SENIOR ROOM


Senior Room es un proyecto creado por nininoona y leadari, autoras de Fanfiction dentro del fandom del K-Pop o música coreana.

martes, 27 de junio de 2017

{Hybrida} Capítulo 26



Jungkook estaba intentando por todos los medios posibles no encontrarse mal, pero no era decisión de él, por supuesto. Su cuerpo estaba expulsando todo el veneno —si se podía llamarlo así— que contenía de Taehyung. Por su parte, su ahora novio —y Jungkook hacía grandes esfuerzos por no sonrojarse cada vez que lo pensaba— tampoco lo estaba pasando muy bien.
Soportar los mareos y las náuseas era lo más fácil. Sin embargo, cuando llegaba el momento del dolor de estómago y las ganas de ser mordido —o de morder, en caso de Taehyung—, Jungkook salía corriendo en forma lobuna hacia el exterior.
No soportaba esa necesidad de tenerlo cerca, como tampoco tener que preocuparse por aquella estupidez cuando Jimin estaba pasándolo tan mal.
Los acontecimientos se podían resumir en lo siguiente: La madre de Jimin también era la madre de Yoongi, Minseok estaba ayudando a la señora Park a recordarlo todo, Namjoon y Seokjin parecían más ausentes de lo normal, Yoongi se había vuelto a encerrar en sí mismo y Jimin con él. Mientras, Hoseok estaba intentando sostenerlos a todos, pero incluso él estaba agotado.
Habían pasados varios días, pero Jungkook pensaba que el mundo estaba cambiando a pasos de gigante, como si llevaran años y no días. Eso lo asustaba, pero aún más las nuevas sensaciones.
—No puedo más —jadeó mientras tiraba de la cadena. Había vuelto a vomitar—. No puedo soportarlo más.
—¿Kookie? —Jungkook sintió ese tirón de necesidad en el estómago cuando su novio lo llamó. No se levantó para abrir el pestillo—. ¿Estás bien? Sé que acabas de vomitar.
Por supuesto que lo sabía. Los síntomas eran parecidos y solo había un baño en la casa.
Poco a poco, y como si el cuerpo le pesara cinco toneladas, Jungkook se levantó y abrió la puerta del cuarto de baño. Taehyung se metió dentro y cerró con pestillo.
—Lávate los dientes, anda.
Jungkook asintió y obedeció. Mientras, Taehyung observaba al menor con detenimiento. Otra vez esa mirada feroz. Otra vez el dolor en el estómago y la necesidad de lanzarse a los brazos de su novio. Otra vez la culpabilidad por pensar en obscenidades vampirescas mientras sus amigos lo estaban pasando tan mal.
Sin embargo, Jungkook era medio lobo y siempre, siempre, ganaba su instinto animal. Incluso antes de acabar de lavarse los dientes, Jungkook se lanzó contra Taehyung y empezó a besarlo con tal necesidad que pensó que se ahogaría en sus labios. Taehyung respondió al instante y lo abrazó, atrayéndolo más hacia su cuerpo, sin dejar ningún rincón del cuerpo del pequeño por cubrir.
—Te sabe a pasta de dientes —pudo vocalizar Taehyung entre beso y beso. Jungkook gruñó como respuesta, cegado aún por la necesidad de ser mordido y de Taehyung. ¿Qué demonios le estaba pasando?
Llevaban días así. Porque sí, no había sido mordido por Taehyung, no al menos hasta beber de su sangre, pero sí que le había dado suaves mordiscos por todo el cuerpo, y besos por partes que jamás hubiera imaginado. Literalmente, habían pasado de cero a cien demasiado rápido.
¿Lo peor? Le gustaba y demasiado.
—¿No quieres ir a la habitación? —susurró Taehyung ya sin camiseta y con los pantalones desabrochados. Jungkook negó—. Esto será un poco incómodo.
Jungkook escondió la cabeza en el cuello de Taehyung e intentó tranquilizarse. Siempre temía ir a la habitación por si la cosa llegaba a más. No sabía de la experiencia de Taehyung, pero sí sabía de la suya. Cero. No sabía nada sobre sexo, cómo hacerlo, cómo hacer sentir mejor a su novio. Taehyung le había dicho que simplemente siguiera sus instintos, pero dudaba que todo lo que se le pasaba por la cabeza a Jungkook cuando tocaba a su novio fuera normal.
—Pero no entrará Hoseok —consiguió decir entre jadeos. Era una excusa absurda para ocultar su miedo e inexperiencia.
Taehyung se encogió de hombros y lo volvió a besar. Jungkook se dejó hacer, porque siempre llegaba un punto en que el mayor empezaba a llevar la delantera y a recorrer cada tramo de su cuerpo con los labios.
A Jungkook le gustaba sentirlo. Y a Taehyung le gustaba morderlo. En ese momento, con su novio entre las piernas besándole en la ingle, Jungkook se sintió culpable al darse cuenta que no habían estado portándose bien del todo. Porque Taehyung siempre acababa bebiendo un poco. Un rasguño inocente en el muslo, o quizá en el pecho, y luego, con mucha lentitud, Taehyung lo limpiaba con la lengua.
No estaba bien. Definitivamente aquello no estaba nada bien, pero Jungkook escondería su culpabilidad en lo más profundo de su corazón cuando mirara a los ojos a Jimin, porque otros lo estaban pasando muchísimo peor.

—No sé si me gusta o disgusta la situación —Seokjin estaba en el comedor ordenando todos los libros que Jimin había traído. El chico había pensado en llevarlos de nuevo a su antigua casa, pero como habían decidido que era mejor que se quedaran allí, aún los tenían en las estanterías del comedor. Limpiarlos era toda una odisea, pero al menos Seokjin estaba entretenido durante una hora.
Namjoon lo miraba desde el sofá. Parecía no estar haciendo nada, pero en realidad estaba pensando en cómo hablar con la jefa, en cómo abordar el tema, en cómo llevar la situación en general y no acabar tirándose por la ventana.
—¿Te refieres a Jimin y Yoongi? —preguntó el semi-dragón.
—No. Bueno, sí. Bueno, no lo sé. Me refiero a la madre de Jimin y a Minseok. ¿No te has dado cuenta? Parece que están muy unidos ahora. Sabes que no me gusta pensar mal, pero la sensación que me da es de…
—De que él se aprovecha y la está seduciendo —acabó la frase Namjoon—. Quizá tengas razón. Se conocían de antes, ¿no? Quizá siempre estuvo enamorado.
—No es lo mismo —Seokjin se giró con un libro entre las manos a medio limpiar. Namjoon alzó una ceja—. Por ejemplo, el amor de Taehyung y Jungkook se ve antiguo, eterno. Con él siento otra cosa, pero no sé el qué. Me frustra mucho. ¿Qué?
Namjoon sonrió.
—¿Has visto el libro que tienes entre las manos? No sabía que Jimin era de esos…
Seokjin bajó la mirada y leyó el título: 50 sombras de Grey. Con un suspiro, lo dejó en la estantería.
—Como si tú y yo no hubiéramos hecho la mayoría de las cosas que deben salir ahí —dijo poniendo los ojos en blanco.
Namjoon se levantó y abrazó a su novio por la espalda. Seokjin se dejó mimar. Llevaba días en tensión, teniendo visiones desagradables con mucha sangre y flores. Ciclamen, la flor de la desconfianza, dalia, la de la inestabilidad, dondiego, de las esperanzas perdidas. Ébano falso, abandono. Y, sobre todo, rododendro, con el peor significado: peligro. Lo peor, es que ya estaban en una situación difícil, pero él veía el futuro, no el presente, y eso lo asustaba aún más.
—Si quieres me lo leo y saco ideas —sugirió Namjoon con una sonrisa en los labios.
—O piensas en cómo contactar con la jefa para poder solucionar todo esto —Seokjin se giró hacia Namjoon—. ¿Ha recordado algo útil?
Se odió por sacar el tema porque la frustración volvió al rostro de Namjoon. Hacía un segundo era el de siempre, un chico de su edad sin ninguna preocupación, pero había envejecido de golpe con las palabras de Seokjin.
—No, sólo recuerdos con Jimin. Es extraño que Yoongi sea su hijo, pero no lo recuerde… Aunque también es cierto que se lo arrebataron y lo convirtieron en un híbrido.
—Quizá lo más fácil era olvidarlo y pensar en que sólo tenías un hijo. Si a mí me hicieran eso… —Seokjin pensó en que le arrebataran a lo que más quería en el mundo y lo convirtieran en un monstruo. Pensó en su padre y madre, pensó en todos los híbridos de la casa huérfanos. Todos habían sido abandonados por su especie. La madre de Jimin también. Pero comprendió el error. Sin embargo…—. Espero que recuerde algo útil durante estos días. Siento que se nos acaba el tiempo.
—Y la paciencia de algunos —dijo Namjoon—. La situación es delicada. Jimin está intentando integrar a Yoongi en la familia, pero el chico está tan ciego que no ve que…
—Lo sé —Seokjin detuvo las palabras de su novio poniéndole un dedo en la boca—. Sé lo que siente Yoongi y también lo que siente Jimin. Aunque sea un buen chico, a veces intenta autoconvencerse de sentimientos que no son sinceros en él.
—Acabará matándose por dentro —concluyó Namjoon.
—O eso hará que reaccionen.
Namjoon suspiró y se apretó más a Seokjin, dándole un cálido beso. Todo estaba resultando más difícil de lo pensado. Pero al menos aún podían estar juntos.

—¿Pero por qué todo el mundo tiene que darse amor en las habitaciones comunes de la casa? —Hoseok cerró dando un portazo. Yoongi levantó la cabeza justo en el momento en que el chico se tiraba de forma dramática sobre la cama—. ¡Al final os pagaré un hotel!
—¿Os? Yo no he hecho nada.
—Vamos, Yoongi, que no nací ayer —Hoseok rodó hasta ponerse de lado y mirar a Yoongi—. Taehyung y Jungkook no dejan de mancillar habitaciones. Seokjin y Namjoon ya les da igual tocarse delante de nosotros. ¿Qué clase de padres son? Luego normal que los pequeños salgan así de pervertidos. Y también son unos dramáticos, que ahí es de donde aprendéis tú y Jimin.
—¿Perdona?
—¿Qué? Me vas a decir que no es verdad. Es que parece sacado de uno de esos libros que le gustan a Jimin. El otro día vi parte de la serie esa de Cazadores de sombras, ¿no? Donde también decían que eran hermanos.
—Pero eso es la ficción y esto es la realidad —dijo Yoongi recordando haberse leído el libro. Era cierto, no se acordaba de esa parte. Rio por lo irónico de la situación. Uno de los libros favoritos de Jimin y estaba siendo recreado. Magnífico.
—Bueno, podrían escribir una novela de nuestra vida y ser perfectamente mejor que Cazadores de sombras o esos libros de fantasía juvenil —Hoseok movió la mano restándole importancia—. Mira, Jimin, Taehyung y Seokjin de chicas. Y tú, Jungkook y Namjoon de tíos. Yo también saldría, pero seguro que me ligaría a una moza súper guapa o algo así de alguna especie. Hada o eso.
—Qué bien pensado lo tienes, ¿no? —Yoongi alzó una ceja. Hoseok sonrió aunque sabía que lo había pillado.
—Pues lo dicho. Entonces, la protagonista sería Jimin, que llegaría nueva y tú serías el chico típico frío y distante que luego tiene un corazoncito que la prota descubre. ¡Oh, Dios! ¡Ya lo veo! —Hoseok se incorporó—. ¡Podría escribir una novela de esto!
—Primero. Te mataríamos todos por desvelar nuestro secreto. Segundo: no tiene sentido lo mío con Jimin, lo siento mucho, pero no sé qué te has imaginado.
—Yoongi. Acerté con Jungkook y Taehyung. Sé que no hablo mucho, no al menos en los momentos decisivos y que a veces estoy un poco fuera de la ecuación, pero observo más de lo que pensáis.
Yoongi sintió que en su interior algo se removía. Pensó en la mitad demonio que tenía dentro, retorciéndose para poder envenenar la parte humana. Esa parte que poco a poco había ido ganando terreno.
Una parte de la que Yoongi tenía muchísimo miedo.
—Oye, Hoseok… Si te cuento algo, ¿no se lo dirás a nadie?
—¡Dios! ¡Siempre he querido que me cuentes un secreto! ¡Dime! —Hoseok se sentó con las piernas juntas y la boca medio abierta esperando a que Yoongi hablara.
—Tienes pinta de tonto —dijo Yoongi, pero en realidad estaba atrasando todo lo que quería decir. De repente, sintió un pánico tan grande que incluso estuvo a punto de no reconocerlo—. Déjalo. Olvídalo. Me voy a dormir.
—No, ahora me lo cuentas o te juro que te molestaré cada segundo de tu vida hasta que me lo cuentes.
Yoongi pensó en matar a Hoseok y esconder el cadáver, esperando a que nadie se diera cuenta. Pero todos lo notarían y sería todo un engorro tener que dar explicaciones, porque entonces tendría que confesar lo que iba a confesarle a Hoseok, y eso sería muchísimo peor.
Al final, y porque le daba mucha pereza tener que limpiar la sangre, decidió soltarlo.
—No sé lo que siento por Jimin. Es extraño, pero sé que hay algo más que simple cariño conformista como con vosotros…
—Vaya, gracias.
—Pensaba que simplemente lo estaba aceptando dentro del grupo, pero al saber que somos hermanos simplemente pensé que… Que todo era una puta mierda.
—Esto se tendría que censurar en el libro, ponerlo más bonito. Algo así como: Pensé que mi mundo se venía abajo y no podía casi ni respirar.
—Hoseok, estoy hablando en serio. Deja de decir gilipolleces —gruñó Yoongi. Hoseok cerró la boca por primera vez en años—. Tengo miedo a todo esto, porque no quiero hacerle daño, ni tampoco volver a sufrir yo, ni nadie. Estoy podrido por dentro y Jimin es todo lo contrario a mí. ¿Cómo ha podido entrar? ¿Cómo ha podido…?
—Yoongi…
—Como hagas una puta broma sobre el libro te juro que te arranco la cabeza.
Hoseok tragó saliva.
—No, Yoongi. No estás podrido por dentro, en serio. Eres mitad demonio y mitad humano. Por ejemplo, mira Seokjin. Es todo bondad y no hay nada de ese egoísmo de las hadas en él. O Taehyung, como intenta no hacer daño a un ser vivo siempre que puede aunque los vampiros tratan a los mortales como si fueran simple comida. O yo, las sirenas son gente etérea y mírame a mí, un chico totalmente normal. El ser híbrido nos da una opción que los seres de pura sangre no tienen, y es que podemos escoger quiénes somos. Podemos ser buenos aunque seamos medio demonio, igual que podemos ser malos siendo medio ángel. Podemos escoger no herir a un ser vivo aunque deseemos su sangre o querer a los demás como un igual aunque seamos todos diferentes. Somos híbridos, somos los únicos y somos quienes decidimos cómo queremos ser. Yoongi, si fueras un demonio no estarías entre nosotros, si no tuvieras corazón no te hubiéramos querido como a uno más. Te has refugiado en un caparazón para no sufrir y no hacer sufrir a nadie, y eso es más humano de lo que una persona normal y corriente puede esperar. El único que tiene miedo al demonio que hay dentro de ti eres tú mismo.
Yoongi no supo qué decir. Se quedó mirando a Hoseok, que sonreía con tristeza pero sinceridad. Jamás lo había pensado de esa forma. Siempre había estado condicionado por su demonio interior y por haber sufrido tanto en el pasado. Había creado una coraza contra el mundo pensando que así los iba a proteger a todos, pero sólo estaba haciendo daño a las personas que quería y a él mismo.
Sí, era medio demonio, pero también humano. Su sangre era roja, lloraba, sufría y también, como había descubierto, podía amar. A la vida, a su vida cotidiana, a los gritos de los más pequeños en la mesa, o a la sabiduría de los mayores. Aunque siempre se quejaba, aunque siempre se intentaba alejar de ello, la verdad es que la ausencia de todas esas cosas lo dejaría vacío por dentro.
Los quería, al igual que también había acabado queriendo a Jimin.
—Hoseok… muchas…
—Dios, me ha quedado tan bonito que lo tengo que apuntar corriendo para ponerlo en mi novela. Oh, ¿querías decir algo, Yoongi?
—Sí, que eres un completo gilipollas.
Hoseok sonrió con malicia y salió corriendo hacia el comedor. Aunque volvió a gritar cuando descubrió que Namjoon y Seokjin seguían demostrándose amor. Yoongi, en la soledad de la habitación, sonrió con tristeza.
—Y gracias.

Jimin había intentado ser lo más silencioso posible, pero cuando entró en el comedor se encontró de pleno con Yoongi en el sofá. Al principio creyó que estaba dormido, pero luego descubrió que simplemente estaba esperándolo.
Intentó no delatarse cuando fue a la cocina, pero sus movimientos eran demasiado calculados y su cara demasiado neutra para engañar a Yoongi. Lo acorraló en la cocina.
—¿Se puede saber dónde has estado? —preguntó.
Jimin, por un momento de absurda locura, se lo imaginó con bata y rulos en la cabeza como si fuera una madre, pero desechó corriendo esa imagen porque temía que Yoongi le pudiera leer la mente y matarlo al enterarse.
—Daba una vuelta con alguien —dijo sin poder mentir del todo. Odiaba a su parte ángel por eso, porque tenía que ser su culpa seguro.
—Vaya, ¿con alguien? ¿Y ese alguien por casualidad es un alguien del cual te he dicho mil veces que no vayas a solas con él? —gruñó.
Jimin se sintió culpable pero a la vez se enfadó. Era cierto que Yoongi —y quizá también Namjoon, Seokjin, Taehyung, Hoseok y Jungkook— le habían dicho que no fuera a solas con Minseok, ni con nadie en particular, por si le tendían una trampa, además de que aún no se fiaban del todo de Minseok. Pero Jimin confiaba en él, al menos lo suficiente para saber que le decía la verdad, al menos de toda la que era capaz de recordar. Por eso quedaba con él, porque alguien tenía que darle un voto de confianza si querían sacar información y tenía que ser él.
—Yoongi, lo siento, pero no me ha pasado nada, ¿ves? Estoy bien. Además que haciendo esto voy ganando su confianza y consiguiendo información.
—¿Qué información? ¿La que ni siquiera sabes si es verdad? —Jimin notó que Yoongi empezaba a enfadarse de verdad. Y, por algún motivo, él también lo estaba.
Quizá era porque estaba harto de ser el débil y que todos se preocuparan por él, o quizá porque era injusto que Yoongi demostrara preocupación a esas alturas de la película, justo cuando sabían que eran hermanos.
—Mi madre sabía tu nombre, además que confía en Minseok también aunque no recuerda nada, siempre ha sido muy intuitiva —se defendió. Yoongi frunció más el ceño—. Además, no eres mi madre, Yoongi.
—No, no lo soy, soy tu puto hermano mayor.
—Pues no hace falta que ejerzas ahora de hermano, gracias. Estábamos bien como estábamos.
Jimin se había pasado. Lo supo en el momento en que Yoongi lo empotró contra la nevera. Tenía el rostro tan cerca que casi podría besarlo, pero sus ojos eran negros como una noche sin luna y empezaba a tener miedo.
—No he sido yo el que ha estado todos estos malditos días intentando fingir que podíamos ser una familia feliz. ¿Te piensas que quiero esto? ¿Que me encanta saber que soy tu jodido hermano? Pues estás equivocado, odio serlo.
—Pues lo siento por tener la misma sangre que tú. Ojalá nunca hubiera sabido nada de esto. Ojalá no os hubiera conocido y así no tendrías que odiarme.
Yoongi sonrió con sarcasmo.
—Park Jimin, odiarte hubiera sido más fácil que lo que siento en realidad.
Por un segundo, Jimin sintió que el mundo se abría bajo sus pies y flotaba. Después, cayó mucho más abajo en picado cuando recordó que, a pesar de todo, Yoongi y él eran hermanos.
Cuando Yoongi lo dejó solo, Jimin sintió un vacío en su interior. Con amargura, enterró las palabras del semi-demonio en lo más profundo de su corazón e intentó recordar cómo se respiraba.
Era injusto. Demasiado injusto. ¿Cómo podría soportarlo? 

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