SENIOR ROOM


Senior Room es un proyecto creado por nininoona y leadari, autoras de Fanfiction dentro del fandom del K-Pop o música coreana.

martes, 18 de julio de 2017

[Hybrida] Capítulo 27



                  La única cosa que hizo que Jimin y Yoongi no explotaran —o, más bien, implosionaran— fue la llamada que recibió Namjoon a la madrugada siguiente. Estaban todos durmiendo, incluso los más trasnochadores, cuando a las cuatro y cuarenta y dos de la noche empezó a sonar el móvil del medio dragón. Fue Seokjin el que, de entre sus brazos, zarandeó al otro para despertarlo.
                  —Namjoon, el móvil.
                  Namjoon gruñó por lo bajo y, después de unos cuantos manotazos y una lámpara rota —la tercera ese mes, las noches de pasión de los dos chicos eran beneficiosas para ellos pero nocivas para el mobiliario—, consiguió descolgar el aparato.
                  —¿Sí?
                  —Namjoon, soy yo.
                  Ante esa voz, el chico se desperezó de golpe. Se incorporó tan rápido que Seokjin estuvo a punto de acabar de culo en el suelo.
                  —Tú...—musitó Namjoon. Después de todo lo que sabían, no encontraba las fuerzas para llamarla «jefa» una vez más.
                  Si la mujer se sorprendía de ese trato por parte del chico, no lo demostró.
                  —Mañana, en los almacenes G de la zona industrial, a las once de la noche. Venid todos. Es hora de que sepáis toda la verdad.
                  —¿Qué? —musitó Namjoon, segundos después, sorprendido. No se esperaba eso para nada.
                  —Mañana, a las once, almacenes G. Por favor.
                  Y, después de ese «por favor» que sonaba tan a súplica, colgó. Namjoon se quedó mirando a un punto fijo sin acabar de computar los últimos minutos de su vida.
                  —¿Namjoon? ¿Era ella? ¿Qué te ha dicho? —preguntó Seokjin, preocupación tiñéndole la voz. Su novio tardó unos segundos en reaccionar.
                  —Nos ha citado. Mañana, de noche, en la zona industrial. Me ha pedido que vayamos todos.
                  Seokjin lo miró con incredulidad.
                  —¿Todos? —El otro asintió—. Nunca nos había pedido algo así. Hace tanto tiempo que la vimos por última vez...
                  —Que haya escogido este momento, de entre todos, es muy raro —Seokjin asintió, dándole la razón—. Muy raro, Seokjin.
                  El hada captó a qué se refería.
                  —¿Quieres decir que se trata de...?
                  —Una trampa. Es muy probable. ¿Por qué si no citarnos, de repente, a todos? Nunca antes lo había hecho. Ni siquiera me había citado a mí —explicó él, rabia y frustración en la voz—. Tal vez se ha dado cuenta de que enviando a criaturas con cuentagotas no funciona, y…
                  —Se quiere deshacer de nosotros de una vez por todas —terminó Seokjin, la mirada fija en la lámpara rota en el suelo, pero sin acabar de ver el estropicio. Su mente le iba a mil por hora, igual que al otro chico.
                  Parecía mentira que pudieran creer algo así después de tantos años llevando a cabo sus misiones, acabando con criaturas malvadas y, en general, haciendo lo que ellos creían un bien común. Era impensable que desconfiaran así de la única persona que los ha estado guiando en la vida, por ambiguas que fueran sus pistas.
                  Sin embargo, Namjoon necesitaba una excusa. La había necesitado desesperadamente desde hacía tiempo, y no se había dado cuenta hasta ese momento. Había necesitado algo que le permitiera desviarse del camino y descubrir más cosas sobre su naturaleza, algo con lo que romper con su monotonía. Algo que lo hiciera sentir más vivo.
                  Tal vez era una trampa, o tal vez Minseok estaba mintiendo, o tal vez nadie sabía la verdad absoluta y todos tenían parte de razón, pero por lo menos Namjoon tenía una oportunidad para acabar con todo aquello de una vez por todas.
                  —¿Voy a despertar a…?
                  —No, esperemos. Que descansen tranquilamente todo lo que puedan. Esta noche vamos a necesitar toda la energía posible.
                 
                  Unas horas más tarde, Namjoon y Seokjin transmitieron el mensaje de la jefa al resto, cuando estuvieron todos reunidos alrededor de la mesa del desayuno. Minseok, que había ido a ver a la madre de Jimin y Yoongi a primera hora de la mañana, también estaba ahí.
                  —¿Estáis seguros de que queréis ir? Podría ser peligroso —dijo el hombre, preocupado—. Si realmente se trata de una trampa…
                  —No tenemos otra opción. Puede que sea la única oportunidad de desenmascarar la organización —Namjoon se giró hacia el resto, que lo miraban en silencio—. No os obligaré a que vengáis si no queréis. Es probable que se produzca la peor batalla de nuestras vidas, y no os puedo pedir que arriesguéis vuestras vidas por esto.
                  —¿Se puede saber qué gilipolleces dices, Namjoon? ¿Te crees que nos vamos a quedar de brazos cruzados, llorando como nenas? —resopló Yoongi, que no había mirado a Jimin en toda la mañana.
                  —No tenemos otra alternativa —asintió Hoseok—. Esto es por lo que hemos esperado todo este tiempo, ¿no? Está claro qué vamos a hacer. ¿Verdad?
                  El resto asintió ante las palabras del medio tritón. Namjoon y Seokjin sonrieron, agradecidos, antes de que el líder volviera a ponerse serio.
                  —Esta noche pueden pasar muchas cosas. Puede cambiar todo para siempre. Hay que ir preparados para una posible pelea. Os quiero a todos listos para irnos a las diez.
                  —No puedo venir con vosotros, porque en cuanto me viera, ella sospecharía algo —dijo Minseok, afligido—. Pero os estaré cubriendo la retaguardia, por si las cosas se ponen feas. No dudéis en pedir ayuda si la necesitáis, ¿está claro?
                  Lo dijo en general, aunque miraba a Jimin con unos ojos casi paternales. Asintieron.

                  Cada cual pasó esas horas muertas como pudo. Yoongi y Jimin, por su parte, se dieron un alto al fuego y fueron a entrenar una última vez, ya que la experiencia de Jimin en batallas era bastante escasa y sabían que esa noche podían vérselas muy negras. Mientras volvían al apartamento a media tarde, secándose el sudor con toallas y antes de que uno de los dos se metiera en la ducha, se encontraron a Hoseok volviendo a casa con una sonrisa aún más boba que de costumbre —palabras textuales de Yoongi—. Ambos chicos lo miraron con curiosidad.
                  —Hoseok, ¿eso es…? —empezó Jimin, mirándole el cuello al medio tritón.
                  —¿Un chupetón? —terminó Yoongi, mucho más directo. Por primera vez en los meses que Jimin llevaba con ellos, vio a Hoseok sonrojarse hasta las pestañas, soltar una risita y encogerse de hombros.
                  —Puede —dijo, simplemente, y se metió a la cocina canturreando una canción de la radio.
                  Jimin y Yoongi se miraron.
                  —¿Qué…?
                  —Déjalo. Será mejor fingir que no hemos visto nada —Jimin, mientras se giraba para ir al baño, asintió.
                  Mientras se metía en la ducha, pensaba en la pelea que había tenido con Yoongi el día anterior, y lo rápido que lo habían dejado de lado esa mañana, como si no hubiera pasado nada. Normalmente tardaban un poco más en solventar sus diferencias, pero esa vez…
                  «Soy tu puto hermano mayor».
                  ¿Tendría algo que ver? Jimin había intentado adaptarse al hecho de que Yoongi también fuera hijo de su madre. Había puesto todo lo que pudo de su parte, pero eso no significaba que el pecho le doliera cada vez que recordaba que Yoongi y él compartían sangre.
                  Después de todo, de lo mal que se llevaban al principio y de lo mucho que habían avanzado todo ese tiempo, parecía una broma de mal gusto.

                  Jungkook y Taehyung llevaban todo el día juntos, pero ignorándose deliberadamente. Estaban en sus respectivas camas, Taehyung leyendo —uno de los libros de Jimin, como habían hecho ya casi todos los miembros del grupo— y Jungkook jugando a un videojuego en el ordenador portátil que compartían. No es que hubieran discutido, pero, después de los acontecimientos de unos días atrás, los instintos animales de los chicos estaban más agudos de lo normal, y eso era peligroso. Ya estaban tentando demasiado a la suerte día a día. Sabían que, tarde o temprano, cruzarían la línea otra vez. Notaban su situación tensa, como una cuerda, y que si tiraban demasiado de ella, acabarían por romperla. No les faltaba mucho, y menos con el anuncio de Namjoon y Seokjin esa misma mañana.
                  No era ningún secreto que, de entre todos, los que peor habían salido de las batallas de esos últimos meses habían sido ellos dos. Tanto Jungkook como Taehyung habían vuelto medio muertos y moribundos en más de una ocasión, haciendo que el otro quisiera partir el mundo en dos con tal de hacer pagar al culpable. Saber que uno de sus compañeros podía morir en cualquier momento era duro, pero si se trataba de la persona a la que más querías, teniendo en cuenta que habían rozado la desgracia más de una vez... ambos estaban inquietos, por decirlo de manera suave.
                  Finalmente, Jungkook resopló, apartó el ordenador y se giró hacia Taehyung, que desvió la mirada del libro.
                  —No quiero que esta noche arriesguemos nuestras vidas y haberme pasado todo el día sin apenas mirarte —dijo el menor, claramente frustrado. Taehyung dejó el libro a un lado y también se incorporó.
                  —A mí tampoco me gusta mucho esa idea, la verdad —admitió. Vio a Jungkook mirarlo con sus ojos de cachorrito abandonado, y suspiró—. Ven aquí.
                  Jungkook pasó de una cama a otra en medio segundo, sentándose en el regazo de Taehyung y abrazándolo inmediatamente. Él era un poco más grande en cuanto a estructura, pero Taehyung compensaba con su presencia y maneras.
                  —Esta noche, cualquiera de los dos podría acabar muerto.
                  Taehyung separó al chico de él.
                  —Jungkook, no.
                  —Es la verdad, Tae. Sé que tú también lo piensas. Sé que todos lo pensamos.
                  Taehyung se lo quedó mirando unos instantes antes de sonreír con cariño.
                  —Si muero, por lo menos sé que será enamorado de la persona más especial de este mundo.
                  Jungkook se puso rojísimo y hundió el rostro en el cuello de su novio.
                  —Tae, creo que has tenido suficiente con lo que has leído de los libros de Jimin. Os van a lavar a todos el cerebro —Taehyung rio, una risa que se vio interrumpida en cuanto notó los besos de Jungkook recorriéndole el cuello y el hombro. La risa se transformó en suspiro.
                  No tardaron en estar el uno encima del otro, en la cama, fundiéndose entre besos y caricias. Hacía tiempo que habían cruzado ese umbral entre la vergüenza y el placer, pero lo único que los frenaba era la precaución. Entre ellos, que irónicamente eran los más impulsivos y salvajes del grupo, siempre tenía que haber el máximo de prudencia. Había veces en que Jungkook no lo soportaba.
                  Probablemente fue eso lo que lo llevó a decir lo que dijo en cuanto notó los labios de Taehyung rozarle el cuello.
                  —Una última vez.
                  Taehyung lo miró con la mirada nublada entre el éxtasis, la confusión y el autocontrol.
                  —¿Qué?
                  —Muérdeme una última vez.
                  Taehyung lo miró con el ceño fruncido.
                  —Jungkook, hemos llegado muy lejos. No sabes lo mucho que me estoy esforzando para...
                  —Sí que lo sé, Tae. Lo sé, joder, lo sé mejor que nadie. Si no, no te lo pediría.
                  La lujuria y el miedo se habían apoderado del ambiente, como un baile letal entre sustancias. Porque eso era con lo que jugaban, droga. Droga en el estado más puro y primitivo.
                  —Nos arrepentiremos.
                  —Precisamente por eso lo digo, Taehyung. Si esta noche tiene que pasar algo, no quiero arrepentirme de nada.
                  Tal vez fueron las palabras de Jungkook, o la seguridad de su mirada, o las hormonas y instintos contenidos, o su amor desmesurado por el licántropo, pero Taehyung pensó que podrían con ello. Podrían con ello y más. Una última vez, como despedida. Una promesa para hacerse más fuertes, juntos.
                  Taehyung mordió a Jungkook una última vez, y decidió no hacerlo por impulso, sino por decisión. Decisión de querer a su pareja hasta el fin de los tiempos, y de superar cualquier obstáculo, fuera su naturaleza o cualquier otra cosa, de la mano. Juntos.

                  Jungkook y Taehyung no eran los únicos que habían decidido compartir un último momento en la intimidad. Seokjin y Namjoon, después de trazar mil y un planes, mil variantes, mil estrategias, se habían tumbado en la cama —ya compartida, oficialmente— y hablaban de todo y nada, enredados entre las sábanas.
                  —Y pensar que hace cuatro meses ni siquiera me podías mirar a los ojos —decía Seokjin, trazando formas sin sentido en el pecho desnudo de Namjoon. Estaban a mediados de julio, y el medio dragón desprendía un calor corporal inhumano, pero a Seokjin no le importaba. Además, tenían el aire acondicionado a máxima potencia. Un día era un día.
                  —Las cosas eran muy diferentes por aquél entonces —se defendió Namjoon—. Tenía miedo. Estaba aterrado, Seokjin. Y, sinceramente, lo sigo estando —Seokjin alzó la cabeza y miró a su novio a los ojos, que miraba al techo con expresión contrariada—. No pasa un día en que no piense que, en cualquier momento, podré volver a perder el control y hacerte daño.
                  —Joonie, no —le dijo el hada, poniéndole una mano en la mejilla—. Sabes que eso no pasará. Y, aunque pase...
                  —No, Seokjin, no hay «aunque pase» posible. Si realmente pasara, no me lo perdonaría jamás. Aún estoy intentando perdonarme por esa vez. Una segunda vez... acabaría conmigo.
                  —Namjoon. Sé que no es consuelo alguno, pero quiero que sepas que pasaría por aquello diez, cien veces si hiciera falta, con tal de estar contigo —dijo Seokjin, muy serio—. Sé al lado de quién paso las noches, Joonie. Lo sé mejor que nadie. Así que deja de martirizarte por algo por lo que nadie te culpa excepto tú mismo. Te quiero demasiado como para dejarte así.
                  Namjoon sonrió. Sabía que Seokjin le estaba pidiendo imposibles, pero la convicción con la que su pareja le decía todo eso y lo mucho que le quería no fallaba en derrumbar todas sus barreras, una y otra vez.
                  —Te quiero.
                  —Yo también.
                  Y esa tarde se quisieron, más y mejor que nunca, porque no sabían lo que pasaría. No sabían lo que les esperaba, y estaban asustados, pero ningún miedo era mayor que el de perder a tu ser querido. Por eso, Seokin y Namjoon decidieron salir esa noche sin arrepentirse de nada.

                  Yoongi había pasado una eternidad bajo la ducha, pensando en tantísimas cosas que creía que le explotaría la cabeza de un momento a otro. Esas últimas semanas —no, meses— habían sido una locura. Un huracán sin descanso. Yoongi no se había sentido ni tan vivo ni tan muerto en toda su vida. Era una sensación extraña, como si, en vez de vivirlo, estuviera mirando a otra persona actuar por él desde otra perspectiva. A Yoongi le ponía nervioso no estar al cargo de las riendas de su vida.
                  Salió del baño después de mucho rato, cuando Hoseok ya llevaba más de cinco minutos seguidos aporreando la puerta. Dejó la ropa sucia en el lavadero —que fuera un antisocial no significaba que quisiera hacerle la vida difícil a Seokjin— y, en cuanto tuvo un pie dentro de su habitación, dio media vuelta. Se giró y fue hacia la habitación de la madre de Jimin. De su madre.
                  Abrió la puerta con cuidado y se encontró con ambos Park durmiendo. Su madre en la cama, con la cara mucho más sana y relajada, y Jimin en una silla, a su lado, con medio cuerpo sobre las sábanas y una mano agarrando la de su madre.
                  Aunque la mujer había ido recuperando algunas memorias de Jimin poco a poco, a todos les dolía ver lo mucho que Jimin estaba sufriendo, en el fondo. Yoongi sabía lo muy desamparado que estaba Jimin desde que su madre había despertado del coma y no lo había reconocido. Aún así, se había esforzado. Había fingido que no pasaba nada y había tratado a su madre con el nivel suficiente de amabilidad y familiaridad como para que ella tampoco se sintiera incómoda. Park Jimin, verdaderamente, era un ángel.
                  Fue en esos momentos en que Min Yoongi tuvo la realización que había estado escondida desde hacía un tiempo en su interior pero que no se había atrevido a sacar a la luz, ni siquiera para sí mismo.
                  Allí, con la luz de media tarde colándose por la ventana e iluminando la estancia donde una madre y un ángel dormían, Yoongi admitió que se había enamorado de Park Jimin. Al igual que admitía que, fuera como fuera, jamás podrían estar juntos, porque eran hermanos.
                  Si eso tenía que ser una novela de fantasía de las que tanto le gustaban al otro chico, Yoongi tenía que decir que no tenía ni puta gracia.

4 comentarios:

  1. Todos dándose amor en este capítulo.
    Espero no llorar en el próximo...

    ResponderEliminar
  2. Lloro sangree~ ;;

    ¡¿Porque mi Yoomin? ¿Porque?! -Se tira al piso-

    Ire a llorar a mi rincón emo..

    Muchas gracias por la actualizacion

    Que tengas un bonito DíaTardeNocheMadrugada

    ResponderEliminar
  3. Sólo espero que no pase nada malo en el próximo capítulo :c

    ResponderEliminar
  4. Todos amándose y viviendo esa noche sin arrepentimientos y YoonGi y Jimin sufriendo.. Nonono que horror =(

    ResponderEliminar