando a gente con su sonrisa desde tiempos inmemorables jajaja estaba fangirleando hasta que "o lo más parecido a una sonrisa que tenía programado en su musculatura facial" jajajajajajajaajajaj estas autoras son las mejores matando los momentos XD

    Siempre lo digo pero me enamora la actitud de Tae tipo serio/infantil "Los tres chicos estaban bastante seguros de que se trataba de una broma, pero eso no frenó a Taehyung de rodear a Jungkook con los brazos de manera protectora
    —A este niño ni tocarlo"

    Yo soy una fan de los pequeños momentos y este tipo de cosas me pueden "Vigila a Taehyung, por favor —le suplicó" en enserio me encanta....

    "Taehyung está en peligro." bueno mientras todas se quejan yo ligare porq sea muy grave la herida y ver la reacciona Kooki ;)

    *Adoro esas imagenes

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