La noche era tan oscura que
apenas podían verse entre ellos. Las luces de la calle estaban apagadas y no
había luna que pudiera iluminar el camino.
La zona de los almacenes era
terrorífica sin saber que existía lo antinatural, pero sabiendo que podían
esperarlos una horda de demonios, era una pesadilla andante. Las naves
industriales se levantaban como fantasmas de hierro, en completo silencio y desprendiendo
ese olor nauseabundo que dejaba la actividad del día. El objetivo estaba algo
lejos, apartado un poco de los demás, abandonado y gigantesco. La jefa sabía lo
que estaba haciendo.
Namjoon tenía el corazón
desbocado. A su lado, Seokjin llevaba rato intentando calmarlo, pero era
imposible. Iba a verla de nuevo, iba a obtener explicaciones y, también, a
morir por ello.
—¿Queda mucho? —susurró
alguien a su espalda. No reconoció la voz por los nervios y por el ruido en su
interior. El dragón quería salir.
—Justo ahí empieza el B —dijo
Seokjin señalando una gran “B” roja pintada en una de las naves—. Un poco de
paciencia.
—Pronto serán las once —dijo
Hoseok.
Namjoon aceleró el paso y dio
gracias a que lo hizo, porque ir tan lentos y prudentes lo estaba matando.
Sabía que todo el grupo estaba alerta y al mínimo movimiento, atacarían.
Pero la zona industrial
parecía muerta. No se escuchaba ni el ruido de los coches en la carretera. Era
una ciudad de hierro muerta. Y Namjoon iba a calcinarla hasta encontrar a la
jefa.
Siguieron caminando en
silencio, escuchando sus pasos y respiraciones, cuando por fin vieron los
almacenes G. Namjoon sintió que un escalofrío le recorría de pies a cabeza. El
dragón abrió los ojos en su interior y se removió intranquilo.
—Aquí están —dijo Taehyung—.
Pero, ¿por dónde se entra?
Era un compuesto de tres
naves, en medio de una gran explanada de hierba muerta y rodeada de un vallado
metálico fácil de saltar. Los focos estaban encendidos, iluminando los
almacenes, pero el resto de la calle seguía sospechosamente sumergido en las
tinieblas. Encontraron un triángulo vacío por donde podía pasar una persona.
Allí llegaba un poco de luz, pero la justa. La respuesta de Taehyung había sido
respondida, pero nadie se alegró por ello.
—Chicos… Una vez entremos aquí
estamos en peligro de muerte —dijo Namjoon girándose al grupo. Aún no podía ver
sus rostros—. No os pido que me acompañéis, si tengo que ir solo…
—Corta el rollo, Namjoon —Hoseok
dio un paso al frente—. Venimos aquí sabiendo que podríamos morir. Así que deja
de hacerte el héroe y vayamos a patear el culo a unos cuantos demonios.
El líder asintió, aunque no
estaba muy convencido. Seokjin le dio un apretón de manos y pasó primero por la
entrada. Luego fue Namjoon y detrás los demás.
Tardaron un buen rato para
acostumbrarse a la luz. Estuvieron un buen rato parpadeando y frotándose los
ojos hasta que se acostumbraron. Excepto Jimin, él parecía haber encontrado un
foco de energía.
—¿Yoongi? —preguntó Seokjin
viendo que Namjoon estaba inspeccionando la explanada. Parecía un patio trasero
enorme y abandonado. Había bidones vacíos y caídos, corroídos por el tiempo,
ruedas de neumáticos y hierba alta que, en según qué zonas, llegaba hasta las
rodillas.
—No detecto a ningún demonio —dijo
el chico—. Pero sabéis que se pueden ocultar de mi presencia.
—Lo sabemos, pero al menos
también sabemos que si fueran muchos los notarías —dijo Namjoon—. Bien, debemos
encontrar la puerta.
—Yo ya he encontrado una —dijo
Taehyung—. Bueno, en realidad más de seis. ¿Cuál es la correcta?
Taehyung estaba en lo cierto.
Si uno se fijaba en el edificio, tenía varias puertas contiguas igual de viejas
que los bidones. Todas igual de grandes, de metal y pintadas por los gamberros.
Sin embargo, nada demostraba que hubieran sido abiertas hace tiempo y, en
teoría, se suponía que la jefa estaba allí dentro.
—¿Por dónde ha entrado? —susurró
Jimin.
Jungkook, que no había dicho
nada durante todo el camino, se adelantó y empezó a olfatear el aire. Miró
frustrado a las puertas y volvió a olfatear hasta que se detuvo en la tercera.
Taehyung fue detrás para inspeccionar la entrada junto a él.
—Ha sido abierta —susurró el
chico. Luego habló un poco más alto—. Por aquí.
Justo en el suelo, alguien
había intentado cubrir el recorrido que había hecho la puerta al abrirse con
tierra y polvo de nuevo, pero aún se podían intuir las marcas. Además, Jungkook
olía a humano, aunque fuera muy leve.
—Iré yo primero —dijo Namjoon
apartando al semi-vampiro y al hombre lobo—. Si digo que corráis, corred. Si
digo que os escondáis, lo hacéis. Diga lo que diga quiero que obedezcáis,
¿entendido? —Todos asintieron, aunque Namjoon supo que ninguno lo dejaría ante
el peligro. Los conocía demasiado bien—. Perfecto… Entro primero.
Los almacenes G eran gigantescos
por dentro. Todo lleno de máquinas viejas, cajas vacías y ratas que huían de la
poca luz que entraba de los focos exteriores. Los chicos se quedaron en
silencio observando el lugar, sobrecogidos por la inmensidad de la nave.
Tardaron unos minutos en darse cuenta de la figura que había en el centro.
Jimin imaginaba que la jefa
sería alguien alto, imponente, vestida con falda de tubo y chaqueta de traje
con un moño recogido. Regia e imponente. ¿La realidad? Una muy diferente.
Cuando la jefa dio un paso y
la luz la iluminó se encontraron con una mujer menuda, con el pelo negro
recogido en una coleta y vestida con unos sencillos tejanos y una camiseta
blanca básica. Era una persona normal, joven, pero completamente normal. Jimin
calculó que tenía que tener más o menos la edad de su madre.
De repente, se acordó de ella.
La habían dejado con Minseok para que estuviera a salvo. Él había jurado que la
protegería y que enviaría a algunos refuerzos para que los vigilaran. Pero
después de eso, nadie había visto a Minseok ni a esos refuerzos y Jimin tenía
que admitir que estaba un poco preocupado. ¿Y si la jefa había atacado a
Minseok y su madre y estaban en peligro?
—Hola, chicos —dijo la mujer.
Jimin parpadeó al escuchar su voz. Era dulce como la de una madre, pero
poderosa—. Namjoon…
—No te acerques —dijo el chico
de repente—. Estamos todos aquí como querías —Namjoon dio un paso hacia atrás
obligando a los demás a recular—. Bien, habla.
La jefa suspiró. A Jimin le
dio pena. No parecía alguien malvado. Pero Minseok les había advertido que
sabía manipular a la gente.
—Namjoon… Primero de todo,
gracias por venir. No he podido contactar con vosotros hasta ahora. En
realidad, no podía contactaros, pero cuando me dijiste que Minseok estaba con
vosotros —La mujer se removió nerviosa. Jimin se sorprendió al ver que le daba
lástima—. Tengo mucho que deciros, pero no hay tiempo.
—Claro que no hay tiempo,
¿verdad? ¿Cuánto tiempo tardará en venir tu ejército? —preguntó Namjoon. Su voz
era afilada como mil dagas, pero ardiente como el fuego. Seokjin le puso una
mano en la espalda para calmarlo.
—No va a venir nadie, Namjoon.
Estoy yo sola —dijo la mujer—. Al menos de mi parte. Pero seguro que los
amiguitos de Minseok llegarán en un momento —dijo la mujer con voz fría—. Por
eso os quiero explicar esto antes de que me elimine. Podéis creerme o no, pero
estoy harta de ocultaros la verdad para protegeros.
—Sí, claro —dijo Yoongi.
La mujer suspiró y fue a dar
un paso, pero alguien gruñó. Había sido Jungkook.
—Creo que Minseok os habrá
contado parte de la verdad, ¿cierto? El proyecto Hybrida nació para crear
híbridos vivos de seres del submundo y humanos, seres poderosos que pudieran
salvar a los humanos. Tuvimos muchos
intentos fallidos antes de Namjoon, muchos niños que no sobrevivieron, pero
cuando pudimos salvar a Namjoon nos creímos dioses. Después todo fue en auge,
algunos que nacieron de forma natural pudieron sobrevivir después de los seis
años, como Jungkook, Seokjin, Taehyung y Hoseok. Seokjin, de hecho, fue el primero
en pasar los seis años sin morir y de ahí fuimos salvando a varias especies. A
vosotros. Después de eso, del éxito con Namjoon, el primer híbrido G, decidimos
ir más allá. ¿Qué criaturas eran las más poderosas? —todos sabían la respuesta—.
Sí, me pudo la codicia, sin embargo, pude frenarme a tiempo cuando… Yoongi… Lo
siento tanto —el chico no mostró ninguna empatía por ella. Ni siquiera la miró—.
Le destrozamos la vida a tu madre y jamás me lo voy a perdonar. Es mi mejor
amiga.
—Era —dijo Jimin de repente.
La jefa se sorprendió al verlo. Supongo que jamás había podido ver a su
experimento al completo. Jimin se posicionó al otro lado de Namjoon—. Ni se le
ocurra llamar amiga a nuestra madre.
—Jimin, no… —la jefa suspiró—.
Ella se ofreció desde el primer momento. Sabía en todo momento lo que podía
pasarle a su bebé. Sin embargo, cuando pasó aquello yo le ofrecí la opción de-
—¡AL SUELO! —Nadie pudo
entender el grito de Jungkook pero todos obedecieron, incluso la jefa.
Los pocos cristales que
quedaban intactos estallaron. Todos se cubrieron como pudieron, pero segundos
después tuvieron que volver a levantarse. Habían llegado los demonios. Hadas
oscuras. Criaturas de todo tipo que se habían unido al mal.
—¿Cómo...? —preguntó Jimin.
Pero se quedó sin aliento cuando un demonio arremetió contra él.
Había empezado la batalla sin
previo aviso.
Taehyung se dejó llevar. Le
fue fácil al tener la sangre de Jungkook recorriendo su interior, así que dejó
que sus ojos se volvieran rojos, dejó salir las garras y colmillos y empezó a
triturar a cualquier demonio que se le cruzara por delante. No le dio pena ni
uno, ni las hadas oscuras, ni tampoco centauros o bichos de los que desconocía
el nombre. Todos debían morir.
A su lado, Jungkook se había
transformado en lobo e iba arrancando extremidades a su paso. Taehyung decidió
que, si tenían que morir, lo mejor era que lo hicieran juntos, así que se
posicionó a su lado y empezaron a descuartizar a gente a la vez.
—¡Taehyung! ¡Un poco de ayuda!
—escuchó que gritaba Hoseok.
El chico estaba rodeado y poco
podía hacer. Era el único que llevaba una mochila llena de botellas de agua y
eso suponía un peso adicional. Así que corrió hacia él y derribó a la horda de
demonios que lo rodeaba. El chico se lo agradeció, bebió dos litros seguidos de
una botella de agua y empezó a atacar.
—¡Necesitaré un bidón con
algún líquido! ¡Me da igual cuál! —gritó.
—¡Afuera! —le contestó
Taehyung.
Jungkook gruñó algo, pero
ninguno de los dos lo entendió. Al parecer iba a dar el mensaje al resto del
equipo.
Por su parte, Yoongi parecía
una máquina de matar. Iba destruyendo a todos los demonios que se le cruzaban
sin ningún tipo de compasión. Algunos gritaban que era un traidor o que la
sangre lo llamaría, pero el chico no les hacía caso. Jimin, cerca de él, iba
lanzando pequeños rayos de luz que iba desintegrando la maldad.
Mientras, Seokjin y Namjoon
luchaban contra sus propios males. El chico había ido a por la jefa, pero se
había detenido en medio del camino y estaba convulsionando. Jungkook llegó a
tiempo para ayudar a Seokjin a arrastrarlo fuera.
Taehyung y Hoseok tardaron un
poco más al unirse al resto del grupo.
—¿Qué sucede? —preguntó
Hoseok.
—Namjoon está evitando
transformarse. La jefa le ha dicho algo, no lo he podido escuchar, pero ha
empezado a convulsionar —dijo Seokjin mientras utilizaba su poder para calmarlo—.
No sé qué puedo hacer… Vamos, Namjoon, cálmate. Te necesitamos.
—¿Dónde se ha metido Minseok
con ese refuerzo? —gruñó Yoongi enfadado—. Maldito cobarde asqueroso.
—¡Yoongi! —gritó Jimin. Pero
no lo escuchó.
—Namjoon… Por favor, cálmate.
Pero Namjoon hacía tiempo que
se había perdido en las profundidades de su mente. No dejaba de salivar y tenía
los ojos totalmente perdidos. Poco a poco, el cuerpo se le iba cubriendo de
escamas, las extremidades se transformaban en garras y no dejaba de echar humo.
—Seokjin, se va a transformar,
es mejor que lo dejemos… —Hoseok arrastró a Seokjin lejos de Namjoon.
—No… Quiero… —rugió el líder.
—¡CUIDADO! —gritó alguien a lo
lejos. Los chicos se giraron justo a tiempo para poder esquivar un latigazo de
oscuridad. Yoongi y Taehyung saltaron a la vez para destrozarlo.
—Namjoon —Jungkook se giró
cuando escuchó la voz que los había advertido. Era la jefa que se acercaba.
Gruñó lo más fuerte que pudo y
dio un salto hasta llegar al dragón. La mujer se apartó del susto, pero no se
fue corriendo.
—Jungkook, necesito hablar con
todos vosotros. No sabéis toda la verdad. Minseok no es bueno —Pero Jungkook
gruñó más y más fuerte en respuesta—. Estos demonios no son míos. No los he
traído yo… Esto es cosa de él.
—¡Mentiras! —gritó Namjoon,
que soltó una llamarada por la boca. Jungkook tuvo que apartarse. Empezaba a
oler a pelo quemado—. ¡SON SÓLO MENTIRAS! —rugió.
Todos se quedaron en silencio
cuando vieron al cuerpo de Namjoon desgarrarse, los huesos moldearse hasta
transformarse en un dragón. Un enorme dragón rojo que batió sus alas hasta el
firmamento y empezó a lanzar llamaradas a los demonios que iban llegando.
El resto de híbridos se
quedaron allí en el suelo observando a la bestia, sorprendidos. Sin embargo,
Namjoon pronto estuvo ocupado. Un fénix gigante apareció para arremeter contra
la bestia.
—¡Lo tenías bien planeado,
zorra! —gritó Seokjin.
Todos se quedaron sorprendidos,
más por el insulto que por sus orejas puntiagudas, su tono verdoso en la piel o
los rasgos élficos que había despertado. La mujer negó.
—¡Chicos! ¡Tenéis que huir de
aquí! ¡Es una trampa de Minseok! ¡Os ha estado engañando todo el rato! —gritó
la mujer.
—¡Cállate! —Yoongi le mandó un
rayo de oscuridad, pero la mujer lo esquivó—. Hija de…
—¡HOSEOK, NO, CUIDADO! —advirtió
la jefa.
Pero fue demasiado tarde. El
chico fue derribado por una hada oscura. La criatura le había clavado las
garras en la espalda. Jungkook saltó y la decapitó de un solo mordisco.
—¡Hoseok! ¡No! —Jimin corrió
hacia él y empezó a curarlo. Sin embargo, en su mente otra idea estaba
apareciendo.
No podía ser que alguien fuera
tan manipuladora, que fingiera tan bien ser buena, que les hubiera salvado la
vida. Jimin miró a la jefa y descubrió algo terrorífico. Creía en ella. Algo en
su interior se lo decía.
Sin embargo, no pudo empaparse
de esa sensación. Unas náuseas terribles lo invadieron y acabó por derrumbarse
al lado de Hoseok.
—¿Jimin? —preguntó Taehyung—.
¿Estás bien?
Justo cuando iba a hablar,
apareció otro enjambre de demonios y hadas oscuras, montados a lomos de hombres
lobos y criaturas con tentáculos.
Parecían un ejército a punto
de entrar en la guerra. Taehyung no pudo calcular cuántos había, pero cubrían
todo el inmenso espacio absorbiendo la luz de los focos.
Poco a poco, los demonios se
fueron apartando hasta dejar un pasillo. Dos figuras aparecieron caminando.
Hasta que no les dio la luz, no pudieron reconocerlas.
Minseok estaba al lado de un
demonio que sujetaba un cuerpo. Jimin soltó un grito de terror.
—¡Mamá!
—Nos volvemos a ver, cariño —dijo
Minseok sonriendo.
La jefa avanzó y se puso
delante de los híbridos. Jimin intentó incorporarse, pero aún estaba mareado.
Hoseok, a su lado, empezaba a respirar con regularidad.
—Minseok —siseó ella con
desprecio—. Déjala. Ella nunca tuvo nada que ver en esto.
—Siempre tuve que ver, amor
mío —El demonio dio un paso hacia la luz dejando ver el cuerpo totalmente
demacrado de la madre de Jimin y Yoongi—. Esta maldita bruja estuvo comiéndote
la cabeza para que abandonaras el proyecto. Para que me abandonaras a mí.
—Fue decisión mía. Te abandoné
porque no veías a niños, sino máquinas de matar —La jefa dio otro paso. Jimin
pudo ver su poder a pesar de ser alguien tan diminuta—. Cuando abrí los ojos…
—¡DEJASTE QUE SE LLEVARA AL
ÁNGEL! —gritó Minseok.
Toda la inocencia y verdad que
Jimin había podido ver en él se esfumó. Y entonces lo sintió. Por dentro,
Minseok estaba podrido de maldad. Casi era un demonio. No, estaba seguro que lo
era.
—Lo hueles, ¿verdad? —dijo
Taehyung a Jungkook. El chico asintió ya que no podía hablar.
—Es un demonio —susurró Jimin—.
Es medio demonio como Yoongi… Pero, ¿cómo? Hay que avisarla.
La jefa, por su parte, sonrió
con tristeza.
—Le llamas el ángel y no eres
capaz de decir lo que es de verdad —Jimin tragó saliva. Era consciente de que
estaban hablando de él, pero quería advertirle a la jefa que Minseok era un
demonio y que tuviera cuidado.
—¡Es un demonio! —gritó casi
sin fuerzas. Ella no le escuchó.
—No eres capaz de llamarlo
nuestro hijo.
—ÉL NO ES MI HIJO —Minseok
alzó una mano lanzando un rayo de oscuridad hacia la jefa.
Todo el mundo gritó, pero
Jimin fue el que más. Como pudo, fue corriendo hacia el cuerpo de la mujer
mientras la batalla empezaba de nuevo. Una masacre de cientos de demonios
contra seis híbridos. Namjoon, mientras, seguía intentando protegerlos del
fénix.
Iban perdiendo, era un hecho,
sin embargo, Jimin no podía apartar la mirada de la jefa. Intentó acceder a
ella para curarla, pero no paraba de encontrarse con criaturas por el camino.
Aún estaba algo débil y las palabras de la mujer retumbaban una y otra vez.
—Nuestro hijo.
Yoongi llevaba rato mirando de
reojo a Jimin. Taehyung y Jungkook no dejaban de luchar juntos. Hoseok y
Seokjin habían descubierto bidones llenos de gasolina que pudieron combinar
para poder luchar contra los demonios.
Pero no eran suficientes.
Nunca lo fueron.
—¡JUNGKOOK! —escuchó que
gritaba Taehyung. Acto seguido, el sonido de un latigazo cortó el aire.
Taehyung se encontraba en el suelo con la espada sangrante. Una hada oscura
reía ante la imagen.
El lobo saltó y le arrancó el
brazo con furia. Tenía la pata herida y cayó al suelo. Hoseok estaba lleno de
gasolina y casi ni podía respirar. Seokjin también parecía ahogarse con la
contaminación.
Yoongi, sin embargo,
atravesaba cuerpos y más cuerpos. Sus ojos eran completamente negros y, poco a
poco, se iba perdiendo en la oscuridad. Minseok daba órdenes resguardado entre
sus demonios. Ahí era donde quería llegar el chico. Para matar a Minseok.
—¡Yoongi! —gritó Jimin preso
del pánico. Algo lo agarró del cuello y lo estampó contra el suelo. Un demonio.
Jimin alzó los brazos y lanzó rayos de oscuridad, pero no le quedaban fuerzas.
El demonio se apartó un segundo siseando, pero volvió a acorralarlo—. No… No
puedo morir.
—¿No nos queda energía, ángel?
—siseó el demonio. Sonrió mostrando unos dientes verdes que supuraban un
líquido negro. Jimin tuvo ganas de vomitar—. Se dice que si acabas devorando a
un ángel subes de rango en el infierno —El demonio apretó más el cuello de
Jimin. No podía respirar. Se iba a acabar todo—. ¿Qué tal si lo comprobamos?
Jimin cerró los ojos. Se iba a
acabar. Estaba muerto.
—Eh, tú, pollo con plumas —Jimin
abrió los ojos. La presión de su cuello seguía, pero solo había un brazo. El
resto del demonio se había desprendido y estaba deshaciéndose en el césped—.
¿Estás bien?
Jimin se quedó maravillado al
ver a la mujer. Era joven y a la vez madura, no podía describir exactamente qué
edad tenía, pero eso sí, era terriblemente hermosa. Y un demonio.
—¿Quién?
—Me llamo Dana. Un imbécil me
ha estado llamando durante toda la noche y al final he tenido que venir —dijo
la demonio, tendiéndole la mano—. Vamos, no tenemos todo el día. Hay demonios
que matar.
—La jefa —Dana ladeó la cabeza—.
Tengo que llegar a ella.
—¿Es la tía que está medio
muerta en el centro de la batalla? —Jimin asintió—. Te llevaré. Pero luego
recuérdame que le diga a Yoongi que me debe más de doscientas almas de hombres
inocentes. Me voy a ganar una gran reprimenda por esto.
Jimin no entendió exactamente
a qué se refería, pero se dejó llevar por la demonio.
Al otro lado, Ahra había
llegado como un ángel acompañada de un montón de criaturas. Hadas, hombres
lobos que no habían sucumbido a la oscuridad, ninfas y otras criaturas buenas.
El hada, sin embargo, fue corriendo directa a Hoseok y Seokjin.
—¡Chicos, no! —gritó al verlos
completamente llenos de gasolina—. Os estáis contaminando… —Ahra cerró los ojos
y empezó a susurrar algo. De repente, la tierra empezó a absorber toda la
gasolina, incluso la de los cuerpos de los dos híbridos—. ¿Estáis mejor?
—Creo que ya puedo respirar —susurró
Seokjin.
—Gracias, Ahra —Hoseok la
abrazó. La chica correspondió el gesto, pero se apartó rápido—. No tenemos
tiempo. Vais en desventaja y Minseok no tardará en abrir más portales para que
salgan más demonios. Tenemos que matarlo.
—Es un demonio —dijo Seokjin—.
Hay que matarlo como a uno.
Ahra asintió y se giró para
avisar a los demás.
—¡Ahra! —Hoseok le sujetó de
la mano—. ¿Está aquí el rey de las hadas?
—No, lo siento, príncipe —La
chica miró a Seokjin e hizo una reverencia—. Pero sí ha enviado a gran parte de
los guerreros de la corte.
Seokjin asintió y sonrió.
Parecía de la nobleza.
—Las sirenas querían ayudar.
Algunas, por supuesto. Otras se unieron al lado oscuro. Sin embargo, en tierra
no podían aportar nada —Hoseok asintió, entendiéndolo.
—Eres genial —Hoseok sonrió.
—El plan ha sido tuyo —Ahra
salió corriendo a advertir a los aliados.
—¿Tu plan? —preguntó Seokjin
con sorpresa.
—Quedé con Ahra para contarle
lo de la jefa y si podía ayudarnos. Ha hecho un gran trabajo, ¿verdad? —Seokjin
abrazó a Hoseok de repente—. Dilo, soy el mejor.
—Eres el mejor —dijo Seokjin.
—Y ahora, toca luchar.
Taehyung no podía levantarse.
Le dolía la herida y casi no podía respirar. A su lado, Jungkook se arrastraba
en su forma lobuna hasta llegar a él. Iba a ser el fin de los dos, estaban
perdiendo mucha sangre.
—Eh, no hagas tanto esfuerzo
en venir a mí —dijo casi sin poder moverse. Jungkook se acercó hasta hundir el
morro en el cuello de Taehyung—. Lo has hecho muy bien, pequeño.
Jungkook sollozó y Taehyung
pensó que no había lamento más triste que el de él. Tuvo ganas de llorar.
—Vamos, no te pongas
sentimental. Sabíamos que íbamos a morir. Pero al menos podremos hacerlo
juntos, ¿verdad? —Jungkook gruñó. Taehyung no pudo evitar sonreír—. Solo quiero
pedirte un favor —otro gruñido—. Te adoro en tu forma canina, pero me gustaría
poder besarte en tu forma humana.
Poco a poco, Jungkook fue
sacando el morro del cuello de Taehyung y le lamió la boca. El chico cerró los
ojos para sentirlo. No supo en qué momento las lamidas acabaron siendo besos.
El chico se había transformado. Ese iba a ser el final. El adiós. Pero morirían
juntos.
Jimin consiguió llegar hasta
la jefa. La mujer seguía tendida en el suelo con una mancha oscura terrible en
su pecho. Poco a poco, se iba extendiendo por sus venas como si fuera veneno.
—Hasta aquí mi misión. Ahora
voy a despedirme de Yoongi y me voy de aquí. Creo que suficientes buenas
acciones para un demonio de mi categoría —dijo Dana.
—Gracias —Jimin le sonrió con
sinceridad.
—Sí, sí, lo que tú digas.
Dana desapareció entre la
multitud.
—¿Jimin? —susurró la jefa.
A Jimin le dio un vuelco el
corazón. Sabía su nombre. Claro que lo sabía.
—¿Cómo estás? —Era absurdo
preguntarlo, pero Jimin no sabía qué decir—. Yo… Yo puedo curarte —dijo
mientras extendía las manos sobre el pecho. La mujer gimió cuando Jimin rozó la
herida—. No vas a…
Efectivamente. No se estaba
cerrando. Jimin puso todo su esfuerzo, pero parecía que su poder se había
bloqueado o no funcionaba con esa maldad.
—Está muy extendido —susurró
la mujer—. No voy a sobrevivir.
—No digas eso. Haremos
cualquier cosa para salvarte y-
—¡No! —la mujer tosió icor
negro—. No, escúchame, Jimin. Por favor. Quiero que alguien sepa toda la verdad
y debes salvar a tu madre. Por favor —Jimin temía esa verdad, aunque en su
cabeza no dejaba de retumbar cada vez más fuerte—. Cuando descubrimos que
Yoongi era un demonio y que podría sucumbir a la oscuridad le ofrecí a mi hijo,
le dije que se lo llevara lejos y lo criara como al suyo propio. Él tenía los
genes del ángel y cuando tuvo un año, se lo di para que huyera con él y lo
alejara del monstruo de mi marido —la jefa volvió a toser. Jimin seguía curando
inútilmente la herida. Al menos así estaba entretenido y no tenía que
procesarlo todo—. Jimin, para —la mujer le agarró de la muñeca—. Tu madre es en
realidad la madre de Yoongi. Jimin, cariño, para.
—¡No voy a parar! —gritó Jimin
de repente. No supo en qué momento estaba llorando—. No ahora… No…
—Me fui para protegeros.
Intenté criar al resto de híbridos hasta que fueron suficiente mayores para
valerse solos. Entonces busqué a Minseok, busqué una manera de protegeros, de
llevaros lejos y no la encontré. Y te busqué a ti. Jimin… mi pequeño —la jefa
le acarició la mejilla dejándosela manchada de sangre oscura—. Siempre te he
querido. Cuando ella me pasaba fotos de ti me maldecía por no verte crecer,
pero era por tu bien —Jimin se secó las lágrimas con el brazo y siguió
intentando curar la herida—. ¿Te hizo feliz como madre? —susurró.
—¡Sí! —gritó Jimin desesperado—.
¡Sí, pero eso no significa que debas morir!
—Entonces puedo irme tranquila
—la jefa le acarició el pelo y, poco a poco, fue bajando la mano hasta
entrelazar los dedos con los de Jimin—. Te quiero, hijo mío.
—¡NO! ¡NO! ¡POR FAVOR! ¡NO!
Un grito desgarrador cortó la
noche. El mundo pareció explotar.
Todos se quedaron cegados por
un momento. Cuando pudieron abrir los ojos, una criatura se alzaba sobre sus
cabezas. Un ser alado de un blanco tan puro que no se podía explicar. El ser
los miraba a todos con el rostro bañado en lágrimas. Para algunos, era un
guerrero, un mal augurio, para otros, un viejo amigo.
—Jimin —susurró Yoongi. Estaba
justo debajo de Minseok, siendo asfixiado. Pero hasta él se detuvo cuando vio a
la figura—. Es un ángel.
Jimin resplandecía. Aunque
llevaba ropa mundana, con las alas extendidas y el aura de luz brillante, era
la viva imagen de un ángel. Un ángel vengativo.
Uno a uno, y levantando solo
el brazo, fue desintegrando toda la oscuridad del almacén. Los demonios se
desintegraban, las hadas caían al suelo muertas, las criaturas fantásticas
acababan partidas por la mitad. Jimin solo dejó a uno con vida.
Minseok se apartó de Yoongi y
se arrastró alejándose de Jimin. Pero el poder del ángel era infinito. Yoongi
se quedó allí observando maravillado la escena. Sabía que si el ángel lo tocaba
podía morir, pero no podía apartar la vista de Jimin.
Jimin no habló cuando alzó la
mano y descargó todo su poder contra Minseok. El hombre gritó y se desintegró
como un demonio, quedado el cuerpo de un humano putrefacto.
—Jimin —susurró Yoongi. El
ángel lo miró a él. Frunció el ceño. ¿No lo reconocía? ¿O sólo vería a un
demonio? —. Jimin, cura a Taehyung y Jungkook.
El ángel tardó en reconocer
esos nombres. Poco a poco, se giró hacia los dos cuerpos. Cuando los vio, una
lágrima dorada cayó por su mejilla. De repente, un grito desgarrador surcó los
cielos. Por algún motivo, todos los que quedaban vivos se pusieron a llorar.
—No —dijo Seokjin—. No. No.
No.
—¿Qué sucede? —preguntó
Hoseok.
—Están muertos… —dijo Ahra con
tanta tristeza que Hoseok no pudo soportarlo.
El grito de Jimin iba cada vez
más en aumento hasta que era insoportable. Todos los presentes se taparon los
oídos, pero sentían la pena retumbar en su interior. El mundo se volvió a
llenar de luz, una luz ardiente que los tumbó a todos al suelo.
Cuando Yoongi pudo volver a
ver, el lugar parecía desierto. Había pocos cuerpos que poco a poco también se
iban levantado, pero todos los demonios, hadas y criaturas malignas habían
desaparecido. Los aliados habían huido temiendo al ángel.
Justo en el centro, un cuerpo
diminuto y desnudo lloraba ovillado. En su espalda había dos heridas que
estaban cerrando. Yoongi corrió hacia la figura y lo tapó con su camiseta.
—Jimin —susurró—. Jimin,
vamos, deja de llorar.
—No —susurró—. No, no quiero.
No quiero. Taehyung. Jungkook. No he podido hacer nada.
—Vamos, Jimin. Nos has
salvado… Has salvado a mucha gente —No pudo decir que los había salvado a
todos, no tenía las fuerzas suficientes para soportarlo—. No es tu culpa.
—¡Namjoon! —Yoongi alzó el
rostro para ver cómo Seokjin corría hacia Namjoon. El chico era una bola
humeante en el suelo, pero respiraba.
—Namjoon está bien —susurró
Yoongi—. Vamos, ponte mi camiseta y levántate.
Pero Jimin se negó.
—¡No puede ser! ¡No puede ser!
¡Ahra! ¡Seokjin! ¡Corred! —Yoongi gruñó ante los gritos escandalosos de Hoseok.
Sin embargo, cuando alzó la cabeza vio por qué estaba tan contento.
—Jimin. Lo has conseguido —susurró
Yoongi mientras le apartaba el flequillo del rostro. Tenía el pelo de un blanco
dorado—. Los has salvado.
El chico abrió los ojos y miró
a Yoongi. Por un momento se perdieron en la mirada del otro.
Jimin tenía las mejillas
surcadas en lágrimas mientras que Yoongi tenía el rostro manchado de icor de
demonio. Sin embargo, a los ojos del otro, significaba un nuevo renacer.
—No somos hermanos —dijo de
repente Jimin. Yoongi abrió los ojos, sorprendido—. Mi verdadera madre es… Era
la jefa. No somos hermanos.
Yoongi sabía que no era el
momento indicado. Que Jungkook y Taehyung acababan de revivir, que su madre
estaba despertando, pero en ese momento, al saber la gran verdad, solo pudo
pensar en que el mundo era un poco más justo para un semi-demonio.
Sin detenerse a pensarlo
mucho, besó a Jimin en los labios. Por fin pudo hacerlo.
—¿Cómo estáis? —preguntó
Hoseok, inspeccionando cada centímetro del cuerpo.
—Desnudo —dijo Jungkook—.
Aunque no soy el único.
Namjoon también lo estaba y
Seokjin le había dejado su camiseta. Jimin estaba en las mismas condiciones
cuando llegó y los abrazó.
—Si quieres te dejo mi
camiseta —bromeó Taehyung, que tenía la ropa tan hecha jirones que
prácticamente iba desnudo—. Aunque me gustan las vistas que tengo.
—Chicos, por favor, acabáis de
vencer a la muerte —gruñó Ahra.
—Y todo gracias a Jimin —Taehyung
miró al semi-ángel—. Nos has dado una nueva oportunidad.
—No era yo. No del todo. Algo
me hablaba en mi cabeza… Creo que había algo más… Como otro ángel… No lo acabo
de entender.
—Es mejor que no lo entiendas —Jimin
se quedó helado.
—¿Mamá?
La mujer sonrió. Estaba herida
y con la ropa sucia, pero por lo demás parecía ilesa.
—Jimin, cariño… —La mujer se
acercó a Jimin y le acarició el rostro—. Quise decírtelo…
—Yoongi nos lo ha explicado —dijo
Seokjin—. Que no sois hermanos y que tu verdadera madre… Lo siento…
Jimin negó.
—Sigo queriéndote como a un
hijo, mi bebé —dijo la mujer—. Sin embargo… Le debo una disculpa a Yoongi.
—No hace falta que ahora te
comportes como mi madre —el chico alzó los hombros, incómodo—. Me he pasado
toda la vida pensando que había matado a la mía.
—Al menos, quiero que me des
una oportunidad —la mujer sonrió con ternura—. Al menos de llegar a conocerte.
Eres mi verdadero hijo… Os puedo querer a los dos como si fuerais-
—¡No! —gritó Jimin—. Como si
fuéramos hermanos no.
Jimin le dedicó una mirada
furtiva a Yoongi y ambos empezaron a reírse.
—Chicos… No es por romper el momento —Ahra se
había intentado mantener al margen de aquel momento. Taehyung y Jungkook abrazados
en el suelo sin poder creer que estuvieran vivos otra vez, Seokjin cuidando de
Namjoon, Hoseok mirando con orgullo a su familia y el reencuentro de una madre
con su hijo, sumado a la aceptación de un amor. No era su lugar, tenía que desaparecer,
pero también se había jurado protegerlos. La jefa así lo había querido—.
Llegará la policía en cualquier momento y explicarle por qué los almacenes G
están chamuscados y hay icor de demonio por todas partes va a ser complicado.
Será mejor que nos vayamos de la escena del crimen.
Todos estuvieron de acuerdo.
Sin decir nada, juntos se
fueron de nuevo a la carretera para desaparecer del lugar. Estaba amaneciendo,
el calor volvía a envolverlos, la luz los protegería de cualquier mal. Sin
embargo, los siete sabían que aquello no iba a ser el fin. Había muchas
preguntas por responder, muchas verdades que decir y besos perdidos.
Aquello había sido el final de
una etapa, pero una mucho mejor iba a empezar.
Epílogo (próximamente)

Ayyyyyyy que bello!
ResponderEliminarYa tenía lágrimas en los ojos cuando Jungkook y Taehyung murieron 😥😥😥
Ese Minseok una sorpresita eh!
Gracias chicas😳
Que bueno que no eran hermanos hhdhhs
Fue hermoso :')
ResponderEliminarCasi me da algo cuando leí que tae y jungkook habían muerto </3
Pero al final todo resultó bien :)
Muchas gracias fue una historia increíble ♡ ahora solo me queda esperar el epílogo~
en serio no vana publica el epílogo? tantos años esperando y nada... es hora de perder las esperanzas?
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