Nadie sabía qué era más impactante, que la madre de Jimin
hubiera despertado después de semanas en un coma inexplicable, o que la primera
palabra —el primer nombre— que había pronunciado fuera «Yoongi». Sin duda,
tanto el susodicho como Jimin se habían quedado estupefactos durante unos
segundos, sin saber muy bien qué hacer. Finalmente, en una voz más suave a la que estaba
acostumbrado, Yoongi dijo que iba a avisar a Namjoon, saliendo de la habitación
de inmediato.
El
silencio duró unos segundos más, hasta que Jimin no pudo aguantar más la mirada
confundida de su madre en él.
—¿Mamá?
La
mujer parpadeó, frunciendo el ceño.
—...
¿quién eres? —dijo, con voz ronca, como una promesa de destrucción.
El
mundo de Jimin se vino abajo con dos simples palabras.
Después
de eso, Namjoon y Seokjin —despiertos y vestidos— llegaron a la habitación, y
el resto no tardó en unirse a ellos, alarmados por tanto alboroto.
Yoongi
debía haberles contado lo que había pasado, porque ambos entraron con expresión
seria. Seokjin fue el primero en acercarse y esbozar una sonrisa.
—Señora
Park, ¿cómo se encuentra?
La
mujer volvió a poner la misma expresión de antes, como si no hablaran su mismo
idioma.
—Yo...
—Empezó a toser, por lo que Seokjin le pidió a Hoseok que le trajera un vaso de
agua. Llevaba semanas sin hablar, debía tener la garganta demasiado seca. En
cuanto se hubo hidratado lo suficiente, volvió a intentarlo—. Yo... lo siento,
pero... ¿dónde estoy?
—Está
en nuestra casa, somos amigos de Jimin. Ha estado inconsciente durante un
tiempo, pero...
—¿Jimin?
—dijo la mujer, en tono inquisitivo. Todos miraron al chico de pelo rosa, cabizbajo,
que no había dicho una palabra—. ¿Nos conocemos?
Jungkook
ahogó una exclamación. Taehyung, Hoseok y Namjoon abrieron mucho los ojos,
incrédulos. Seokjin fue a decir algo, pero ningún sonido salió de su garganta.
Yoongi lo observaba todo con una expresión neutra, pero tenía los puños
cerrados con fuerza y pronto se abriría la carne con las uñas. Lo único que
hizo Jimin fue encogerse aún más en sí mismo.
El
silencio los iba a matar a todos. Namjoon, armándose de valor, dio un paso al
frente y puso una mano en el hombro de Jimin.
—Señora
Park, ¿no reconoce a su hijo?
La
mujer miró a Jimin por unos momentos, como debatiéndose mentalmente.
—Pero...
—Alzó la mirada y la dirigió al fondo de la habitación—. ...mi hijo es Yoongi.
Si las
reacciones ante su desconocimiento de Jimin habían sido considerables, esa vez
se oyó más de un «¿Qué?» confundido y casi, casi desesperado. Incluso Jimin
había alzado la cabeza. Tenía lágrimas en los ojos.
—¿Qué?
—preguntó, haciendo lo imposible para no dar paso al llanto.
—No...
no sé qué hago aquí. Ni siquiera... apenas recuerdo mi nombre, si os soy
sincera. Solo sé... solo sé que Yoongi... —dijo la mujer, con la mirada fija en
el medio demonio—... es mi hijo.
Jimin
no pudo soportarlo más. Sabía que no era lo correcto, pero lo último que quería
era permanecer en esa habitación y echarse a llorar frente a todo el mundo,
frente a su madre, a la cual parecía haber perdido: salió corriendo.
—¡Jimin!
—escuchó que lo llamaban, pero no hizo caso. Ni siquiera se puso los zapatos,
salió descalzo. Estuvo corriendo un buen rato hasta que no pudo más. Pegó un
grito a la noche y se echó a llorar. De tristeza, de rabia, de confusión, no lo
sabía.
Segundos
más tarde, una segunda presencia lo alcanzó. Escuchó una respiración
entrecortada que, a esas alturas, conocía muy bien.
Yoongi
esperó a que Jimin se calmara un poco para acercarse, como si temiera
ahuyentarlo, pero no dijo nada. Al final, fue Jimin el que habló.
—Todo
este tiempo... todo este tiempo he estado viendo y viviendo cosas que no
entendía. Mi vida se había convertido en una locura. Sin embargo... pensaba...
estaba convencido... de que una vez mi madre despertara, mi vida volvería... no
a como era antes, pero... Desde hace meses, no me siento yo mismo. Creía que
eso cambiaría. Pero... creo que nunca me había sentido tan perdido. Tan... tan
solo.
Yoongi
lo escuchaba todo en silencio, mirando cómo las lágrimas seguían brotando de
los ojos del otro, que tenía la mirada fija en un punto incierto. Cuando Jimin
terminó, el medio demonio supo que tenía que hacer o decir algo. No se le daban
bien esas cosas —joder, incluso Namjoon tenía más tacto que él. Una piedra
sería más indicada para este trabajo—, odiaba ese tipo de situaciones, pero
había salido tras Jimin sin pensárselo dos veces y llegados a ese punto no
podía quedarse de brazos cruzados. Además, le gustara o no, no podía evitar
sentirse culpable. Por alguna razón, extraña e increíble y odiosa, la madre de
Jimin estaba convencida de que su hijo era Yoongi. No tenía ninguna clase de
sentido.
—Jimin...
tu madre acaba de despertar de un coma que no sabemos de dónde ha salido
—Yoongi nunca había ido tan con cuidado a la hora de hablar, incluso evitando
cualquier tipo de palabrota—. No sé por qué cree que yo soy su hijo, pero...
Jimin, has pasado toda la vida con ella. Es tu madre. Tal vez ahora no se
acuerda, pero... lo hará. Tarde o temprano.
—¿Y si
no se acuerda? —preguntó Jimin. El pesimismo no era una cualidad habitual en
él, pero Yoongi no podía culparlo. El menor lo miró con los ojos bañados en
lágrimas y la mirada desolada—. ¿Y si no se acuerda jamás de mí?
Yoongi
le podría haber dicho muchas cosas. Que tenía que ser fuerte, que se lo harían
recordar entre todos, que no estaba solo... pero no eran palabras que supieran
bien en su boca. A Yoongi no se le daba bien ser bueno.
Sin
embargo, por una vez, en un acto de desesperación, dejó que su parte humana
tomara el control. Decidió no pensar y actuar inconscientemente. Cogió el brazo
de Jimin y lo atrajo hacia sí, abrazándolo. Jimin solo pudo echarse a llorar
una vez más, desahogándose de una vez por todas. Yoongi notaba las manos del
otro en su pecho, agarrándole la camiseta como si su vida dependiera de ello.
Lo único que podía hacer era estrecharlo entre sus brazos y maldecirse a sí
mismo por no poder hacer nada más.
Namjoon
y Seokjin, como era de esperar, intentaron tomar las riendas del asunto y decidieron
lidiar ellos mismos con la madre de Jimin para ver si conseguían sacar algo en
claro. En cuanto Jimin y Yoongi se fueron, Seokjin le pidió al resto que
salieran de la habitación para poder hablar tranquilamente con la mujer sin
someterla a ninguna clase de presión —suficiente era que no se acordara de
nada, además de la reacción de Jimin, aunque el mayor no lo culpaba en
absoluto—.
Como
había dicho antes, la mujer no se acordaba de nada. Sabía cómo se llamaba, pero
excepto eso, la única pieza de información era la que les había quedado clara a
todos: Yoongi era su hijo. Seokjin no sabía si era fruto del shock producido, o
si por alguna extraña razón estaba diciendo la verdad. Intentó usar sus poderes
de todas las maneras posibles: para calmarla, para buscar algún tipo de veneno
o magia que pudiera estarle nublando la mente, para conseguir que recordara
algo... nada.
—Sé
que es una situación complicada, pero deberá permanecer con nosotros durante un
tiempo. Nosotros nos encargaremos de todo —Estuvo a punto de añadir un «aquí no
corre peligro alguno», pero eso solo conseguiría alarmarla.
Al día
siguiente, volvió a probar sus poderes de hada, en vano. Por lo menos, la mujer
tenía mucho mejor aspecto. Jimin también parecía un poco recuperado, aunque le
costaba mantener el contacto visual con su madre. Yoongi ni siquiera lo
intentaba, y dedicaba su tiempo a vigilar a Jimin en silencio, cosa que Seokjin
agradeció. No podía lidiar con todo al mismo tiempo.
Eso
sí, había un detalle que lo mosqueaba, y aunque se había prometido a sí mismo
no inmiscuirse, la cosa estaba llegando demasiado lejos.
—Jungkook
—dijo esa tarde, mientras preparaba la cena. El licántropo estaba sentado en
una silla a un lado de la cocina, ido. En cuanto escuchó su nombre, alzó la cabeza
alarmado.
—¿Qué?
—Tú y
Taehyung.
Eso
fue suficiente para que mil y una expresiones cruzaran el rostro del menor en
una milésima de segundo. Se sonrojó inmediatamente. ¿Podía ser más obvio?
—¿Q-qué?
—No
voy a dármelas de experto en cuestiones del corazón, Dios sabe lo mucho que me
costó aclarar las cosas con Namjoon —dijo, mientras seguía cortando verduras—, pero la manera en que os miráis el
uno al otro cuando creéis que nadie se da cuenta me recuerda mucho a esas
situación y, por suerte o por desgracia, lo entiendo más de lo que debería.
Esperó
a que sus palabras tocaran fondo. Jungkook, aunque tímido y torpe
sentimentalmente, era un chico listo.
—Creo...
creo que le gusto. A Taehyung —dijo finalmente, sin mirarlo.
—¿Y...?
—Y
él... me gusta. Mucho.
—¿Sí?
—Vio al chico asentir—. ¿Y el problema es...?
—Que
soy un idiota —dijo Jungkook, hundiendo la cabeza en las manos y ahogando un
gruñido lastimero—. Y no he sabido decírselo en el momento adecuado, y ahora
probablemente me odie.
—¿Tae,
odiándote? Creo que antes se arrancaría un brazo —Y no, no era una broma—. En
todo caso, no sé qué haces aquí, lamentándote como un cachorro apaleado, cuando
podrías estar contándole la verdad y, no sé, siendo felices. Oh, no me mires
con esa cara, sabes que tengo razón.
—Es
que... se me dan fatal estas cosas.
—A
Namjoon también —dijo el mayor, suspirando y esbozando una sonrisa—. No por eso
lo quiero menos.
Jungkook
pareció meditarlo unos momentos, hasta que se levantó, decidido. Estuvo a punto
de tirar la silla al suelo del impulso.
—Voy a
buscarlo.
—Una
sabia decisión.
Seokjin
vio al chico irse, impetuoso pero torpe. Sonrió. Por lo menos, ese frente
empezaría a ir a mejor en poco tiempo. Suficiente drama tenían todos juntos
como para añadir dos corazones rotos por un malentendido.
Ah, la
juventud.
Jungkook,
que a esas alturas era un experto en evitar a Taehyung, tardó más de lo
esperado en encontrar al vampiro. No estaba ni en su habitación, ni en la de
Yoongi —ese truco patético solo lo había usado él mismo—, ni en ninguna de las
zonas comunes, ni siquiera en el baño. Estuvo a punto de salir a buscarlo
cuando pensó en un último lugar: la azotea.
El
licántropo abrió la puerta que daba a la terraza del edificio. Era una zona que
no habían visto usar a nadie más excepto ellos mismos para despejarse y a veces
entrenar, como habían hecho Yoongi y Jimin los últimos meses. Allí estaba el
medio vampiro, apoyado en la barandilla frente al atardecer. No se había
movido, pero estaba claro que se había percatado de la presencia del otro.
—Tae.
¿Podemos hablar? —dijo Jungkook, antes siquiera de haber puesto un pie en la
terraza. Antes de que toda la decisión que había acumulado minutos atrás se
esfumara.
Taehyung
dio un par de golpecitos a la barandilla, indicándole que se uniera a él.
Jungkook se puso a su lado. Cuando llegó, Taehyung estaba sonriendo.
—¿Sí,
Kookie?
El
chico lobo respiró hondo varias veces, intentando ordenar las palabras en su
mente. Sabía que, de entre todos, era el más impulsivo, y por una vez en la
vida quería controlarse, quería hacerlo bien. Pero entonces, recordó la
conversación que había tenido con Seokjin.
«Se me
dan fatal estas cosas», había dicho él, refiriéndose al cúmulo de sentimientos
que se retorcía sin piedad en su interior desde hacía meses.
«A
Namjoon también. No por eso lo quiero menos».
Era
eso, ¿verdad? Lo que siempre había frenado a Jungkook. El creer que no era
correcto, que no era la manera, que la solución era diferente… pero no lo era.
Lo que sentía no tenía solución, y no tenía por qué tenerla. Taehyung se lo
había dejado muy claro. Taehyung, como siempre, había sido el valiente de los
dos.
También
pensó en Jimin, quien siempre iba con la verdad por delante, escrita en la
frente sin poder evitarlo, expuesto a la decepción y al rechazo. Pensó en sus
numerosos intentos de acercarse a Yoongi, solo para ser apartado con hastío.
Aun así, Jimin no se había rendido. Jimin también había sido mucho más valiente
que él. Y Seokjin, luchando contra la coraza de Namjoon durante años, hasta que
consiguió romperla a base de cariño y esperanza. Seokjin también había sido de
lo más valiente.
Era
hora de que Jungkook, de una vez por todas, siguiera los pasos de sus mayores.
Se
giró hacia el vampiro de repente, después de su pequeña revelación. El otro
chico lo miró con curiosidad.
—Tae.
Tengo algo que decirte, y creo que si no lo suelto todo a bocajarro no voy a
poder decirlo jamás, así que escúchame, ¿vale?
Taehyung,
sorprendido, asintió. Jungkook cogió aire una vez más.
—No se
me dan bien estas cosas, y creo que nunca se me darán bien, y me da rabia
porque creo que te mereces algo mucho mejor que esto, pero tampoco creo que
pudiera soportarlo así que haré lo que pueda. Todo este tiempo hemos estado el
uno al lado de otro sin saber muy bien qué hacer, porque de repente las cosas
eran diferentes y no lo entendía, pero entonces lo empecé a entender y me dio
miedo porque no sabía lo que pensabas, y entonces hubo todo lo de la sangre, y
no quiero que creas por nada del mundo que si me he mantenido cerca de ti ha
sido por eso, porque aunque ahora tengamos un vínculo por eso, quiero creer que
ya teníamos un vínculo mucho más fuerte. Lo que quiero decir es que no quiero
que sigamos incómodos y tampoco quiero tener miedo a acercarme a ti y tocarte o
que me toques o… besarnos… quiero decir… con o sin sangre de por medio, eso da
igual, lo único que quiero es que no sufras, Tae, y tampoco quiero que te
alejes nunca más, y… joder, no sé qué es lo que estoy diciendo.
Cuando
recuperó un poco el aliento, se atrevió a mirar a Taehyung, que, claramente,
estaba haciendo sobreesfuerzos para no echarse a reír en ese momento.
—¿Taehyung?
Eso
era lo último que necesitaba: el vampiro se echó a reír. Jungkook lo miró,
ofendido.
—¡Tae!
—Lo
siento, lo siento. Es que… estabas tan mono, aunque no tenías ni idea de lo que
decir —explicó el otro, todavía riendo. Jungkook se sonrojó.
—Pues
lo siento, ¿vale? Ya te he dicho que estas cosas no se me dan bien… —dijo él,
volviéndose hacia el frente y buscando una excusa para no tirarse edificio
abajo de la vergüenza.
—Y no
te querría de ninguna otra manera, Jungkook. Creo que, por suerte, me he vuelto
un experto en descifrar tus balbuceos sin sentido… lo cual facilita las cosas
—Taehyung se acercó un poco más a Jungkook y colocó una mano en su mejilla,
girándole la cabeza para quedar cara a cara. Por primera vez se miraron a los
ojos directamente—. Espero estar interpretando bien tus intenciones, Jeon
Jungkook. Si no, esto podría ser muy incómodo para ambos. Una vez más.
Jungkook,
lentamente, asintió. No sabía a qué. A la pregunta de Taehyung, a sí mismo,
infundiéndose ánimos, a lo que estaba a punto de pasar.
Pero
esa vez, fue él el que acortó las distancias. Los labios de Taehyung sabían
exactamente como los recordaba: hierro y hogar. Y, por primera vez, supo que
tras ese beso —y los muchos que seguirían— había una promesa.
Esa
vez, no dejaría que las cosas se torcieran.
La
noche en que Yoongi fue tras Jimin, el medio ángel le pidió que fueran a ver a
Park Minseok. Era la única cosa que se le ocurría para sacar algo en claro. Tal
vez, con un poco de suerte, el hombre sabría lo que había pasado con su madre
—aunque se sorprendía que no se lo hubiera contado hasta ese momento—. Yoongi seguía
sin fiarse un pelo de ese hombre, pero la mirada derrotada de Jimin fue
suficiente para acceder a su petición. Si pasaba algo, estaría ahí para
intervenir. Sin embargo, Yoongi le puso como condición el hablarlo con Namjoon.
El híbrido de dragón, que pareció aliviarse al verlos aparecer por la puerta
esa noche, aceptó la propuesta de Jimin: llevarían a Minseok a casa.
—¿No
es demasiado arriesgado? Es como meterse en la boca del lobo —se quejó Yoongi,
una vez consiguió convencer a Jimin para que se fuera a dormir. Solo quedaban
Namjoon y él despiertos.
—En
todo caso, será él el que se meta en la boca del lobo. No podemos sacar a la
madre de Jimin de aquí, pero también es el sitio más seguro en el caso de que
pase algo. Estaremos todos vigilándolo. Además, hasta ahora no se ha mostrado
muy interesado en vernos en grupo, es probable que se niegue.
Ante
la sorpresa de todos, Minseok no tardó ni dos segundos en aceptar en cuanto
Jimin le explicó la situación. Esa vez, estaba acompañado de Yoongi, por supuesto.
El híbrido de demonio, que no sabía qué otra cosa hacer, había empezado a
seguir al medio ángel por todos lados. Era curioso cómo había pasado de
evitarlo a toda costa a no separarse bajo ninguna circunstancia. Todos se
habían dado cuenta, pero nadie había dicho nada.
Ese
sábado, los dos chicos guiaron al hombre hasta el apartamento.
Cuando
llegaron, todos estaban esperándolos. Namjoon y Seokjin lo recibieron
cordialmente.
—Muchas
gracias por venir —dijo Namjoon. Aprovechó un momento en que el medio ángel
estaba distraído—. Significa mucho para Jimin.
Minseok
asintió. Sin más preámbulos, fueron hacia la antigua habitación de Seokjin,
donde la madre de Jimin hablaba con Taehyung.
—Señora
Park, queremos presentarle a alguien. Este es Park Minseok —dijo Seokjin—.
Creemos que se conocían… antes de todo esto.
La
madre de Jimin saludó al hombre, pero, después de observarlo unos segundos, no
pareció reconocerlo. Minseok frunció el ceño.
—Siento
muchísimo lo que está pasando. No se lo merece, ni usted ni ninguno de estos
chicos —dijo, con la voz teñida de pena. Miró hacia el resto—. Tenía mis dudas,
pero teniendo en cuenta lo que me ha contado Jimin y viendo la situación, está
claro. Creo que es hora de que os cuente la verdad.
Taehyung
le ofreció la silla donde estaba sentado, y el hombre se sentó. Parecía
exhausto. Todos los híbridos se repartieron por la habitación para escuchar con
atención.
—Creo
que lo primero es aclarar la situación. La señora Park cree que Yoongi es su
hijo —dijo, mirando al semi demonio—. Eso es porque es verdad. Yoongi es su
hijo.
Nadie
dijo nada. Por una parte se lo esperaban, pero por otra, esa clase de
confirmación externa implicaba muchas cosas, de las cuales nadie estaba
demasiado seguro.
—Pero…
—dijo Jimin, confundido. Minseok lo miró con simpatía.
—No,
Jimin, eso no significa que no sea tu madre. Lo es, aunque no lo recuerde.
Eso
pareció ser lo único que necesitaba Jimin para poder respirar una vez más.
Yoongi vio sus hombros relajarse, como si se hubiera quitado un gran peso de
encima.
—Como
bien sabréis, la organización para la que trabajaba empezó a experimentar con
híbridos. Los híbridos G —dijo, refiriéndose a Namjoon, el cual asintió—.
Tardaron un tiempo, aunque al final lo consiguieron, la prueba siendo él. Pero antes
de eso, había otros dos experimentos que tuvieron éxito… de los que nadie habló
jamás, porque eran totalmente confidenciales. Tarde o temprano empezaron a
circular rumores… pero ahora veo que era cierto —Cogió aire, preparándose para
lo que iba a decir a continuación—. Los ángeles y los demonios no pertenecen a
la clase habitual de criaturas. No son seres… naturales. Van más allá de
nuestro alcance, pero… pero ella no lo veía así. Creía que, si lo intentábamos,
conseguiríamos crear híbridos de ángel. Por supuesto, un híbrido de demonio no
estaba dentro de los planes, porque sabía que toda la organización se le
echaría encima… pero eso no la detuvo. Empezó a experimentar con niños, aunque
no tuvo suerte alguna. Se dio cuenta de que sus cuerpos estaban demasiado
desarrollados, su ADN demasiado fijo como para poder aceptar los genes de seres
tan poderosos como ángeles o demonios… finalmente, hizo lo impensable: empezó a
experimentar con embriones, con humanos antes de nacer.
Un
escalofrío los recorrió a todos. Experimentar con pacientes terminales es una
cosa. De una manera u otra, acabarían muriendo. Era una manera de intentar
salvarlos. Pero con niños antes de nacer… eso era una atrocidad.
—Supongo
que no hace falta decir que falló una vez tras otra… hasta que, al final, tuvo
éxito. Aunque no como nadie se lo imaginaba.
—¿A
qué se refiere? —preguntó Namjoon.
—Todos
esperaban un híbrido de ángel. Un ser puro, poderoso y capaz de hacer el bien.
Sin embargo, la jefa los había engañado. La señora Park, que era parte de la
organización, aunque ahora no lo recuerde, había sido obligada a ofrecer su
hijo no nato para ese experimento. Después de mucha espera, el día del parto…
se dieron cuenta de que no era un híbrido de ángel lo que habían conseguido,
sino uno de demonio. Yoongi.
Todos
miraron al susodicho, que escuchaba la historia sin moverse ni un milímetro. Su
rostro era un misterio: ¿dolor, enfado, confusión? Un sinfín de emociones
ocultas tras indiferencia. Jimin le puso una mano en el brazo, haciéndole saber
que no estaba solo.
—La
jefa convenció a todo el mundo de que había sido un error, y se hizo con la
custodia del niño. Sin embargo, los rumores iban creciendo: no había sido
ningún error. Pretendía criar al híbrido y entrenarlo.
—¿Con
qué fin? —preguntó Taehyung, de brazos cruzados.
—Nadie
lo sabía, aunque se sospechaba que era una manera de sublevar al resto de
criaturas bajo su mandato y hacerse con el poder. Al fin y al cabo, un híbrido
es mucho más poderoso. Es por eso que un segundo grupo, en secreto, decidió
seguir trabajando para poder evitar el desastre. Dos años más tarde, nacería el
producto de los experimentos que buscaban contrarrestar las locuras de la jefa:
Jimin, el primer híbrido de ángel.
Jimin
abrió mucho los ojos, sorprendido.
—Espera
un momento —dijo Hoseok, con el ceño fruncido—. Estás diciendo que,
técnicamente, ¿Jimin fue creado para enfrentarse a… Yoongi?
El
hombre asintió.
—Fue
la misma señora Park, aquí presente, la que lideró esa segunda fase de
experimentación, a espaldas de la jefa. Ofreció su segundo hijo a la causa, y
por suerte, gracias a los experimentos pasados, tuvieron éxito. Sin embargo,
ella se enteró… por eso, Jimin y su madre tuvieron que huir, y han estado a la
fuga hasta ahora.
Silencio.
Nadie dijo nada durante un rato. Era mucha, muchísima información que digerir.
La señora Park se cubría la boca con la mano, impactada.
Namjoon
fue el primero en romper el silencio.
—Pero
tú lo has dicho, si hubiera querido crear un híbrido de demonio desde el principio,
el resto de la organización no se lo hubiera permitido. ¿Por qué nadie más hizo
nada?
—Porque
nunca nadie pudo probar nada. Y aquellos que se unieron a la causa fueron
ejecutados. En secreto, por supuesto. Nadie ha sabido nada durante muchos años…
hasta ahora. Fue por eso que abandoné la organización, y por lo que ahora
también hay un precio en mi cabeza. Por eso he mantenido nuestros encuentros
tan ocultos, chicos, no porque no quisiera ayudaros. Pero la cosa ha llegado un
punto en que ser cuidadosos solo nos entorpecerá más.
Minseok
pareció ver el estado de la madre de Jimin —y Yoongi—, y puso la mano sobre la
de la mujer que tenía sobre las sábanas.
—La
organización no se saldrá con la suya, téngalo claro. Usted y sus hijos estarán
a salvo.
Las palabras
del hombre retumbaron una y otra vez en la mente de Yoongi. Repasaba la
historia mil veces y aun así seguía sin asimilarlo del todo.
Curiosamente,
había una cosa que lo había dejado descolocado del todo, y no podía sacarse esa
idea de la cabeza.
Jimin
y él eran hermanos.

Ay deoj.... estoy impactadeishon
ResponderEliminarEl Jimeno y Dulcineo de hermanos... y ahora que hago con mis feels Yoomin? Porque nunca habia sopesado las probabilidades de que esto llegase a suseder... Al chile, le entrare al Incesto ya que (????)
Ay.. esque no lo puedo creeeer .... me he quedado sin mas palabras que decir. Solo...que ya quiero la actualización.
Bsnmsldldldl ♡ ♡ ♡ ♡
Que tengas un bonito DíaTardeNocheMadrugada
Ok.. Estoy en shock.. Que acabo de leer? Como que hermanos!? Tienen que estar bromeando!! O sea, me gusta el incesto pero... No puedo creer eso!! Y se supone que esos embriones (JM y YG) son del mismo padre? Estoy completamente confundida....
ResponderEliminarHermanos...hermanos...HERMANOS!! D:
ResponderEliminarEstoy impactada, nunca se me pasó por la cabeza que podrían ser hermanos.... Dios cada día se pone más buena está historia.
Esperaré la próxima actualización~
Whaaaat
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