Jimin llevaba casi
media hora en la compañía de Park Minseok, el extraño hombre que habían
rescatado de una panda de demonios, con la intención de descubrir qué había
tras todos los ataques y experimentos. Era curioso como Jimin, como más crecía,
menos se conocía a sí mismo. Hacía unos meses, no se había ni siquiera
planteado su propio nacimiento. A esas alturas, no se sentía humano. Ni
siquiera medio humano.
Esa zona del río Han estaba
especialmente desértica, y lo único que rompía el silencio de la noche era el
ruido de insectos y las palabras de Minseok. Por el momento, el hombre no había
explicado nada que Jimin no supiera. El proyecto Hybrida. Fórmulas para salvar
a los niños híbridos. Experimentos más allá, los híbridos G, como Namjoon los
había llamado. Al ver la similitud en ambas historias, Jimin no podía evitar
confiar más y más en el hombre, aunque a su vez se ponía más nervioso porque
esperaba una pieza de información clave que no tuviera.
Y la consiguió.
—El proyecto era brillante
—decía Minseok, con una mirada sombría sobre el río. Jimin lo miraba de reojo
de vez en cuando—. Era una manera de salvar miles de vidas, de empezar a
coexistir con las criaturas de verdad, un vínculo con ellas… como médico, era
un sueño hecho realidad —Suspiro—. Me pensaba que era para un futuro mejor.
Pero entonces, hizo a Yoongi.
Jimin no preguntó a quién se
refería. Minseok había estado hablando de la supuesta jefa de la organización
continuamente refiriéndose a ella en una tercera persona inespecífica. Sin embargo,
eso no fue lo que le hizo fruncir el ceño.
¿Por qué había hablado de
Yoongi de esa manera tan… catastrófica?
—…pero eso no es malo —dijo
Jimin, un poco a la defensiva.
Yoongi podía ser muchas cosas,
la mayoría de ellas poco agradables, pero eso no significaba que su existencia
fuera un error. Ni en un millón de años Jimin —ni ninguno de sus amigos— podría
llegar a pensar eso.
Minseok pareció darse cuenta
del efecto que había tenido su comentario en Jimin, e intentó rectificarse.
—No, no, por supuesto. Yo
mismo tengo que agradecer a Yoongi lo que hizo con todos esos demonios, si no
fuera por él… está claro que sigue reteniendo su parte humana —dijo, muy
convencido. Jimin asintió, dándole la razón—. Aun así, estoy bastante seguro de
que eso no es lo que ella quería.
—¿A qué te refieres?
El hombre mantuvo unos
segundos de silencio que, tarde o temprano, iban a matar a Jimin. De repente,
el ambiente se cargó de una intensión que no había notado hasta entonces.
—El híbrido de dragón fue
arriesgado, pero permitía salvar vidas… si podíamos conseguir que los niños
controlaran sus poderes. Por lo que tengo entendido, Namjoon ha hecho un buen
trabajo, aunque sigue teniendo algún que otro accidente de vez en cuando,
¿verdad?
Jimin asintió, sintiéndose mal
por su amigo. Se había enterado de lo mucho que se atormentaba a sí mismo por
culpa de sus episodios de descontrol, y que ese había sido el motivo por el que
Namjoon y Seokjin habían mantenido las distancias durante años. No debía ser
fácil.
—Pero un híbrido de demonio… y
de ángel —dijo, mirando directamente a Jimin, cosa que confirmaba sus sospechas
y hacía que el chico empezara a tener problemas al respirar—, eso es ir en
contra de la naturaleza. Está mal. Es querer jugar a ser Dios.
—Pero… —Jimin intentaba
encajar todas las piezas en su cabeza como podía—. ¿Para qué?
—¿Qué es lo que quieren todos
los supervillanos, al fin y al cabo? —dijo el hombre—. Hacerse con el poder
absoluto.
Hacía casi dos semanas que
habían encontrado a la madre de Jimin, y la mujer seguía sumida en un coma
profundo. Los chicos habían sopesado la posibilidad de ingresarla en un
hospital, por si acaso, pero decidieron que lo mejor era mantenerla en casa
bajo vigilancia. Lo último que necesitaban era que los enemigos —fueran quienes
fueran a esas alturas— consiguieran hacerse con ella una vez más.
La desesperación de Jimin había ido y venido como un huracán, y a esas
alturas el chico solo podía resignarse e intentar pasar el mayor tiempo con
ella posible. No estaba despierta, pero quería pensar que oía todo lo que le
contaba.
Ese viernes, después de clase,
Jimin había ido directamente a la habitación de Seokjin. Dejó la mochila en el
suelo y se sentó en la silla que tenía preparada junto a la cama. Su madre
seguía con los ojos cerrados y respiraba de manera calmada y regular. Parecía
estar bien, por lo que Jimin se negaba a pensar lo peor. Simplemente estaba
dormida. Tarde o temprano despertaría, estaba seguro.
—Hola, mamá. Ya he vuelto de
clase. Hoy hemos tenido matemáticas y ha sido muy aburrido, pero luego hemos
dado literatura y ha sido un poco mejor. La semana que viene tengo un examen y
creo que aprobaré con buena nota. Taehyung ha estado toda la mañana haciendo
drama porque dice que es incapaz de memorizar todas las fechas de los autores…
pero eso es mentira, Taehyung es el mejor estudiante del curso, aunque siempre
se hace el loco… —Sonrió pensando en su mejor amigo—. Seguro que os llevaréis
genial.
Esa había sido su rutina
diaria: se despertaba, saludaba y se despedía de su madre, iba a clase, volvía
de la escuela e inmediatamente le contaba a su madre qué tal le había ido el
día, con todo tipo de detalles absurdos de por medio.
Yoongi llevaba una semana
observando ese proceso en silencio. Jimin estaba siempre tan centrado en su
madre que no se percataba de la presencia que lo miraba desde el pasillo, con
los brazos cruzados y expresión neutra.
Por alguna razón, cada vez que
Jimin llegaba un poco desanimado y se desfogaba con la presencia de su madre,
Yoongi no podía evitar sentirse incómodo y, hasta cierto punto, enfadado. Por
otra parte, cuando Jimin tenía un buen día y se lo contaba a la mujer con una
sonrisa, Yoongi se encontraba a sí mismo sonriendo sin querer.
Yoongi nunca había sido así.
Park Jimin estaba ocupando un lugar demasiado grande en su mente y lo asustaba.
Namjoon llevaba días
investigando sobre Park Minseok. Sabía que Jimin había ido a hablar con él,
pero el chico no les había contado al respecto, y eso podía significar dos
cosas: o Jimin no había conseguido información sustancial, o había descubierto
algo que no podía o quería compartir. La segunda opción parecía absurda, porque
no era nada propio de Jimin, pero Namjoon sabía lo conmocionado que estaba el
chico por todo lo pasado esas últimas semanas y, sobre todo, por la situación
de su madre. Aunque por una parte quería confiar ciegamente en él, seguía teniendo
responsabilidades como líder. Para evitar una confrontación directa con Jimin,
tenía que encontrar sus propias respuestas.
El proceso, hasta el momento,
no había sido especialmente fructífero. Lo único que había conseguido descubrir
era que Park Minseok era un médico graduado con matrícula en la Universidad
Nacional de Seúl. Después de eso, el hombre desapareció del radar. Si realmente
había empezado a trabajar en la organización de su jefa, tenía sentido. No era
una rama de la ciencia que estuviera al alcance y a la vista de todo el mundo,
más bien al contrario.
También lo había estado
observando en su vivienda, pero no había presenciado nada diferente a la semana
anterior: el hombre apenas salía de su casa, excepto para ir a hacer la compra
semanal. Tal vez sí que se había arrepentido de todos los proyectos en los que
había participado y ahora intentaba llevar una vida normal, pero a Namjoon se
le hacía difícil de creer. El hecho de que apenas abandonara el apartamento
podía ser señal de que aún estaba lidiando con el shock de haber huido de la
organización, pero… todo aquello era demasiado extraño.
Seokjin, por su parte, hacía
todo lo que estaba en sus manos para ayudar al resto. Es decir, vigilaba que
nadie —Namjoon— trabajara más de la cuenta y se encargaba de alimentarlos con
cantidades dignas del ejército. Por el momento, eso era lo único que podía
hacer. Las visitas a su padre ya habían llegado a un callejón sin salida y, a
esas alturas, tenía que asegurarse que al menos era el único que mantenía la
cordura. Namjoon estaba impaciente, Yoongi parecía más crispado de lo usual,
Taehyung y Jungkook estaban especialmente callados y reservados, y Jimin,
aunque lo disimulara, seguía destrozado por todo en general. El único que
parecía seguir siendo él mismo era Hoseok, cosa que el mayor agradecía con
creces. Si alguien como Hoseok sucumbía a la locura de toda la situación,
estaban perdidos.
El medio hada solo podía
cuidarlos lo mejor que pudiera y rezar para que la situación mejorara con todas
sus fuerzas.
El ambiente del apartamento
era tenso en general, pero Hoseok se iba a empezar a dar contra el canto de una
mesa si Taehyung y Jungkook pasaban un día más sin mirarse. No era la primera
vez que pasaba y tenía una idea muy clara de lo que había pasado, y sabía que
necesitaban tiempo, pero eso no significaba que la situación lo pusiera
histérico. ¿Por qué los adolescentes eran tan difíciles?
Estuvo a dos minutos de
cometer homicidio —o suicidio, lo que viniera antes— cuando, en una visita a su
antigua habitación para coger una camiseta, se encontró a Jungkook sobre la
cama de Jimin, sentado y mirando a la nada.
Hoseok se lo quedó mirando.
—¿Kookie? ¿Qué haces aquí?
—preguntó el medio tritón.
—Le he pedido permiso a Jimin
para usar su cama —explicó él después de unos segundos de silencio en que,
claramente, intentaba elaborar una excusa suficientemente creíble.
—¿Para qué?
—Para echarme una siesta.
Silencio. Hoseok miraba a
Jungkook como si le hubiera hablado en hebreo.
—Hasta donde yo sé, tú también
tienes una cama bastante cómoda en la que poder echarte una siesta.
—Ya…
—Pero imagino que aquí seguro
que no te encontrarás a Taehyung, ¿verdad?
Jungkook giró el cuello tan
rápido para mirarlo que tuvo miedo de haberle provocado un latigazo en las cervicales.
—Pero…
—Jungkook, en serio. Lleváis,
qué, ¿dos semanas sin hablaros? No sé qué es lo que os ha pasado, pero
últimamente os estáis tomando esto como un hobby y empieza a ser un poco
incómodo para el resto.
Jungkook agachó la cabeza como
un perro lastimero. Hoseok suspiró y fue en busca de su camiseta.
—Mira, yo no soy quién para
deciros nada, pero no creo que os valga la pena estar torturándoos de esta
manera.
—Hoseok…
El medio tritón se giró y vio
que Jungkook daba un par de golpecitos en el hueco a su lado de la cama,
pidiéndole que se sentara. Hoseok sonrió y, olvidándose de la camiseta, fue al
lado del licántropo.
—Cuéntale a tito Hoseok.
Jungkook rio, aunque no era
una risa demasiado animada. Hoseok esperó a que el chico se animara a hablar.
No era la primera vez que el pequeño le confesaba sus pensamientos, por lo que
Hoseok sabía cómo proceder.
—Desde hace tiempo… bueno. Ya
sabes. Lo hablamos, creo. Empecé a ver a Tae de manera… diferente —Hoseok
asintió—. Estuve mucho tiempo confundido. Además, Taehyung es tan… él. Nunca se
piensa dos veces el acercarse demasiado, o decir cualquier tontería que me va a
poner nervioso, o… Dios, esto está siendo patético.
—No es patético, es humano,
cosa que todos seguimos siendo hasta cierto punto. Prosigue —Jungkook asintió,
antes de coger aire y seguir.
—Hace unas semanas… ¿nos hemos
vuelto más cercanos? Empezábamos a decir y hacer cosas que no eran tan
normales… quiero decir, hace un año lo hubieran sido, pero ahora se sienten muy
diferentes, y… la semana pasada… nos…
Jungkook susurró la última
palabra. Hoseok no escuchó nada.
—¿Qué? ¿Que os qué?
—…besamos.
Hoseok abrió mucho los ojos y
la boca. Jungkook, por unos segundos creyó que el chico estaría horrorizado y
que se iría, juzgándolos, pero lo que hizo Hoseok fue ponerse de pie sobre la
cama y empezar a celebrar.
—¡SÍ, POR FIN! ¡JODER, OS HA
COSTADO!
Jungkook lo miró, incrédulo.
—¿Qué?
—Jungkook, por el amor de
Dios, cualquiera con dos ojos y dos dedos de frente sabría que os moríais el
uno por el otro desde hace tiempo. A veces bastante literalmente, de hecho. Lo
de moriros el uno por el otro, digo. Bueno, da igual. ¿Y cuál es el problema?
Jungkook decidió ignorar las
palabras de Hoseok y se centró en responder la pregunta. O eso, o implosionaba
de la vergüenza. Ya se notaba la cara arder más de lo normal.
—Pues que… que desde entonces,
Taehyung no me habla. Me ha estado evitando.
—Tú también lo has estado
evitando —puntualizó Hoseok, señalando la habitación en la que estaban.
—Pero solo ha sido porque él
me empezó a evitar primero.
Hoseok rodó los ojos.
—En serio, sois de lo que no
hay. ¿Y qué vas a hacer, esperar a que a Tae se le pase la tontería?
—Esa era mi intención al
principio, pero me estoy cansando, la verdad.
Hoseok asintió. Esa línea de
pensamientos le gustaba más.
—¿Y qué harás?
Jungkook miró al frente,
decidido.
—Parar esto de golpe.

Team Tito Hoseok!!!
ResponderEliminarrealmente no soy muy fan del vkook pero aquí son una pareja demasiado tierna, me gusta <3
ResponderEliminarEsperare el próximo capitulo~
Nunca han pensado en subir su historia a Wattpad?
ResponderEliminarJkwellenrldlj ♡ ♡ ♡ ♡
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