Los entrenamientos de Yoongi y Jimin se
habían convertido en una rutina de la cual el menor no tenía muy claro si era
beneficiosa o nociva para ambos. Desde la última conversación que habían tenido
—a Jimin todavía se le ponía la piel de gallina cuando recordaba los labios del
otro rozándole la oreja, susurrándole que su mitad humana y su mitad demonio
eran igual de retorcidas—, el otro chico lo había estado evitando excepto para
sus sesiones en la terraza. Para variar. Jimin se estaba hasta acostumbrando a
la actitud del otro.
Eso
no significaba que no se estuviera cansando.
—No
me has dicho nada de mi pelo —dijo en un impulso, aprovechando un pequeño
descanso entre sets de golpes. Yoongi lo miró como si le hubiera preguntado por
su bisabuela.
Hacía
un par de días, Jimin le había dicho a Taehyung que empezaba a desanimarse,
teniendo en cuenta que la situación en la que estaban no avanzaba en absoluto.
Su madre seguía en paradero desconocido, no habían recibido más información de
los supuestos enemigos, y encima Jungkook y Taehyung parecían ocultarle algo.
Eso, por supuesto, no se lo dijo, pero no quitaba que lo molestara un poco. A
esas alturas, era fácil considerar a esos dos como sus mejores amigos.
Ante
eso, Taehyung había dado una solución: un cambio le haría ver el mundo de
manera distinta. «¡Hay que ver el mundo de color de rosa!», le había dicho. Lo
que Jimin no se imaginaba era que lo llevaría esa misma tarde a una peluquería
y que saldría de ella con el pelo, bueno, de color rosa. Literalmente.
Después
de llevar el pelo extra naranja, el rosa pastel no era nada del otro jueves,
pero le daba una imagen mucho más suave y tierna. Al menos, esas habían sido
las palabras de Hoseok cuando lo había visto, después de hacerle toda una
sesión de fotos con su móvil.
Cuando
Yoongi lo había visto aparecer esa mañana de sábado, se lo había quedado
mirando fijamente unos instantes antes de desviar la mirada como si nada. Jimin
sabía que el mayor lo estaba ignorando deliberadamente, pero le fastidió que ni
siquiera se dignara a comentar lo bien —o mal— que le quedaba. Un pensamiento
irracional, por supuesto, pero el miedo que al principio le había infundado
Yoongi se había convertido en curiosidad molesta.
—¿Y
qué se supone que tengo que decir? —preguntó el medio demonio.
—No
sé. ¿Que no está mal? —Un comentario de ese estilo era lo máximo que podía
esperar del mayor. Y era esperar demasiado, claramente.
Yoongi
se encogió de hombros.
—Puedes
hacerte en la cabeza lo que te dé la gana. Eso no la vaciará de pájaros.
Jimin
tardó unos segundos en darse cuenta que lo estaba insultando indirectamente.
—¡Eh!
Yoongi
bufó y esbozó una sonrisa cargada de malas intenciones. Jimin puso mala cara.
Esperaba que el mayor aprovechara ese momento para reanudar el entrenamiento,
pero el chico no se movió. Entonces, Jimin sacó un tema que le había estado
rondando durante mucho tiempo.
—Yoongi.
Un
gruñido indicó que el otro lo estaba escuchando.
—No
te tengo miedo ni asco.
Yoongi
lo miró como si se hubiera vuelto loco.
—¿Qué?
—Creo
que… creo que crees que te tengo cierto desagrado por tu condición. Quiero
decir, por ser medio demonio —Jimin miró a Yoongi, apoyando la cabeza en los
brazos cruzados sobre sus rodillas. Ambos estaban sentados en el suelo de la
azotea—. Solo quería hacerte saber que no es así.
Yoongi
soltó una carcajada totalmente desprovista de diversión y cargada de veneno.
—Pues
deberías.
Jimin
negó con la cabeza.
—No.
De hecho, te admiro.
—…
¿te has dado un golpe en la cabeza o qué? —preguntó el chico, serio. En ese
momento, lo miró directamente a los ojos por primera vez en días.
—Los
demonios son criaturas malignas y crueles —Yoongi frunció el ceño ante sus
palabras, pero no dijo nada—. A pesar de ser medio demonio… quieres a los
demás, y los proteges a tu manera, aunque parte de tu naturaleza te indique lo
contrario. Creo que eso es admirable.
Yoongi
se lo quedó mirando unos segundos, fijamente, en silencio.
—¿Los
protejo de qué?
—De
ti.
Yoongi
abrió mucho los ojos. A Jimin le pareció ver mil expresiones cruzar su rostro
en una milésima de segundo, antes de que el mayor se echara a reír. Pero era
una risa irónica y cansada. Era una risa tan Yoongi pero a la vez tan triste,
que dolía.
Entonces,
Yoongi dijo las palabras que Jimin jamás olvidaría.
—Joder,
eres un puto ángel de verdad.
El
cerebro de Jimin cortocircuitó por unos momentos. No se iba a poner rojo por
ese comentario, ¿verdad? Tenía que mantener la compostura. Era Yoongi, por el
amor de Dios.
—…
¿gracias? —intentó responder, sin mucho convencimiento.
—No,
no lo digo como un cumplido —replicó el mayor, mirándolo seriamente—. Es una
afirmación.
Jimin
estuvo a punto de replicar, pensando que, por supuesto, que un híbrido de
demonio como Yoongi lo llamara ángel debía equivaler a un insulto, pero
entonces algo hizo «click» en su cabeza. Notó como si el suelo en el que se
apoyaba desapareciera de golpe.
—Espera,
¿a qué te…? —empezó, pero Yoongi lo cortó.
—Namjoon
no quería precipitarse, pero lo supe desde el maldito instante en que pisaste
este piso —Yoongi inspiró y expiró profundamente antes de soltar la bomba—.
Eres un híbrido de ángel.
Taehyung
y Jungkook no habían llegado a ningún acuerdo. No habían hablado con
profundidad sobre el tema, pero se había convertido en una tradición no escrita
el encerrarse en su habitación después de asegurarse que nadie les prestaba
atención —ni se la prestaría durante unos minutos— y activar la conexión que,
indudablemente, los unía y los seguiría uniendo hasta la muerte.
Taehyung
siempre se había imaginado el sabor de la sangre de Jungkook como algo dulce y
prohibido, fuera de su alcance, pero la realidad era mucho peor: estaba seguro
de que su adicción no sería tan drástica si se tratara de otra persona, pero
Jungkook… Jeon Jungkook siempre había sido más. Mucho más.
—Para…
para —dijo Jungkook, apartándolo delicadamente de su muñeca—. Nos vamos a
acabar mareando los dos.
—Perdón
—se disculpó Taehyung, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Aunque
sonaba genuinamente culpable, su mirada no se despegaba del cuello del otro
chico.
Sabían que era más seguro esconder las
marcas en el brazo que en el cuello, porque era menos extraño llevar una
muñequera o una camisa fina de manga larga que cuello alto o una bufanda a
principios de junio. Por eso, excepto la primera vez en que lo mordió con
consentimiento mutuo, habían sido mucho más meticulosos a la hora de llevar a
cabo su pequeño ritual secreto. Además, una mordedura en el cuello era mucho
más… íntima. Ambos lo sabían, y ambos lo querían y lo temían al mismo tiempo.
Era una situación complicada.
La mirada de Taehyung no pasó
desapercibida para Jungkook. Nunca lo hacía, aunque nunca se atrevía a decir
nada al respecto. Hasta entonces.
—No es lo mismo, ¿verdad? —preguntó, sin
alzar la voz. Taehyung pareció salir de su estupor. Lo miró con curiosidad.
—¿El qué?
—Morder aquí —dijo Jungkook, señalándose
la muñeca, para luego alzar la mano al cuello—, que aquí.
Jungkook vio las pupilas de Taehyung
dilatarse aún más. Esa era la respuesta que necesitaba, pero el medio vampiro
negó igualmente.
—No. No lo es.
Silencio. Taehyung seguía con la mirada
fija en el cuello de Jungkook.
—¿Quieres? —preguntó el menor. De la
garganta de Taehyung resonó un gruñido entre desesperado y lastimero. Bufó.
—No deberías decir esas cosas, Kookie. De
verdad que no.
Taehyung alzó su mano y la colocó en el
punto en que acababa el cuello de Jungkook y empezaba su hombro, a escasos
centímetros de su clavícula. Tardó unos segundos eternos en permitir el
contacto entre ambos, y notó el temblor que recorrió a Jungkook y cómo el chico
ahogó un gemido.
No estaban haciendo nada. Nada de nada.
Pero el simple contacto, la simple cercanía, el simple momento… era demasiado
para Taehyung, que no solo notaba los colmillos clavarse en sus labios con
necesidad, sino que sentía su corazón latir a mil por hora. Un corazón que solo
latía gracias a su parte humana, y Taehyung no tenía muy claro cuál de las dos
tenía más ganas de besar a Jungkook.
Curiosamente, fue el licántropo el que
empezó a deshacer la distancia entre los dos. Joven, impulsivo y sensible
Jungkook, que no entendía lo que estaba pasando, pero sabía que necesitaba más
del vampiro. Más, más, y más.
Pero también fue él el que se apartó de
repente, cuando su oído captó movimiento acercándose hacia la habitación. Dos
segundos más tarde, Hoseok abría la puerta de la habitación.
—Namjoon dice que nos quiere a todos en el
comedor, ya. Porque… —Calló un momento, probablemente captando la tensión del
ambiente. Aun así, fue suficientemente cauto como para no mencionar nada al
respecto—, bueno, algo de Yoongi y Jimin. Parece importante. Ya vendréis.
Cerró la puerta al irse, a pesar de que
tenían que ir al comedor inmediatamente, cosa que indicaba que les quería dar
privacidad con lo que fuera que estaban haciendo antes de que los
interrumpiera. Ninguno de los dos dijo nada hasta que Taehyung se giró hacia
Jungkook con una de sus sonrisas brillantes.
—Vamos.
Como si no hubiera pasado nada.
Cuando llegaron al comedor, el panorama
era digno de fotografiar. Namjoon estaba a un lado, sermoneando a Yoongi, que
parecía totalmente desinteresado en lo que el líder le decía. En el sillón más
cercano estaba Seokjin con una mano en la sien, como si tuviera dolor de cabeza.
En el sofá estaban Jimin y Hoseok, el primero mirando a Namjoon y a Yoongi
discutir con una mirada preocupada y el híbrido de tritón dándole palmadas de
ánimo en la espalda.
—Ya sé que en general haces lo que te da
la gana, Yoongi, pero podrías haber preguntado antes de soltarle eso al chico.
—¿Preguntar el qué? ¿Si podía decirle la
verdad? No me jodas, Namjoon. Tú podías tener tus dudas, pero yo no las tuve en
ningún momento. Y, aun así, acepté encargarme del entrenamiento del crío de las
narices. Al menos ahora sabrá por qué tengo todo el derecho del mundo a…
—Nada te da el derecho a tratar a nadie de
la manera que tratas al resto de seres vivos, Yoongi, y mucho menos a Jimin
—sentenció Seokjin, hartándose, después de ver que Jungkook y Taehyung habían
llegado—. Ahora, ¿podemos discutir la situación como personas normales, por
favor?
—Tú puedes hablar con las plantas y tu
novio escupe fuego cuando se enfada, no hay ni una sola persona normal en este
sitio —dijo Yoongi, pero se encogió de hombros y fue a sentarse al otro sillón,
su manera silenciosa de dar paso a una reunión.
Taehyung y Jungkook habían olvidado
momentáneamente su tensión sexual, dejada en standby en su habitación, para analizar la situación lo mejor
posible. Es decir, no entendían nada.
—¿Qué nos hemos perdido? —preguntó
Taehyung, arqueando una ceja.
—Yoongi le ha dicho a Jimin que es híbrido
de ángel.
Jungkook miró a Jimin como si lo viera por
primera vez, la sorpresa tiñendo su rostro, y Taehyung soltó un «oh», como si
la información no lo extrañara en absoluto.
—Eso explica muchas cosas —asintió el
vampiro.
Taehyung se sentó junto a Jimin en el
sofá, pasándole un brazo por los hombros.
—¿Todo bien? —preguntó. El chico de pelo
rosa lo miró con una sonrisa cansada.
—¿Supongo? A estas alturas, creo que esto
no es lo más raro que me ha pasado en la vida.
Taehyung asintió sin soltarlo. Jungkook se
sentó en uno de los brazos del sofá, y Namjoon decidió que era el momento de
hablar.
—Bien. Supongo que no hace falta que lo
diga, pero lo diré igualmente. Hasta ahora, teníamos en duda la naturaleza de
Jimin. Teníamos ciertas sospechas, aunque no estaba del todo claro… —Yoongi
gruñó ante ello, pero Namjoon lo ignoró—… y no queríamos precipitarnos. En todo
caso, creo que ya tenemos suficientes pruebas para afirmar que, sí, parece ser
que Jimin es un híbrido del que solo habíamos oído rumores hasta ahora: un
híbrido de ángel.
Taehyung notó a Jimin tensarse bajo su
brazo, por lo que empezó a frotarle la espalda en un intento de reconfortarlo.
—Eso explicaría por qué una de sus
habilidades es la curación y por qué su poder daña a Yoongi incluso sin
quererlo, teniendo en cuenta que la naturaleza de Yoongi es la contrapartida de
lo que estamos hablando ahora mismo —añadió Seokjin. Todos asintieron. Jimin
miró a Yoongi de reojo con expresión apenada.
—Bueno, creo que es hora de explicarle a
Jimin sobre el proyecto Hybrida de
una vez por todas.
Ante eso, Jimin miró a Namjoon con
renovada curiosidad.
—¿Hybrida?
—Verás, Jimin, los híbridos son seres
antinaturales. Pueden nacer por circunstancias perfectamente normales, como
descendencia de un humano y otro ser… cosa que no es demasiado habitual, por
supuesto, pero se ha dado el caso. El problema es que los híbridos no están
hechos para sobrevivir. Su cuerpo tiene unas condiciones que no les permite
vivir mucho tiempo.
—¿De cuánto tiempo estamos hablando?
—preguntó Jimin, frunciendo el ceño.
—Cinco, seis años a lo sumo.
Jimin se llevó una mano a la boca,
horrorizado.
—Pero vosotros… quiero decir, nosotros…
—De ahí nace el proyecto Hybrida. Hace años, una persona
consiguió dar con una fórmula con la que poder salvar a esos niños híbridos. No
es una fórmula fácil de recrear, por lo que solo consiguieron salvar a cuatro
niños en ese momento.
Jimin miró a su alrededor.
—¿Cuatro…?
—Hoseok, Taehyung, Jungkook y yo —dijo
Seokjin—. Decidieron salvar un híbrido de cada especie en ese momento.
—¿Y el resto?
Todo el mundo quedó callado. Jimin pensó
que había hecho una pregunta que no debía, pero Namjoon respondió poco después.
—En mi caso, yo no nací siendo un híbrido.
Fui parte de un experimento en el que me inyectaron genes de dragón. Cabe decir
que no fui el primero con el que lo intentaron, pero sí fui el único en
sobrevivir, con el único problema de ser incapaz de controlar mis poderes, al
menos al principio. A eso se le llama un híbrido G. Híbridos creados.
Jimin lo miró incrédulo.
—¿Y por qué alguien querría hacer eso?
—Ciencia —Jimin frunció el ceño aún más.
—Pero…
—También debo decir que, gracias a eso,
estoy aquí ahora mismo. Los experimentos solo se hacían a niños terminales, ya
fuera por enfermedades o accidentes casi mortales. Y huérfanos, por supuesto.
Jimin fue a decir algo al respecto, pero
prefirió callarse. Sabía que era un tema delicado, y ya le parecía increíble
que Namjoon se lo estuviera contando tan abiertamente, así que no quiso meter
las narices aún más donde no lo llamaban.
—Y… ¿Y Yoongi? ¿Y yo? —preguntó
finalmente. No es que no le interesara el origen de sus amigos, pero en esos
momentos le preocupaba un poco más saber de dónde había salido él mismo.
—También sois híbridos G, eso está claro.
Aunque… bueno, en el caso de Yoongi, sabemos que él ya nació así, por lo que suponemos
que el tipo de pruebas y experimentos fueron un tanto diferentes… probablemente
en tu caso sea lo mismo, porque no recuerdas nada al respecto, ¿verdad? —Jimin
negó.
—Pero… ¿ángel? —preguntó Jimin,
confundido—. Quiero decir, he visto centauros, he visto vampiros, he visto
hidras, he visto sirenas… ¿pero ángeles?
—Si existen los demonios, es lógico que
existan los ángeles. Eso no significa que sean tan fáciles de encontrar —dijo
Hoseok.
—¿Vosotros habéis visto alguno?
Todos negaron con la cabeza.
—Es por eso que teníamos tantas dudas. Que
fueras un híbrido de ángel… era una posibilidad muy remota. Pero… pero es la
única explicación posible.
—Pero…
Justo antes de que Jimin pudiera volver a
hablar, se oyó un timbre de teléfono. Era el móvil de Namjoon. El chico,
alarmado, cogió el aparato y frunció el ceño al ver la pantalla.
—¿Quién es? —preguntó Seokjin rápidamente.
—Número oculto.
—¿Puede que sea…?
Namjoon respondió a la llamada sin
pensárselo dos veces.
—¿Sí? ¿Quién…? …¿qué? ¿Dónde? …¿Por qué
tendría que creerte?
Todos se miraron unos a otros, extrañados,
excepto Yoongi y Seokjin, que miraban a Namjoon fijamente.
—… de acuerdo —Y colgó sin más preámbulos.
Todos lo miraron sin siquiera parpadear, expectantes—. Sé dónde está la madre
de Jimin.
Ante sus palabras, el susodicho se levantó
de golpe.
—¿Qué?
—¿Quién era? —preguntó Seokjin.
—No me ha dicho su nombre, pero… era
alguien que no está de acuerdo con las acciones de las personas con las que ha
trabajado hasta ahora. Ha querido avisarnos antes de que sea demasiado tarde.
—Es una puta trampa —sentenció Yoongi—.
¿Cómo cojones sabía tu número?
—Es probable, pero… —Namjoon miró a Jimin,
que lo miraba con los ojos más desesperados y, extrañamente, a su vez
esperanzados que había visto en su vida—… llevamos demasiado tiempo dando
vueltas en círculo. Puede ser una trampa, pero también puede ser la única
manera de echar un poco de luz a la situación.
—En ese caso, iremos todos —dijo
Taehyung—. Si realmente es una trampa, tendremos más posibilidades de hacer
frente al enemigo si estamos todos juntos.
Jimin miró a Taehyung como si le hubiera
ofrecido el santo grial. El vampiro le sonrió.
—No me gusta la idea de poneros a todos en
peligro, pero… Taehyung tiene razón —asintió Namjoon, suspirando—. Preparad lo
que necesitéis, nos vamos en cinco minutos.
El lugar donde el desconocido los había
dirigido era una zona de naves industriales apartado de la civilización. Estaba
anocheciendo, por lo que los siete chicos estaban en alerta máxima a cada paso
que daban. Inspeccionaron varias de las naves sin éxito. Jimin se ponía aún más
nervioso por momentos, y ni siquiera los poderes de Seokjin podían hacer
demasiado para calmarlo.
Finalmente, llegaron a una nave
ligeramente más grande que las demás, llena de cajas amontonadas por todos
lados. Empezaron a recorrer los pasillos con cuidado, utilizando los flashes de
sus móviles para iluminarse. Estuvieron a punto de proponer separarse en grupos
para investigar más rápido cuando Jimin, de repente, ahogó un grito y echó a
correr. Todos lo siguieron inmediatamente.
Allí, en medio de la nave, en el suelo,
estaba la madre de Jimin, inconsciente. El chico se arrodilló a su lado y se
echó a llorar en cuanto comprobó que estaba viva.
—¿Mamá? ¡Mamá! —probó Jimin, sin atreverse
a tocarla demasiado. Aunque estuviera viva, no sabía exactamente en qué estado
se encontraba y le daba miedo hacerle daño.
—Voy a ver si… —empezó Seokjin,
acercándose al chico y a su madre. En ese momento, Yoongi notó otra presencia
en el lugar y empezó a moverse.
—¡Cuidado! —gritó, y en cuanto vio movimiento
por el rabillo del ojo saltó frente Jimin y su madre, evitando que el recién
llegado los alcanzara.
Era un demonio, por supuesto.
—Hijo de… —empezó Yoongi. No pudo quejarse
demasiado, porque segundos más tarde, estaban rodeados.
—Mierda —musitó Namjoon—. Seokjin, Hoseok,
encargaros de Jimin y de su madre. Jungkook, Taehyung, espero que estéis
listos.
—¿Para patear culos? Siempre —dijo
Taehyung, sonriendo, todo colmillos. Jungkook no esperó un segundo más a echar
a correr y transformarse en medio de un salto, apartando a otro demonio que se
acercaba a sus amigos.
La batalla empezó. Como Namjoon había
indicado, Seokjin y Hoseok se acercaron a Jimin, que no se había movido de al
lado de su madre para poder protegerla.
—Jimin, vamos, hay que poner a tu madre a
salvo.
Jimin asintió, pero justo cuando sus dos
amigos lo ayudaban a levantarla, paró en seco.
—Esperad. Puedo luchar.
Hoseok y Seokjin lo miraron.
—¿Pero…?
—Son demonios. Todos ellos. ¿Verdad?
—Seokjin, no muy convencido, asintió—. Si soy un híbrido de ángel… eso
significa que mi poder es el más efectivo contra ellos. ¿Verdad? —El mayor lo
miró con preocupación—. ¿Verdad, Seokjin?
—… sí. Pero ve con cuidado, Jimin. Por
favor —Jimin asintió.
—Cuidad de mi madre, por favor —Y se
levantó y echó a correr en dirección contraria.
Si le preguntaban a Yoongi lo que
recordaba de esa batalla, respondería que no demasiado. Recordaba sangre y
golpes, como era habitual, pero también luz, mucha luz. Luz que lo quemaba pero
lo arropaba a partes iguales. Tardó unos minutos en darse cuenta de que era
Jimin, que estaba arrojando destellos blancos a diestro y siniestro. Por
primera vez, Yoongi pudo comprobar que su entrenamiento había dado sus frutos,
y también supo, no sin cierta sorpresa, que Jimin estaba haciendo lo imposible
por evitarlo a él.
No solo se estaba deshaciendo de sus
enemigos, sino que Jimin lo estaba protegiendo de su propio poder.
Gracias al poder redescubierto de Jimin,
pudieron acabar con la horda de demonios con mucha más facilidad de la que se
habían esperado en un principio. Aunque nadie acabó sin un solo rasguño —Hoseok
y Seokjin también se habían tenido que enfrentar a algunos demonios que habían
ido a por ellos directamente—, todo el mundo parecía a salvo.
—Jimin… —dijo Jungkook, casi sin aliento,
una vez hubo vuelto a su forma humana—, no pensé que diría nunca esto, pero
espero no acabar en malos términos contigo. Por un momento, me has dado mucho
miedo.
Jimin, más agotado de lo que había estado
en la vida, intentó sonreír.
—¡Namjoon, ven! —escucharon gritar a
Yoongi desde algún punto de la nave. Todos, con la madre de Jimin a cuestas,
fueron hacia allí. Vieron al demonio con un pie sobre el cuerpo jadeante de un
hombre.
—¿Otro demonio?
—No, este es humano —dijo Yoongi—. Aunque
por su olor nadie lo diría.
—¿S-ois los híbridos? —preguntó el hombre
con voz gangosa. Todos se sorprendieron, en parte porque no se esperaban que el
hombre fuera a hablar, y en parte porque parecía conocerlos.
—¿Quién eres? ¿Trabajas para los demonios?
—preguntó Namjoon, acercándose. El hombre bufó con dificultad, pero Yoongi no
apartó el pie de sobre su esternón.
—Trabajaba. He sido yo… el que os ha
llamado.
—¿Tú? —El hombre asintió a duras penas—.
Yoongi, déjalo respirar.
El medio demonio se encogió de hombros y
se apartó.
—Si de repente se levanta y os empieza a
sacar los ojos a todos, no será mi culpa.
—¿Por qué nos has llamado? ¿Quién eres y
para quién trabajabas?
—Te lo… he dicho antes. No me gusta cómo…
cómo han avanzado las cosas. Nos prometió un futuro… mejor. Avances. Mejoras…
pero solo veo muerte.
—¿Quién os lo prometió? ¿Hablas de tu
jefe?
El hombre volvió a asentir.
—Tú también… tú también la conoces.
Namjoon frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Ella… ella es la que lo ha planeado…
todo. Ella… os ha engañado. Al igual… que nos ha engañado al resto.
—¿Qué…?
—¿Por qué te crees… que no se pone en
contacto… con vosotros? ¿Por vuestra… seguridad? —El hombre emitió una risa
cansada—. No. Solo quiere… quiere el poder. De los híbridos. Para ella.
—¿Estás hablando de…?
—De vuestra jefa… Kim Namjoon. De la
persona… que os ha metido… en todo esto.
Jimin escuchaba la conversación sin
entender demasiado. Veía las caras de horror de todos sus amigos, pero no
alcanzaba a procesar la situación. Quería preguntar al respecto, quería
comprobar que su madre estaba bien, quería alejarse de aquel lugar y saber que
estaban a salvo… pero el solo hecho de tener los ojos abiertos estaba
suponiendo demasiado esfuerzo.
Poco a poco, Jimin perdió la conciencia.

Graaacias por volver, chicas 😘
ResponderEliminarAmo está historia y a todos sus personajes.
Lo esperé por mucho tiempo ��
ResponderEliminarGracias ♡
Me agarró algo, la he estado esperando :')
ResponderEliminarMuchas gracias por actualizar!!!
Valió la pena esperar :3
ResponderEliminarChicas sigan actualizando pls!! Su historia me encanta <3 me tienen super enganchada jaja Escriben hermoso <3