—Bebé —Jimin abrió los ojos y vio a su madre mirándolo con ternura. Ella era mucho más grande que él, tanto que Jimin solo le llegaba por la rodilla—. Mi ángel.
Jimin le abrazó una pierna mientras su madre le acaricia la cabeza.
La escena cambió. Jimin era un poco más alto pero aún necesitaba una silla para llegar a la encimera. Su madre lavaba los cubiertos mientras él los secaba. Estaban en la casa nueva, Jimin la recordaba con cariño, había sido una de sus preferidas.
—¿Qué tal en el colegio?
—La profesora es muy simpática y los niños de mi clase también pero tengo miedo que yo no les guste… —Jimin dejó de secar los palillos metálicos y miró a su madre—. ¿Y si no les gusto?
—Jimin, mi angelito... Eres un niño con un gran corazón y con una sonrisa adorable. Claro que vas a gustarle a los niños de tu clase —Su madre se secó las manos y luego le pellizcó la mejilla—. Un angelito siempre gusta a todo el mundo.
De nuevo, Jimin era un poco mayor, tendría unos doce o trece años. Se encontraba con su madre en una iglesia abandonada. Recordaba ese día también. Habían ido a caminar al bosque y se habían perdido. Sin embargo, encontraron una pequeña iglesia vieja y solitaria. Cuando entraron, la luz entraba por los ventanales y Jimin podía ver las motas de polvo danzar. Su madre, en cambio, había ido hacia un viejo piano maltrecho. Lo empezó a tocar aunque faltaban algunas teclas y sonaba bastante desafinado.
—Seguramente tenga algunas cuerdas rotas —susurró ella mientras limpiaba un poco el polvo del instrumento.
Jimin no la escuchaba. Se había quedado completamente embobado mirando una de las ventanas con un mosaico de colores. La figura era un ángel. Su madre se acercó y lo abrazó por los hombros. Casi eran igual de altos.
—Se parece un poco a ti, ¿no crees? —bromeó su madre. Jimin sonrió—. Aunque tú eres infinitamente más guapo.
—¿Crees que los ángeles existen, mamá? —preguntó sin pensar en ello demasiado.
—Sí —susurró ella—. Sí, claro que creo en ellos —Jimin, a sus doce años, no había notado el cambio en la voz de su madre, pero recordándolo en aquel extraño sueño se percató al instante—. Te lo he dicho mil veces, tú eres mi angelito —bromeó ella después de una larga pausa.
—¡Mamá! —gritó Jimin molesto al ver que su madre lo despeinaba.
Sin embargo, el Jimin adulto gritaba al pequeño para que no se alejara de ella, para que no corriera fuera del alcance de su madre. Para que la protegiera de los monstruos.
Aunque quizá era ella la que lo había estado protegiendo de los monstruos a él.
—¡Lo sabía!
—¡Joder! —gritó Yoongi. Jimin había despertado, pero no de la forma que todo el mundo esperaba—. ¿No puedes levantarte como la gente normal? ¿En silencio?
—Yoongi… ¿Dónde…? —El chico miró a los lados desorientado. Luego fijó la mirada en Yoongi y eso, sin querer admitirlo, lo puso nervioso.
—¿Qué cojones te pasa? —preguntó algo molesto. Le incomodaba que Jimin lo mirara fijamente—. Primero te levantas gritando como un loco y ahora me miras fijamente. ¿Te has vuelto idiota del todo?
—Yoongi… Mi madre… Creo que lo sabía todo. ¡Sabía que era un ángel!
—Empiezo a sospechar que eres medio megáfono. Deja de gritar.
—¡No lo entiendes! ¡Ella me ha estado protegiendo todo este tiempo! ¡Nos mudábamos de ciudad porque me protegía de los malos! ¡De los monstruos! —Jimin apartó las sábanas y se intentó levantar. Yoongi tuvo que cogerlo antes de que cayera al suelo.
—Haz el maldito favor de tumbarte y dormir o Namjoon me quemará el trasero —gruñó mientras obligaba al menor a sentarse—. Debo avisar a Seokjin porque parece que te has dado un golpe en la cabeza…
—¡Yoongi! ¡Lo digo en serio! ¡Mi madre lo sabía todo! ¡Tenemos que preguntárselo!
Yoongi sintió pena por Jimin. Parecía desesperado por culpa de un sueño. O quizá tenía razón. No lo sabía. Pero no quería que el chico saliera de allí para afrontarse a la realidad. Suficiente habían tenido los demás con lidiar con ella durante dos días.
—Jimin… Verás… No puedes salir al comedor gritando como un histérico a preguntarle a tu madre si sabe que eras un maldito ángel —Jimin se intentó levantar de nuevo pero Yoongi lo empujó para que se sentara—. Escúchame… No puedes salir.
—¿Por qué? ¡Tengo que preguntárselo!
—No es el mejor momento —Yoongi empezaba a cabrearse. Demasiada paciencia había tenido—. No obtendrás respuestas.
—¡¿Por qué?! ¡Es mi madre! ¡Cuando sepa que conozco su secreto me lo dirá!
—He dicho que no es el mejor momento pa-
—¡Tengo que ir! ¡Déjame salir!
—¡Eres un maldito cabezón de mierda! ¡No vas a salir porque tu madre lleva en coma desde que la rescatamos y no despierta!
De repente, mientras veía el rosto lleno de sorpresa y terror de Jimin, a Yoongi le vino Namjoon a la cabeza, pidiéndole, por favor, que tuviera tacto a la hora de decirle a Jimin que su madre aún no había despertado.
Por supuesto, había sido incapaz y cuando Jimin salió corriendo al comedor solo en calzoncillos, supo que estaba muerto.
Namjoon no dejaba de dar golpes con el bolígrafo en la libreta mientras estudiaba el esquema que había hecho. Todo parecía tener sentido en su cabeza hasta que llegaba al hombre que encontraron junto a la madre de Jimin. Ese hombre desconocido que parecía saberlo todo de la jefa pero que era igual de misterioso que ella.
Lo había hablado con Seokjin, por supuesto, y él tampoco se fiaba. Había sido demasiado fácil evitar a esos demonios y encontrar a la madre de Jimin. Por supuesto, se habían pasado días y días buscándola y eso había sido una dificultad, pero Namjoon se imaginaba una batalla épica digna de una película para salvar a la señora Park, no una horda de demonios menores a los que Jimin calcinó como si fueran papel.
Se sorprendió también al saber que tanto Hoseok, Taehyung, Yoongi como Jungkook tampoco se fiaban mucho, aunque era por motivos diferentes.
—Un hombre que ha sido tan ferviente seguidor de alguien al que le va secuestrar a madres indefensas… Me parece un poco raro —razonó Hoseok.
—A mí no me gustaba su olor —remarcó Jungkook.
—Ni a mí tampoco, pero era porque seguramente llevaba días sin ducharse —contestó Taehyung de buen humor, aunque en el fondo él tampoco se fiaba de aquel hombre.
«Park Minseok, tiene nombre, Namjoon…» se recordó en silencio mientras volvía a hacer círculos en el papel.
El señor Park había trabajado durante años en el proyecto Hybrida junto a la jefa. Sin embargo, cuando ella empezó a soñar con algo más grande y monstruoso, Park Minseok empezó a asustarse y luego vinieron los secuestros y los pactos con los demonios. Al menos eso era lo que les había contado.
Jungkook y Hoseok lo acompañaron luego a un viejo apartamento. Yoongi había insistido en tenerlo vigilado mientras que Seokjin hablaba de protegerlo, pero el hombre les aseguró que estaría bien, que entre la plantilla de trabajadores había gente que pensaba que todo aquello estaba mal.
Mal. Namjoon no se lo creía, por supuesto.
—¿Sigues con eso?
—Es que me ha parecido muy fácil —Seokjin se sentó a su lado y le acarició la pierna para tranquilizarlo—. Y nuestra vida nunca ha sido fácil.
—Pienso igual, pero también creo que deberías descansar al menos un par de horas. No nos servirá de nada que te agotes. Piensas mejor cuando duermes —Namjoon asintió aunque sabía que no serviría de nada. Cuando cerrara los ojos el esquema volvería a su cabeza y no podría dormir.
—Creo que Jimin ya ha despertado —dijo Jungkook mirando hacia la pared que daba a las habitaciones—. Está gritando…
—¿Algo que le ha dicho Yoongi? —Jungkook negó.
—Parece que… Espera, Yoongi está hablando… Oh… Creo que se avecinan problemas.
Todos escucharon los pasos apresurados del pasillo y a Jimin aparecer en ropa interior. Su cara era la personificación del horror y la incredulidad. Justo detrás lo seguía Yoongi con cara de aburrido.
—¿Dónde está? —preguntó el chico, jadeante—. ¿¡Y mi madre!?
—Está durmiendo en mi antigua habitación —dijo Seokjin—. Así que no grites.
—¿Aún no ha despertado? —Namjoon sabía que Seokjin estaba utilizando su poder con Jimin—. ¿Está bien?
—Está viva y está bien pero no se despierta… Así que lo mejor será que te sientes y te calmes un poco —Jimin negó y se quedó en el sitio, pero no se puso a gritar—. Creemos que tiene que ver con algún hechizo de hadas. Como ya sabemos, algunas hadas se pasaron al otro lado. Estoy trabajando en ello, incluso he ido a visitar a mi padre.
Jimin lo miró con culpabilidad. Namjoon se sintió el peor novio del mundo. Otra vez Seokjin tenía que soportar tener que ver a su terrible familia y afrontar sus miedos porque él era un completo inútil. Sin embargo, sabía que su novio jamás le permitiría pensar así de sí mismo, así que jamás se lo dijo.
—¿Y qué vamos a hacer? ¿Qué habéis estado haciendo?
—Patear culos de demonios —contestó Taehyung—. Con la agradable compañía de Yoongi.
—Muérete.
—Jungkook y yo hemos investigado sobre Park Minseok.
—¿Quién?
—El hombre al que rescatamos —Era el turno de hablar de Namjoon—. Se llama Park Minseok.
—¿Y por qué estamos investigando a ese hombre? También fue víctima de la jefa, de quien secuestró a mi madre —Jimin empezaba a ponerse nervioso de nuevo. Seokjin parecía no poder controlar del todos sus emociones—. ¡Tenemos que ayudarlo! ¡O al menos a que nos diga todo!
—No es tan fácil, Jimin. Hemos estado vigilándolo pero no sale de su casa. También he ido a hablar con él —añadió levantando la mano al ver que Jimin quería hablar—. Pero no me quiere decir nada… Al menos, no de momento.
—¿Por qué? —preguntó el chico. Namjoon le hizo la misma pregunta al misterioso señor Park.
—Porque dice que sólo te las responderá directamente a ti.
—¿Por qué? ¿Por qué solo a mí?
—Me he preguntado eso mismo desde que me lo dijo. Tenemos su número de contacto —Namjoon deslizó el número por la mesa. Él lo tenía guardado también, por supuesto—. Si querías respuestas él te las podría proporcionar.
Jimin sujetó el papel con fuerza y miró a los demás. Se quedó fijo en Yoongi.
—¿Qué sucede? —Yoongi miró a Namjoon pidiéndole permiso. Éste asintió.
—No nos fiamos mucho de él…
—¿Qué? Pero…
—Así que está en tus manos querer contactarle o no —Namjoon se levantó de la mesa y recogió los papeles—. Creo que necesito descansar. Si queréis explicarle todo, ahora es vuestro momento.
No miró al grupo cuando desapareció por el pasillo ni tampoco cuando se tumbó en la cama. La sien le martilleaba con fuerza y sabía que eso le pasaría factura más tarde. Pero, por suerte, tenía a Seokjin.
Su novio lo había seguido hasta la habitación y se había sentado en la cama en silencio mientras le acariciaba con suavidad el pelo. Namjoon no dijo nada ni Seokjin tampoco. Mientras uno giraba la cabeza, el otro se agachaba para besarlo.
Fue un gesto delicado y fugaz, pero suficiente para que Namjoon pudiera aguantar un poco más.
—¿Y si realmente ese hombre dice la verdad? Tendría sentido… Justo cuando ella nos abandonó fue en el momento que más la necesitábamos. Cuando los demonios, cuando el desconocimiento de Jimin… Antes siempre estaba ahí pero ya no —susurró mientras notaba que el poder de Seokjin lo inundaba—. ¿Y si fue por eso que dejó de tener contacto conmigo?
—Namjoon… Te conozco y no es propio de ti creer en falsas ilusiones solo para justificar el daño que nos ha hecho otra persona —susurró Seokjin—. Descansa mejor y las cosas se verán desde otra perspectiva cuando despiertes.
Sabía que su novio tenía razón, sin embargo, no era fácil hacerlo. Pero Seokjin siempre tenía la solución y el poder suficiente como para conseguirlo. Antes de que los problemas volvieran a enredarse en su mente, se había dormido.
Jungkook se sentía la peor persona del mundo. A pesar de darlo todo en la investigación, de vigilar al señor Park Minseok y de cuidar de Jimin, lo único en lo que verdaderamente podía pensar era en Taehyung.
Taehyung rozando su mano. Taehyung abrazándolo. Taehyung lamiéndose los labios. Taehyung. Taehyung. Taehyung.
Se estaba volviendo loco y sabía que en parte tenía la culpa de todo. Siempre que se preguntaba por qué estaba tan obsesionado, las cicatrices de la muñeca le recordaban su pecado y más terrible secreto.
¿En qué se habían convertido? Taehyung no quería morderlo pero Jungkook se lo consentía y lo hacía volverse un monstruo sin querer… Aunque ya habían hablado mil veces de ello y el semi-vampiro le aseguraba que intentaba enfocarlo de otra forma, Jungkook sabía que era mentira y que, en realidad, se arrepentía siempre que los efectos de su sangre se desvanecían.
Pero no podía parar. Jungkook lo necesitaba y sabía que eso iría a peor. Aunque jamás se imaginó cuánto.
—¿No te han dicho que uno se viste en el baño? —comentó Taehyung cuando lo vio entrar por la puerta con tan solo una toalla puesta.
—Llevo la ropa interior debajo —se justificó Jungkook. Aunque ya se había puesto totalmente colorado—. Además, me he olvidado la ropa.
—Lo sé —Taehyung señaló la cama de Jungkook donde había una camiseta ancha y unos pantalones viejos—. ¿Estás comiendo bien?
Jungkook se miró el cuerpo. Cada vez tenía más músculo pero era cierto que estaba algo más delgado.
—Sí, ¿por qué?
Taehyung se levantó y lo abrazó por la cintura. El mero roce de los brazos del otro en su piel hizo que se estremeciera. El corazón y la muñeca empezaron a latirle al unísono.
—Estás mucho más delgado —sentenció Taehyung apoyando su barbilla en el hombro del licántropo—. Debería beber menos. O dejarlo.
—¡No! No… —se corrigió. Había sonado muy desesperado—. Estoy bien. Es que Seokjin ya no prepara tanta comida. Estoy bien, te lo aseguro. De hecho… Tú tienes mal aspecto. ¿Has comido?
—Seokjin ya no prepara tanta comida —dijo Taehyung encogiéndose de hombros—. Pero estoy bien. Estoy más bien preocupado por Jimin y todo esto.
—¿Quieres hablar? —Jungkook no sabía muy bien qué hacer.
—Ya hablamos todo el día de esto. Me gustaría estar un momento sin pensar en nada, simplemente evadirme. Pero sé que es egoísta.
Jungkook se miró la muñeca y luego a Taehyung. Quizá era la única forma y él quería hacer feliz a su mejor amigo. Aunque aún le dolía un poco la cicatriz y cada vez costaba más de cerrar.
—Taetae —susurró con vergüenza. El mayor lo miró—. Ven.
Taehyung se acercó sin saber muy bien qué hacer. Jungkook aprovechó para abrazarlo y dejar sus labios justo en el cuello. Notó cómo todo el cuerpo del semi-vampiro se contraía y luego se quedaba paralizado y, después, el corazón latir con fuerza.
Jungkook cerró los ojos y esperó pero sólo recibió besos y pequeñas lamidas en el cuello. Con fuerza, agarró a Taehyung de la nuca y presionó más contra su cuello.
No estaba pensando con claridad. Sólo quería que la persona a la que más quería dejara de sufrir, de pensar en cosas que le hicieran daño. Y él haría cualquier cosa. Ni las marcas en el cuello, ni la furia de Namjoon, ni tampoco la culpabilidad de Taehyung le importaban. En ese momento sólo eran ellos dos.
Por fin, cuando menos lo esperó, Taehyung mordió y lo hizo con tanta suavidad que Jungkook no sintió dolor, sino una descarga de placer que bajó desde el cuello hasta los pies. Soltó un gemido lastimero cuando Taehyung empezó a beber, pero no era como las otras veces. Esta vez era muy diferente y ambos eran conscientes.
Mientras se perdía en la neblina del placer, Taehyung dejó de beber pero Jungkook no se dio cuenta hasta que notó el aliento cálido en los labios. Cuando abrió los ojos tenía a Taehyung mirándolo con intensidad y la boca manchada de sangre. No sintió repulsión, sino todo lo contrario.
Antes de que el otro pudiera actuar, el cuerpo de Jungkook ya se había impulsado hacia delante para besarlo. En menos de un segundo notó el sabor a sangre y la lengua de Taehyung. Jungkook era un novato, pero su amigo se encargó de que aprendiera rápido. Casi no lo dejó respirar y tampoco quería, porque sabía que en el momento que se separaran Jungkook recobraría la cordura.
—¡Ahora los aviso para cenar! —La voz de Hoseok sonó mucho más cerca de lo esperado. La pareja se separó al instante y miró con pánico hacia la puerta—. ¡Chicos!
Taehyung fue corriendo hacia el escritorio para limpiarse la boca con toallitas y Jungkook fue a por un jersey de cuello alto para taparse la herida. Pero Hoseok sólo asomó la cabeza.
—A cenar —avisó casi sin mirarlos para hacer la gracia—. En dos minutos vendrá Seokjin así que vestiros.
—Puedes unirte, Hoseok —bromeó Taehyung como si nada.
—Eh, no, gracias —Y cerró la puerta.
Jungkook no podía creer lo que acababa de pasar. Tenía el corazón a mil y estaba claramente excitado. Pero lo que más le aterraba era la reacción de Taehyung. Antes de que éste pudiera decirle algo, cogió ropa limpia y salió corriendo hacia el baño.
Sí, había sido de cobarde y la estrategia más humillante posible, pero es que Jungkook no entendía nada. O, al menos, le daba miedo entenderlo.
Yoongi no solía quedarse en el comedor hasta tarde, pero aquella tarde se había quedado totalmente dormido. Era verano y hacía muchísimo calor. Sabía que tenía cosas que hacer, pero la pereza fue tan grande que acabó durmiéndose.
Por eso fue el único en darse cuenta que Jimin estaba saliendo por la puerta con sigilo. Al parecer, el ángel no lo vio cuando pasó a oscuras por el comedor.
—¿Vas a algún sitio? —preguntó en un susurro.
Jimin pegó tal respingo que parecía que Yoongi le había gritado en la oreja.
—¿Qué haces a oscuras en el comedor?
—Absorber las sombras para alimentar mi maldad. ¿Tú qué crees?
—¿Te ha mandado Namjoon a controlarme?
—¿Debería hacerlo? —Yoongi encendió la lamparita. Jimin se apartó de la luz.
Era inútil que lo hiciera, por supuesto. Jimin era pura luz.
—No. Yo me tengo que ir.
—Sé a dónde vas —Yoongi lo sospechaba incluso antes de que Jimin lo hubiera pensado —. ¿Estás seguro?
Jimin dudó un momento pero asintió con lentitud.
—Sí… Tengo que hacerlo.
Yoongi suspiró. Por una parte quería darle con cualquier objeto en la cabeza y obligarlo a quedarse, pero eso sería muy impropio de él. No era la niñera de nadie y tampoco tenía que preocuparse por el ángel. Nadie podía obligarlo a hacerlo. Ni siquiera su triste y pobre corazón humano.
—No te fíes de él —dijo fingiendo desinterés.
Se sentó malhumorado en el sofá y se cruzó de brazos.
—Gracias por el consejo —susurró Jimin antes de desaparecer.
—Un «ten cuidado» hubiera quedado más digno, Min Yoongi —Hoseok asomó la cabeza por la puerta que daba al pasillo.
—Vete a la mierda.
Jimin sentía verdadero miedo. Hacía tiempo que no iba solo por las calles de Seúl, siempre sabía que tenía un amigo resguardándole las espaldas, pero había decidido ir solo. ¿Por qué no le había pedido a Yoongi que lo acompañara? Todo sería mucho más fácil.
Pero había decidido ir solo porque era el único que creía en Park Minseok, que sabía que podría darle respuestas y el único al que se las daría.
Habían quedado en una zona residencial tranquila justo al lado del río Han. Park Minseok lo esperaba sentado en la sombras. Tenía un aire melancólico y algo dejado. A Jimin le dio pena.
—¿Señor Park? —preguntó más débil de lo que pretendía.
—Jimin —El hombre se levantó y caminó hacia él con un leve cojeo—. Me alegro que quisieras venir. ¿Te apetece dar un paseo?
Jimin asintió, aunque en realidad no quería alejarse mucho de la civilización. Las palabras de Yoongi se repetían una y otra vez en su cabeza. Que no confiara en él. ¿Pero por qué?
De repente empezó a sentir dudas. Todo oscuro, a solas y tan lejos de casa… ¿Y si realmente era una trampa?
—Señor Park… Yo…
—Aquí está bien, Jimin —El hombre se quedó mirando hacia el río. Jimin se quedó varios pasos atrás—. Te he llamado para algo y no te irás con las manos vacías.
—Entonces, ¿me ayudarás de verdad?
Park Minseok se giró con una sonrisa triste en los labios. Jimin sintió pena por él.
—Sí, Jimin. Voy a contarte toda la verdad.

Cada vez se pone mejor *-*
ResponderEliminarEsperare el siguiente capitulo~
Jsosokssjjaoakedn
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